Javier Mandiola esperaba un desenlace así. Debía saber que estaba sentenciado, también conocía que días atrás la directiva había contactado con su sustituto, Javi López, pero para completar el círculo del adiós le faltaba la fecha. «Era la crónica de una muerte anunciada. Nacimos mal. Lo bueno es que ha sido un transcurrir corto». Seis partidos. Y un bagaje ciertamente muy pobre: cuatro puntos de veinticuatro posibles.
Mandiola dejó de ser entrenador del Alavés por la mañana, de manera formal. Se fue como vino: directo, campechano, dicharachero, parlanchín, irónico... Pero también tiró con bala. Se quejó de que no ha tenido tiempo para imponer su sello y regateó la autocrítica. «No estamos en ninguna foto, no me recordarán ni para lo bueno ni para lo malo», relató de salida. Fueron éstas algunas de las varias frases que destiló en su jocosa despedida, como es él.
«La confianza la dan los resultados. Por un motivo u otro no he tenido ni tiempo ni resultados. Nací condenado. Para qué darle más vueltas», lamentó el eibarrés. «He hecho lo que he podido. No nos ha acompañado casi nadie en el camino», insistió en su queja.
«La responsabilidad es de todos», prosiguió. Pero «el presidente no se va y a los jugadores no se les puede despedir. Hay que echar al entrenador. Gracias a esto cada club nos mantiene a tres o cuatro por temporada. Desde este punto de vista no me voy a a quejar. Es la ley del fútbol», asumió Manix con una entereza sin arrugas. De Fernando Ortiz de Zárate añadió que «no hay nada que reprocharle. Ni siquiera tengo su teléfono».
Después de desear lo mejor al Alavés, de confiar en que la paz vuelva a la casa albiazul y a su entorno y de advertir que «de esto no puedo escribir un libro, como mucho un panfleto», Mandiola desveló que se enteró de su destitución «por la prensa», cuando volvía con el equipo desde Córdoba. «Javi (Pérez) estaba con Garitano en el hospital, no me lo quería decir por teléfono, y cuando me lo comunicó personalmente, yo ya estaba informado. Bueno, yo y todo el país», ironizó de nuevo. Aunque no le dio mayor importancia. «Cuando se trata de dar una mala noticia, las formas son lo de menos. Es mala y punto».
Seis semanas antes, en su presentación, había alabado del Alavés que «era el equipo con más calidad» de los entrenados por él. Claro. Ayer lo explicó. «En Segunda, el único era el Eibar, recién ascendido. Tener calidad no es sinónimo de buen equipo», expuso en su salida. El Alavés lo «tenía todo para alguien como yo», aseguró el eibarrés, por lo que le apena «no haber aprovechado esta gran oportunidad».
El presidente
Salió de 'Mendi' poco antes de que llegara Fernando Ortiz de Zárate. Luego ni se cruzaron. El mandatario, acosado por la falta de resultados, por su inversión en la compra de acciones y por el riesgo que corre la entidad si baja a Segunda B, justificó el despido por la ausencia de puntos. «No podemos permitir que se nos caiga esto, un club de 88 años». La salida de Mandiola es producto «de la ley del fútbol». «Pensábamos que nos iba a funcionar mejor. Teníamos que hacer el cambio», sentenció Zárate. «El partido de Córdoba era determinante» y se perdió.
Despidió al técnico sólo unos días después de trasladar toda su fe. «¿La confianza? La dan los resultados. La confianza es el domingo contra el Rayo, la misma que puede tener conmigo la gente si no saco esto adelante». La que dice depositar también en Javi Pérez. «Debe hacer buenos fichajes, ver fútbol». Sigue, pese a los embates.
Javi López, el nuevo, es una apuesta personal del presidente. «Sí se puede decir que es un fichaje mío, entre comillas, consensuado con Javi Pérez. Nos puede dar cosas diferentes a Manix, un poco de sicología y aire fresco», confió.
En otro orden de cosas, anoche fue operado Garitano en Córdoba de su fractura en el pómulo izquierdo. Estará de baja un mes. El defensa Casar, cinco días.