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Política

POLÍTICA

10.02.09 -

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U n año. El 7 de marzo está a punto de cumplirse un año del asesinato de Isaías Carrasco, mi padre. Es sólo ahora cuando empezamos a asimilar todo el horror de lo ocurrido. Es ahora, cuando somos conscientes de que la pérdida de un padre es un vacío que nunca puede asimilarse y que nunca vamos a aceptar, ninguno de mis hermanos, Hadei, Ainara, ni mi madre, Marian, porque con su asesinato no sólo arrancaron a mi familia un pedazo de corazón. Nosotros, desde ese terrible 7 de marzo, sabemos lo que es sentir el dolor perpetuo.
Hubo un tiempo en que ETA creyó que con la muerte y la desaparición de hombres valientes como Isaías morían sus ideas. Pero hoy ETA sabe que si mata atemoriza; pero las ideas, las convicciones y la esperanza permanecen en las calles de Euskadi. Es cierto que con cada atentado los terroristas asestan un golpe cruel contra una familia que marca sus vidas para siempre y del que difícilmente podrán recuperarse algún día; pero con cada atentado, ETA también lanza al aire largos brazos que nos unen formando con todas las víctimas una sola familia.
Hubo un tiempo en que los familiares de las víctimas fueron los únicos que con su rebeldía silenciosa y firme se mostraron capaces de levantar el estandarte que ha servido durante años para denunciar una y otra vez a los asesinos de ETA. Porque hubo un tiempo que mientras el terror de las pistolas y las bombas imponía como nunca su lengua de fuego y muerte, hubo voces valientes, la de los familiares de las víctimas, que maldijeron el silencio y los ecos de la complicidad de una sociedad que prefería mirar a otro lado o que justificaba la violencia con el 'algo habrá hecho'.
Yo soy optimista. Creo que el terrorismo puede ser vencido. El 7 de marzo asesinaron a mi padre. Destrozaron la vida de mi familia y la mía, pero no dañaron mis convicciones socialistas y, por lo tanto, hoy estoy aún más convencida de que la victoria de los demócratas es posible. Y ese día, antes de lo que creemos, en Euskadi el dolor del otro se sentirá como propio y la fuerza de la unión de todos los vascos ahuyentará el helado respiro de la muerte. Ese día, ETA estará acabada y a partir de ese día, el futuro dependerá de nosotros.
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