La ausencia de la izquierda abertzale afín a Batasuna en las elecciones del 1 de marzo creará una situación inédita en el escenario político vasco. Será la primera vez desde 1980 -cuando se celebraron los primeros comicios autonómicos- en que no tenga representación en el Parlamento de Vitoria. La consecuencia más directa de este vacío es que el resto de formaciones pueden coger más trozos de la tarta; o lo que es lo mismo, hay más escaños en juego. Y en este nuevo reparto, los más beneficiados pueden ser el PNV y el PSE.
La primera incógnita a desvelar es qué postura adoptará la izquierda abertzale si el Tribunal Constitucional confirma el fallo del Supremo. En las forales y municipales de 2007 promovió el voto nulo con un importante éxito al alcanzar el 8,3%, cifra a la que habría que añadir el 7,4% que sumaron las candidaturas de Acción Nacionalista Vasca que superaron la criba legal.
Sin embargo, su estrategia varió el año pasado. En plena ofensiva de ETA -el último día de campaña asesinó a Isaías Carrasco-, la organización terrorista temió que el malestar que había generado la vuelta a las armas en buena parte de la izquierda abertzale provocase una desbandada y no se cumpliesen sus directrices. Ante este hipotético escenario, pidió que no se fuese a las urnas, una alternativa con menos riesgos ya que le permitía atribuirse toda la abstención en su conjunto.
Aunque todavía no ha confirmado cuál será la opción que tomará el 1 de marzo, todo hace indicar que mantendrá la línea marcada en las generales de 2008. Electoralmente, esta decisión podría beneficiar a las formaciones minoritarias, como EA, EB, Aralar e incluso UPD. Para conseguir representación por un territorio hay que superar el 3% de los votos válidos. Si la participación es baja, disminuye el número de papeletas necesarias para llegar a ese porcentaje. Pero, al final, la ley D'Hont siempre beneficia a las formaciones mayoritarias, PNV y PSE, a las que la normativa electoral otorga los llamados 'restos', aquellos votos que quedan sin asignar. Otra cuestión es cuántos escaños están en el aire.
EHAK ha contado durante esta pasada legislatura con nueve asientos, cinco por Guipúzcoa y dos por Álava y Vizcaya. Sin embargo, las encuestas realizadas por diferentes partidos e instituciones en las que se incluía a la izquierda abertzale reflejaban un descenso significativo con una horquilla que se movía entre los 5 y 7 escaños. Según los análisis realizados por los diferentes partidos, lo más probable es que jeltzales y socialistas se los repartan de manera casi paritaria. La división definitiva dependerá, en gran medida, de cuáles sean las fuerzas más respaldadas en cada uno de los territorios, ya que ser el partido más votado incrementa de manera exponencial el efecto de la ley D'Hont.
Investidura
Pero el beneficio inicial para el PNV se puede acabar convirtiendo en lastre, sobre todo, en la sesión de investidura. Ibarretxe fue elegido lehendakari en 1998 y 2005 con el apoyo de la izquierda abertzale. Además, el lehendakari ha logrado sacar adelante algunas de sus propuestas más polémicas, como el proyecto de nuevo Estatuto o la ley de Consulta, gracias al respaldo de los radicales. La falta de un sustituto de EHAK le obliga, prácticamente, a lograr mayoría absoluta si quiere reeditar su cargo.
Lo que el resto de formaciones descarta casi por completo es que haya un trasvase de votos de la izquierda abertzale hacia otros grupos nacionalistas. La campaña de presión lanzada por ETA contra el PNV durante los últimos meses hace muy difícil que el votante tradicional de Batasuna apoye a un partido al que la banda ha tildado de 'colaboracionista'. En todo caso, algunos observadores consideran que cierta parte del electorado abertzale sigue viendo «aberrante» que haya un lehendakari «españolista» en Ajuria Enea. Según estos análisis, para este sector de la militancia radical, Ibarretxe es un «imán» que puede atraerlos hacia el PNV. «No será un apoyo significativo, pero puede existir», afirman. Algo similar podría ocurrir con EA, la formación que durante la campaña más está subrayando su perfil soberanista. Más complicado está para Aralar, escisión de Batasuna considera un grupo «traidor».
Pero hay otro factor a tener en cuenta. La llamada a la abstención permite a ETA ejercer una enorme presión en los pueblos más pequeños y condicionar el voto.