La incertidumbre y el temor a los ataques piratas sigue latente entre los tripulantes de la treintena de atuneros españoles que faenan en el Océano Índico. El contingente naval enviado por la Unión Europea el pasado mes de diciembre al Golfo de Adén, en el marco de la denominada operación 'Atalanta', no les ha hecho bajar la guardia. Sus vidas están en juego.
En la actualidad, sin embargo, los arrantzales tienen una pequeña tregua. Los pesqueros -en su mayoría vascos- se encuentran a medio camino entre el continente africano e Indonesia, lejos del acoso de los piratas, pero la ruta migratoria del atún les llevará pronto a adentrarse de nuevo en la zona del Cuerno de África, considerada como la más peligrosa del planeta. Según la Organización Marítima Internacional, los piratas somalíes atacaron durante el pasado año a más de 120 barcos y secuestraron unos 40. En esta última lista negra se encuentra el 'Playa de Bakio'.
«Estamos pescando en las cercanías de las islas Chagos, pero a partir de marzo tendremos que poner rumbo a las Seychelles y, poco a poco, subiremos por el canal de Mozambique hasta Somalia. Nos tememos otra vez lo peor», aseguró a EL CORREO el patrón de una las embarcaciones pertenecientes a la Asociación Nacional de Buques Atuneros Congeladores, Anabac.
La operación naval de la UE cuenta con el apoyo de cinco países, entre los que se encuentran España y Francia. El contingente está formado por cinco fragatas, a la que se ha sumado esta semana el buque de la Armada 'Victoria', además de un avión de patrulla marítima,bautizado con el nombre de 'Cisne'. En una segunda rotación, que se desarrollará desde mediados de abril hasta agosto, el Gobierno central tiene previsto enviar a la zona un barco de aprovisionamiento equipado con un helicóptero y un grupo de Infantería de Marina como fuerza de protección.
«La aeronave te informa sobre los buques que se encuentran en las cercanías pero no pueden peinar toda la zona y, al final, sigues con el miedo metido en el cuerpo. Cuando estuvimos frente a las costas de Somalia, la única luz que nos acompañaba por la noche en el barco, durante meses, era la de navegación y, casi siempre manteníamos el motor en marcha por si había que huir a toda máquina», asegura un patrón bermeano desde el archipiélago británico de Chagos. La psicosis de un posible secuestro «persiste» y ha derivado en la desconfianza entre los buques que transitan por la zona. «En una ocasión nos topamos con un mercante que, al vernos, comenzó a hacer maniobras para escaparse. Pensaban que éramos nosotros los piratas. Estamos todos acojonados», apuntaron desde el 'Intertuna IV'.
Mando de operaciones
Hasta mayo, los atuneros vivirán en las aguas del Índico meses de transición, dedicados mayoritariamente a la pesca de cimarrón. «La temporada fuerte del atún es de agosto a octubre, si entonces tenemos que salir de nuevo hasta las 500 millas, se acabó la campaña», recalcan. Ante ese riesgo, los gerentes de las asociaciones de atuneros congeladores españoles Opagac y Anabac, junto a sus colegas franceses de Orthongel, viajaron el pasado martes a la ciudad británica de Noorthwood para reunirse con los altos mandos que desde allí coordinan la operación 'Atalanta' contra la piratería en África.
«Les hemos dado información del tipo de actividad que desarrollamos y nuestro compromiso con la pesca responsable, además de solicitarles que planeen sus operaciones de acuerdo a los movimientos de la flota y que también colaboren con otros países africanos como Kenia, donde empiezan a darse casos de piratería», explicó el director-gerente de la Organización de Grandes Atuneros Congeladores, Opagac, Julio Morón.