El esfuerzo de Juan Pablo II por entablar el diálogo con creyentes de otras religiones y, en especial, por estrechar lazos con otras confesiones cristianas ha calado de lleno en la diócesis de Vitoria. Tanto es así que el Obispado a abierto sus iglesias a los fieles ortodoxos y a los católicos ucranianos que, en vez del rito romano, se rigen por el bizantino.
José Ignacio Gómez de Segura es el párroco del Espíritu Santo, una iglesia ubicada al final de la calle Florida, junto al barrio de Santa Lucía. Desde hace «unos cuatro años», creyentes de la Iglesia Ortodoxa de Rumanía acuden todos los domingos y fiestas de precepto en unos amplios locales de la parroquia. Además, cuando la ocasión lo requiere -como bodas, bautizos o la celebración de la unción- utilizan la iglesia.
Gómez de Segura está más que satisfecho con esta colaboración. Considera que es una forma más de acoger al inmigrante. «Desde el punto de vista cristiano y como responsable de esta comunidad de creyentes, creo que lo menos que podemos hacer es ayudar a quien tiene otra forma de vivir la religión a que se reúna y se sienta comprendido por todos los que vivimos en el País Vasco».
La elección de la iglesia del Espíritu Santo no ha sido gratuita, sino muy estudiada. Cuando los ortodoxos rumanos solicitaron un templo, el Obispado consideró que éste era el idóneo. ¿El motivo? Su decoración. Y es que el sencillo templo está decorado con unos frescos de estilo bizantino, muy similares a los de los templos ortodoxos, obra del artista Eduma. La pintura central representa la fiesta de Pentecostés, mientras que en un laterale figura la Anunciación y en el otro la imagen de Cristo Pantocrátor que, curiosamente, es es la figura de Jesús más difundida y conocida en el mundo ortodoxo.
Desde julio de 2007, Radu Sorin Ursu vive en Vitoria. Es un rumano, profesor de Derecho en su país, natural de Brasov, una ciudad de la provincia de Transilvania. Pero Radu es también sacerdote y, después de catorce años practicando en un pueblo cercano al suyo, sus superiores le encargaron ir a la capital alavesa para atender a la comunidad rumana asentada en la ciudad y sus alrededores.
Casa cural de San Juan
Y ya está en Vitoria, con su esposa Daniela y sus dos hijos. Este año y medio no ha sido fácil para esta familia. La esposa, profesora asistente de Matemáticas en la Universidad de Transilvania, trabaja a media jornada de cocinera en un bar de Judizmendi, a la vez que se afana en aprender euskera y perfeccionar su castellano.
Radu, en paro, realiza en estos momentos un curso de informática a la espera de que le salga un trabajo, «de lo que sea». Lejos de quejarse, el matrimonio muestra su agradecimiento por la acogida recibida. «El obispo Asurmendi, los vicarios... todo el mundo se ha portado muy bien con nosotros. Vivimos en la casa parroquial de San Juán, el cura de Santa Cruz del Fierro... Sólo tenemos agradecimiento», dicen.
Cada domingo, a las diez de la mañana, Radu se pone la casulla y coloca la iconografía ortodoxa en el local de la calle Florida para oficiar la celebración religiosa de los ortodoxos rumanos. Adornan el espacio con iconografía propia. «Todo son donaciones: la pila bautismal, el Evangelio, el cáliz, el incensario... Al principio, éramos unos diez, ahora vienen medio centenar y en fiestas importantes hasta un centenar», detalla este cura, que también atiende a fieles de Bulgaria o Georgia.
Los ortodoxos rusos también tienen su sitio en los templos vitorianos y, en concreto, en una de las parroquias más importantes de la capital alavesa: Nuestra Señora de los Desamparados. Pero los creyentes rusos apenas suman una veintena de personas, por lo que no disponen de un pope en exclusiva. De momento, se tienen que confirmar con la visita que Andrei Kordohkin les hace «más o menos cada dos meses». Viene de Madrid, donde ejerce de párroco y cuando puede viaja más de trescientos kilómetros para atender las «necesidades espirituales» de los fieles vascos. Y es que cada vez que viene oficia también para ciudadanos rusos que viven en Bilbao e, incluso, en Irún.
Católicos diferentes
En Ucrania son católicos, pero algo diferentes. Se rigen por el rito grecocatólico o bizantino, así que sus celebraciones son algo diferentes a las del rito romano.
De entrada, duran mucho más. Comprobarlo es muy fácil. El tercer domingo de cada mes, los ucranianos acuden a la capilla de Los Pasos de la iglesia de San Vicente a las doce en punto del mediodía para oír misa según su liturgia. El sacerdote viene de Pamplona. «Es una Eucaristía distinta, con más oraciones», comenta el párroco de San Vicente, Serafín del Campo. «Durante 20 años me abrieron las iglesias en Francia, ahora se las abro yo a otros católicos. No sólo me parece bien, sino que concelebro con ellos». Es una fórmula práctica de predicar con el ejemplo.