Mario Gabriel y Borja Mihai ya son hijos de Dios. De padres rumanos ortodoxos, aunque vecinos de Vitoria, los dos hermanos -de 4 meses y 5 años, respectivamente- recibieron ayer el bautismo por el rito bizantino, por el que se rigen sus padres. No hubo lloros, ni siquiera un amago de llanto, cuando el sacerdote que ofició la ceremonia, Radu Sorin Ursu, procedió a su triple inmersión en la pila bautismal.
«Bautízase al siervo de Dios Mario Gabriel, en el nombre del Padre (Amén), del Hijo (Amén) y del Espíritu Santo (Amén)». Sujetando derecho al bebé, Radu lo sumergió en tres ocasiones en el agua bendita para sacarlo después de cuerpo entero y mirando hacia el Este, como manda su religión. Acto seguido, hizo lo propio con su hermano mayor.
El oficio de la inmersión es el culmen del sacramento del bautismo según el rito ortodoxo, que poco tiene que ver con el romano. De entrada, la ceremonia celebrada ayer en la iglesia del Espíritu Santo, ubicada al final de la calle Florida, se prolongó cerca de dos horas. Y es que, antes de que los pequeños llegaran hasta el altar, Radu ofició lo que los ortodoxos llaman la recepción del niño.
Los pequeños son recibidos en la entrada de la iglesia para, acompañados de sus padres y padrinos -madrinas, Petronela, Irina y Rodica, en este caso- participar en un oficio que comprende tres oraciones y tres exorcismos. «Simboliza -explica Radu- la renuncia a Satanás y la unión con Cristo». Sólo entonces, los pequeños pueden adentrarse en el templo, donde tiene lugar el oficio del Santo Bautismo.
Ritual
Una vez llena la pila -de bronce y traída desde Grecia, que el sacerdote bendice Evangelio en mano- y después de un largo ritual de cánticos e invocaciones, Mario Gabriel y Borja Mihai se preparan para recibir la unción oleica. Los dos hermanos esperan cubiertos tan sólo por un albornoz, a que Radu unja en aceite su frente, su pecho, su espalda, sus orejas, sus manos y sus pies.
Después, el sacerdote echa mano del 'Mir', otro aceite especial, que los ortodoxos sólo reciben una vez en la vida, y que debe ser ungido sobre la frente, los ojos, la nariz, la boca, las orejas, el pecho, la espalda, las manos y los pies. Con tres vueltas alrededor del altar y el corte de sendos mechones de pelo, Radu remata la celebración de la entrada de Mario y Borja en la Iglesia Ortodoxa.