El triple inicial de Mickeal disparó la adrenalina y los aplausos entre los numerosos aficionados que acudieron ayer por la tarde a la sede del Baskonia en El Boulevard. Pero, en poco tiempo, la cosa cambió. Varios contraataques del Unicaja hicieron brotar entre la hinchada palabras tan malsonantes como malolientes. Tras el primer cuarto de partido, Ander lo veía «complicado, porque ha habido muchas pérdidas tontas». A su lado, Jon Fernández de Quincoces valoraba que «ellos tienen una defensa muy sólida y estamos jugando con muchos nervios, con ansiedad. Pero vamos a ganar», apostillaba junto a su colega.
La misma opinión tenían Diana e Iván. Claro que la sensación de precipitación en el inicio del enfrentamiento era también algo compartido por la mayoría de los presentes. Como en el caso de Patricia y Andrea -que llevaban los rostros pintados con 'Vidal 9' y 'Splitter 21', respectivamente- o como otros tantos seguidores del TAU, con las expresiones tan cambiantes entre la alegría y la preocupación como las máscaras que simbolizan el teatro.
Con la mitad del tiempo transcurrido, Daniel y Ángel consideraban que «están bastante igualados, y hasta el final no se va a decidir». De hecho, apostaban -con una visión ciertamente profética- por un último tramo al rojo vivo.
Julián, que asistía al partido con su bufanda azulgrana junto a su hija Ane, echaba de menos algo más de ambiente. «Jugar finales está muy bien, y a lo mejor nos hemos acostumbrado», razonaba, sin tener en cuenta el peso de las fiestas de Don Carnal sobre el ánimo de muchos, que trasegaban con avidez bebidas con cafeína. Pero él tenía claro que no sólo se trataba del público: «Me parece mal que el Ayuntamiento no haya montado algo especial», valoraba poco antes de que arrancase el tercer cuarto.
Las cosas no estaban muy claras. Y, como es lógico, la tensión iba en aumento según transcurrían los minutos. La proporción de 'a menos tiempo, más intensidad de emociones' se cumplía a la perfección. Era casi matemática. como cuando en el tercer bloque del partido los aficionados reunidos en el céntrico pub Down Street coreaban el nombre de 'Rako' tras el triple que situaba en 55 el marcador alavés.
Pero es que las contrariedades también pesaban lo suyo. Y enseguida se ejemplificó esta situación, con el tiro de triple de Vidal fuera de tiempo, que dejó el tanteo azulgrana en 60 y al personal, de pleno subidón a deshinchado e inquieto.
Segundos al límite
No obstante, los ánimos de la afición estaban bien altos. «Tenemos esperanzas de que ganen la Copa e ir a recibirlos mañana», aseguraba Raquel. Y su amiga Amaia se confesaba cada vez más inmersa en un partido en el que, a su modo de ver, el TAU estaba «jugando por debajo de su nivel».
En el caso de Leire, con el Baskonia a seis puntos del Unicaja, la visión era que «va a ganar. Están jugando muy bien». «Pierda o gane, lo están dando todo», subrayaba Alba. Y, casi como respuesta a este comentario, con sólo poco más de tres minutos de juego, Splitter machaca el tiro de Mickeal, para ayudar al balón a decidirse a pasar por el aro. El regocijo y el griterío se disparan. Pero todo está muy justo, tanto como para que la gente pase de la tensión muda a la risa nerviosa.
Y, con 87 en ambos lados, arranca la prórroga. Entre tiros libres, Raquel mantiene las palmas juntas ante la boca, como si rezara para que su próximo movimiento fuera un aplauso. Tensos minutos. Segundos de infarto. De pronto, la centena sube al marcador vitoriano. En breve, una tromba de emoción estalla. Todos están a cien. Como el campeón. «He visto un equipo muy bueno, el Unicaja, pero es que el TAU se sale», resumía Juan José.