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Economía

ANÁLISIS político

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E sta especie de desafío verbal en el que se han enzarzado el Gobierno y la patronal bancaria constituye un ejercicio de irresponsabilidad intolerable. El primero acusa a la banca de generar la crisis; la segunda critica al Gobierno por haber tomado pocas medidas y haberlo hecho mal y tarde. Ni lo primero es cierto, al menos en España, ni lo segundo es justo. Martín estuvo manifiestamente inoportuno y el ministro Sebastián adoptó una pose amenazadora. Se superó al asegurar que al Gobierno se le acaba la paciencia con la banca. ¿Sí? ¿Y qué va a hacer, nacionalizarla? Hay numerosos rumores en la calle, pero hoy es imposible. No hay un soporte jurídico ni disponibilidad económica y supondría la ruina de nuestro prestigio exterior. Además, y lo más importante, en la actualidad no hay razones que lo justifiquen. Pero el negocio bancario es un negocio de confianza y jugar con ella es tan peligroso como la ruleta rusa. Sebastián lo sabe y no puede utilizar este tipo de cosas para distraer la atención de la gente sobre el problema real del paro y la evidencia de la crisis.
A los bancos se les acusa de no prestar el dinero que les ha regalado el Gobierno. Ambas cosas son inciertas. Ni han dejado de prestar ni el Gobierno les ha hecho regalos. Es evidente que la prima de riesgo ha subido mucho con la crisis. Los créditos se conceden con mayor rigor y los diferenciales crecen. Pero, si criticamos a los bancos cuando concedían créditos de manera desaprensiva, hasta provocar un endeudamiento descomunal de las familias y las empresas, ¿podemos criticarles ahora por ser prudentes? Los bancos darán créditos porque, precisamente, ése es su negocio. Pero los darán a quienes piensen que se los van a devolver, porque en ello radica su estabilidad futura. Si la crisis nos obliga a relajar los criterios de riesgo por razones sociales, ¿quién debería asumir el incremento de la prima y quién determina la cantidad de 'relajo' a aplicar? En cualquier caso, a los bancos les mata su impopularidad, pero les protege su necesidad. La economía puede funcionar sin fabricantes de. ¿videojuegos?; pero no puede prescindir del sistema financiero. Aunque tal constatación moleste a muchos.
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