Es, de largo, el equipo con más glamour de la Euroliga. No en vano, los diseños de sus uniformes oficiales nacieron de la mente privilegiada de Giorgio Armani, su propietario en la sombra. Su juguete se llama Armani Jeans Milán, próximo adversario baskonista y actual líder del Grupo E de la Euroliga. Bajo el terciopelo de su chándal se esconde un bloque rocoso, amigo de las posesiones largas y que no duda en agregar el manual de lucha a su libro de sistemas. Con esa pócima, la tercera pata del baloncesto italiano suspira con colarse en los cruces de la Euroliga.
Por Vitoria, ese objetivo suena a rutinario. En Milán, en cambio, ha hecho girar la cabeza a una hinchada abonada al desengaño. De no mediar Giorgio Armani, este histórico del 'pallacanestro' hoy sería un recuerdo del pasado.
Armani, dueño de un imperio relacionado con la moda, la cosmética y los hoteles, lo adquirió el pasado verano, cuando el Olimpia Milano -nombre oficial de la entidad- agonizaba en la bancarrota. El diseñador, aparte de dar puntadas, presentar colecciones o supervisar la creación de fragancias, se enganchó al deporte de la canasta gracias a las gestas de nombres míticos como Bill Bradley -quien años más tarde aspiraría a la presidencia de los Estados Unidos-, D'Antoni -actual entrenador de los Knicks-, McAdoo, Meneghin o Peterson. Ellos hicieron grande al Olimpia. Desde los años ochenta, el modista siempre encontró un hueco para dejarse caer por el pabellón. Eran tiempos felices. Los títulos caían cada dos por tres. 'Scudettos', Copas, Euroligas, la Korac... Hasta la Intercontinental.
En cambio, desde 1996, año de su último 'scudetto', el club cayó en un peligroso declive, que desembocó en un anuncio de desahucio el último verano. Angustiado, Armani sacó la cartera, extendió un cheque y automáticamente subió a la categoría de salvador entre los 'tiffosi' del Olimpia. El gesto tampoco le salió tan caro ya que Forbes estima su fortuna personal en 3.200 millones de euros.
«Anima como uno más»
«Se siente milanista y ama este deporte. Siempre que puede asiste a los partidos y anima como uno más», explica Matteo Mantica, relaciones externas del Armani Jeans Milán. «De no ser por él...».
Eso sí, a diferencia de otros magnates, Armani, nacido en Piacenza hace 74 años, asumió que su mecenazgo no debía pasar de ahí. No figura en el organigrama oficial. Sólo una orden: «No quiero sueldos estratosféricos ni exceso de protagonismo de nadie».
Para cumplirlo, contrató a uno de los directivos con más caché del baloncesto transalpino, Livio Proli. Éste, a su vez, reclutó a Lucio Zanca, posiblemente el director deportivo con mejor ojo clínico de aquel país. Su último milagro fue meter en los 'play off' al modestísimo Montegranaro. Ambos revolucionaron la plantilla. Ficharon nueve jugadores. Once si se agregan los recién llegados Price y Taylor.
A los mandos del invento, Piero Bucchi, un veterano con el cuerpo zurcido a cicatrices. Aplica un método plomizo para el espectador aunque efectivo a más no poder. Posesiones eternas, ritmo lento, defensa de tentetieso y un rígido sistema ofensivo del que sólo se libran Hollis Price y David Hawkins. Mantica lo aprueba sin pestañear. «Miramos al futuro con optimismo. Pronto seremos grandes de nuevo».