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Sociedad

la gran mayoría por tráfico de drogas

Casi todos cumplen penas por tráfico de drogas en prisiones de Marruecos y Latinoamérica

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Humillaciones, trato vejatorio, corrupción generalizada... Si estar privado de libertad es ya un castigo difícil de digerir, hacerlo en una prisión de un país extranjero constituye una experiencia que deja una profunda huella. «Todavía hoy me despierto angustiado algunas noches soñando que sigo allí», dice un donostiarra de 48 años que pasó hace dos décadas unos meses en una prisión marroquí. «Dormía en el suelo porque en la celda no había colchones y al abrir los ojos tenía la sensación de que estaba metido en una pesadilla, rodeado de un montón de tipos que me miraban fijamente mientras hablaban entre ellos en árabe».
Al igual que la gran mayoría de los presos vascos que cumplen pena en el extranjero, el donostiarra fue detenido por tráfico de drogas. «Eran los tiempos de bajarse al moro. Apenas teníamos 20 años y el viaje era una aventura que encima nos proporcionaba unos ingresos extra. Lo que nunca te imaginas -continúa- es que vas a acabar en una cárcel que recordaba a la de la película 'El expreso de medianoche' y a punto de volverte loco».
El dinero fácil de la droga sigue ejerciendo hoy la misma atracción que entonces. Los últimos datos del Ministerio de Asuntos Exteriores son reveladores: tres de cada cuatro españoles encarcelados el año pasado en países extranjeros fueron detenidos por narcotráfico. En el caso de ciudadanos vascos la proporción es aún más abrumadora: nueve de cada diez arrestos tienen que ver con la droga.
La boca del lobo
La evolución de las cifras indica que cada vez son más los que se dejan seducir por los cantos de sirena del narcotráfico. Los 1.236 españoles detenidos en el extranjero en el 2000 se han convertido ocho años después en 1.889. Un crecimiento superior al 50% que las tibias campañas lanzadas por la Administración central para alertar de los riesgos de llevar estupefacientes en terceros países no logran frenar.
La abogada Yolanda Medina Díaz, que desde hace quince años interviene en la defensa de arrestados en el extranjero, cree que el clima de permisividad en la sociedad española con respecto a las drogas tiene que ver con ese crecimiento. «Hay personas que van a otros países con la idea de que allí se dan los mismos patrones sociales con las drogas que en España», explica desde su despacho de la isla italiana de Sicilia esta letrada. «Ni siquiera saben que en muchos, entre ellos Marruecos, el consumo de estupefacientes está penado por la ley».
Esa ignorancia, añade la abogada Medina Díaz, ha conducido a más de un incauto directamente a la boca del lobo. «Se arriesgan porque piensan que como mucho les va a caer una condena de uno o dos años, la que se les aplicaría en España. Pero como las leyes no son las mismas, muchas veces la pena duplica o triplica la prevista en la legislación española y a los detenidos se les cae el mundo encima cuando escuchan la sentencia».
Asuntos Exteriores cifra en 50 los vascos encarcelados en el extranjero. Sólo seis habían sido detenidos por delitos ajenos al narcotráfico. Todos los demás fueron arrestados por asuntos de drogas. Esa circunstancia determina su ubicación geográfica: casi la mitad (23) están en Marruecos, que monopoliza el tráfico de hachís, y otros 21 se reparten en prisiones de Latinoamérica donde la cocaína es de fácil acceso (Perú, Colombia, Ecuador, Venezuela, Brasil, Argentina y República Dominicana).
La pobreza es seña de identidad de muchos de esos países. «Se dice que la mejor forma de conocer un sitio es visitar sus cárceles», añade la letrada, que reconoce que las condiciones de los penales dejan mucho que desear. «En Marruecos no sólo hay problemas de higiene sino de saturación. Hay celdas sin camas y muchos duermen en el suelo».
Más contundente es la visión de Julia Bonavila, presidenta de Asochófer, organización creada para ayudar a camioneros que son encarcelados en terceros países. «En las cárceles marroquíes -describe- sólo sobrevives si tienes dinero para sobornar a los funcionarios. En caso contrario duermes en el suelo, comes mierda y si sufres un infarto tienes suerte si te llevan a un veterinario y te da una aspirina».
Bonavila, no obstante, reconoce que ha mejorado la situación. «Hace unos años recogimos testimonios de torturas y malos tratos entre los presos españoles y se hizo presión a través de Exteriores y Justicia. Hubo un informe del Defensor del Pueblo y se consiguió que Marruecos prohibiese, al menos, la práctica de torturas en las cárceles aunque aún queda mucho por hacer».
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