Después de 70 días de conjugar el verbo 'ganar' en todos sus tiempos, personas y modos, el Baskonia volvió a probar ayer la hiel de la derrota en una cancha atestada de acólitos a la causa del Olympiacos. Esta vez no pudo reinstaurar esa tiranía a la que en los últimos años ha sometido al equipo de El Pireo por mucho que dejara la piel en el empeño. Lo intentó hasta el último aliento, hasta la postrera posesión en la que el balón quedó en manos de Rakocevic, tapado por una maraña de brazos que hizo imposible el lanzamiento a canasta. Pudo buscar el TAU un triple para forzar la prórroga, pero no hubo manera. La falta de oxígeno nubló su clarividencia en el momento crucial después sudar sangre durante un choque apasionante e interminable.
Por una vez en los últimos tiempos, el conjunto que dirige Panagiotis Giannakis fue mucho más que un grupo con superpoblación de estrellas para demostrar que, si encuentra la fórmula oportuna, puede ser un oponente temible en lo que resta de Euroliga. De momento, el resultado registrado ayer en el pabellón de La Paz y la Amistad impone las apreturas en la clasificación del Grupo E. La derrota no produce daños irreparables en el Baskonia, pero la lógica del 'Top 16' acostumbra a recomendar no fallar en casa y pescar alguna que otra victoria a domicilio, fórmula ideal para asegurar el pase a cuartos. La segunda parte del enunciado no la pudo cumplir el TAU ayer en El Pireo.
Barac irrumpe
A pesar de la ausencia del doliente Tiago Splitter, el Baskonia supo poner en práctica la dosificación de efectivos durante una primera parte sobresaliente. Su desequilibrio interior respecto a la batería de hombres altos del Olympiacos se quedó en la mera teoría, rota además por la irrupción de Stanko Barac. Después de un arranque tibio en el que los locales se beneficiaron del acierto en la pintura de Bourousis (9-7, minuto 3), la segunda personal de Will McDonald y la entrada del gigantón croata coincidieron con el primer despegue baskonista. La escuadra de Ivanovic se desperezó con uno de esos zarpazos que son marca de la casa. Teletovic y Rakocevic se encargaron de rasgar la engañosa solidez del Olympiacos con un parcial de 0-10 (13-18, minuto 8) que comenzó a sembrar de estupor la grada del pabellón de La Paz y la Amistad.
Sobre un Stanko Barac desconocido por su genio, el Baskonia comenzó a activar una defensa solidaria y siempre atenta a las líneas de pase, al tiempo que lograba contrarrestar la sangría reboteadora del inicio. Ni siquiera la entrada del inabarcable Schortsanitis amedrentó al joven balcánico. El TAU carburó a tope en el arranque del segundo cuarto para alcanzar una renta de once puntos (20-31, minuto 13) y después intentar contener el progresivo despertar del Olympiacos. El endurecimiento del encuentro y la permisividad arbitral jugaron entonces en contra de un Baskonia encomiable en el esfuerzo, pero al que se le nublaba la vista a medida que avanzaban los minutos. Aun así, todavía pudo administrar su renta durante más de la mitad del tercer capítulo hasta que el plantel de Giannakis conjuró su asalto final de la mano de Lynn Greer.
Coraje
El director de juego estadounidense abanderó un parcial de 9-0 que incluso llegó a devolver a su equipo la ventaja en el luminoso (56-58, minuto 30). A partir de entonces, el choque pasó a manos del Olympiacos, a pesar del talante incorformista del Baskonia, huérfano de acierto aunque con mucho coraje. En la guerra de nervios de los tiros libres finales, el plantel vitoriano ni siquiera pudo aprovechar las concesiones de última hora del Olympiacos.