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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 14 febrero 2012

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VIZCAYA

06.02.09 -

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E n Carranza los grifos se parecen más que en ningún otro lugar de Vizcaya a signos de interrogación. Los vecinos de la zona, que ya están curados de espanto, los accionan y no saben si habrá o no agua o si ese agua llegará tintada de verde, perfumada de aluminio o superpoblada de bacterias heterótrofas. Girar el grifo en Carranza es un poco como abrir un sobre sorpresa. Por las tuberías del valle corre un líquido más mutante que potable. Como es natural, la gente compra agua embotellada y evita beber el fluido misterioso. Temen que tres o cuatro litros de esa sustancia puedan transformarle a uno en el Increíble Hulk.
Tras años de debates, protestas, promesas y proyectos costosísimos, en 2000 se abrió la balsa de la Cerroja. Cuatro años después, la Diputación anunció con satisfacción que «el abastecimiento de agua potable en cantidad y calidad suficiente» había dejado de «ser un problema» en Carranza. Fue una afirmación de un optimismo admirable. Sobre todo si tenemos en cuenta que, desde entonces, a cuenta del agua ha habido siete alertas sanitarias en el pueblo y que la oposición municipal se ha querellado contra el Ayuntamiento y el Gobierno vasco por un delito contra la salud pública y el medio ambiente.
La querella sigue adelante y ahora salen a la luz documentos en los que Osakidetza reconoce que ha existido un riesgo potencial para la población de la zona. Es probable que la diferencia entre el riesgo potencial y el riego probado se hubiese solventado si unos cuantos vecinos hubiesen bebido agua del grifo durante un par de semanas hasta terminar en el hospital con el estómago en ruinas. Todo apunta a que el agua por allí no es inocente.
También parece que el Ayuntamiento no ha sido especialmente cuidadoso a la hora de avisar a sus vecinos cuando los análisis no reportaban resultados tranquilizadores. Los querellantes denuncian que en los últimos tiempos casi la mitad de los informes técnicos sobre el suministro que llegaba a las casas señalaba deficiencias sanitarias. El agua de Carranza no es ni incolora ni inodora. Tampoco indolora. El día que en el pueblo haya agua potable los vecinos reservarán para beberla en sus mejores copas de champán.
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