Impresionantes dorados, colores y filigranas recorren la madera de nogal, tallada en el segundo cuarto del siglo XVI para representar a María Magdalena, María Dolorosa y San Juan Evangelista. «Técnicamente son muy buenas», aseguró la jefa del Servicio de Restauraciones de la Diputación alavesa, Cristina Aransay. Las piezas, que han sido recuperadas por un equipo multidisciplinar, presentaban problemas como pintura levantada, efectos de insectos xilófagos, barnices sucios e incluso algunas fracturas. Además, «tienen policromías de azurita, que se degrada muy rápido», precisó la restauradora, que subrayó la labor del equipo de profesionales de la firma Croma para devolver su antigua gloria al conjunto, que se exhibirá durante varios meses en el Museo de Arte Sacro de la capital alavesa.
Después, las tres imágenes regresarán a Artziniega, para acompañar al Cristo (restaurado in situ en 2007 y sin posibilidad de traslado, al estar fuertemente fijado al retablo barroco de la capilla) y completar el calvario. «Es una joya de nuestro patrimonio, que merecía su puesta en valor», destacó la titular foral de Cultura, Lorena López de Lacalle, al hacer públicos unos trabajos que han supuesto una inversión de 51.580 euros.
La diputada recordó que el calvario «fue dado a conocer por el profesor José María Azcárate Ristori en la monografía dedicada al Santuario de la Virgen de la Encina». Tras este estudio, incluido en el sexto volumen del Catálogo Monumental de la Diócesis de Vitoria, dirigido por Micaela Portilla y publicado en 1988, fue citado en una minuciosa monografía de José Iturrate.
Ahora, el historiador Fernando Bartolomé ha sido el encargado de aportar sus conocimientos a la restauración. El especialista de la UPV detalló que «todos los estudios son importantes para la descripción y el conocimiento de la obra».
Divulgación
En este caso, relató que las figuras de la capilla del Cristo -«cuyo aspecto físico presenta una impronta nórdica»- correspondían a la familia Oribe-Salazar y fueron realizadas por el taller de la familia Beaugrant -probablemente, por Juan- en el segundo cuarto del siglo XVI, a excepción de la escultura de Jesús, que corresponde a los primeros años de la centuria. Todo el proceso y los detalles de las piezas se han recogido en un libro, que incluye un glosario para facilitar su divulgación.
Por su parte, el obispo de la Diócesis de Vitoria, Miguel Asurmendi, enmarcó el calvario en su contexto de la historia religiosa, y destacó la estética «renovada y humanista, pero en cristiano» del estilo artístico español de la época.