-Cada vez amplían más su red de actuación.
-Es verdad. Ahora mismo abarcamos España y Portugal pero nos están empezando a demandar viajes a otros países. De ahí ha surgido la idea de visitar Napa Valley, en California, que se ha convertido en la cuna del turismo enológico mundial porque ha sido el turismo el que ha levantado la región. El enoturismo no era visto como algo positivo en España, pero ahora se puede convertir en un negocio y tanto bodegueros como empresarios quieren ir a conocerlo.
-¿Tanto se aprende viajando?
-Nadie dice que no se pueda aprender desde casa pero se aprende mejor y de una forma más entretenida con el enoturismo. La gente no sólo quiere tumbarse al sol en su tiempo de ocio sino que también que aprender las costumbres, la cultura y la forma de vida de una región. Y qué mejor forma de hacerlo que a través del vino y la gastronomía.
-¿Es cierto que España goza de una gran gastronomía?
-Es de las mejores del mundo. Tenemos estrellas Michelín concentradas de una forma singular por el entorno y hay que extranjeros que vienen por ejemplo a San Sebastián sólo a comer o cenar y después se vuelven a sus países. Pero es que hasta la cocina popular está entre las mejores del mundo.
-¿Qué gusta más?
-De La Rioja gusta mucho las chuletillas al sarmiento porque en otros sitios a la carne le tienen que echar especias para que esté buena. También gusta las patatas con chorizo y la paella. De hecho, ofertamos cursos de cocina con mucho éxito.
-¿Por qué?
-Un curso de cocina te ayuda mucho a conocer el país, su agricultura, tradiciones... Pero es una actividad que demandan incluso las empresas.
-Resulta extraño.
-En realidad no porque son actividades muy interactivas que permite a la gente hablar entre ella. Incluso tienen la ventaja de que si a alguien no le gusta coge un vino y se pone a charlar con el que cocina. De todos modos, hay que hacerlo todo divertido porque en el enoturismo no hay que olvidar la parte del turismo.
-¿Y cuánto duran?
-Sólo dos o tres horas. En el caso de los extranjeros se les enseña a hacer una tortilla de patata, una paella, un bacalo al pil pil y crema catalana. Ellos aprenden a hacerlo y cuando vuelven a Nueva York, por ejemplo, pueden ponerlo en práctica. Incluso en algunas zonas se complementa con ir a comprar el producto.