Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Más deporte

el suizo se derrumbó en la entrega de trofeos

El suizo se derrumbó en la entrega depremios y Nadal tuvo que consolarle

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
El llanto de Federer
Federer no pudo parar de llorar durante la entrega de los trofeos. / EFE
Roto. Así terminó Roger Federer el Open de Australia. Triste y a lágrima viva. El suizo se derrumbó en la ceremonia de entrega de trofeos. Había dejado escapar su primera oportunidad de tumbar a su bestia negra esta temporada. La primera en la frente, debió pensar. Y, por una vez, el helvético mostró su lado más humano. Desconsolado, lloró como un niño.
Habían pasado pocos minutos desde que vio al mallorquín tumbado sobre la pista con los brazos estirados, señal inequívoca de que Nadal era el vencedor. Desde que había cumplido el requisito de fecilitarle en la red y había rumiado la derrota sentado en su silla mientras secaba el sudor. Con rostro serio, inexpresivo, esperó a que la organización ultimara los preparativos para el acto de la entrega de premios. Ya había terminado todo, pero en su cabeza el partido todavía continuaba. No era capaz de asimilar la derrota.
En el centro de la pista lucía ya una pequeña tarima que aglutinaba a las diferentes autoridades cuando el presentador anunció su nombre. Cabizbajo, accedió hasta ella y recogió con tristeza la bandeja que corresponde al subcampeón. Los miles de aficionados que habían vibrado con el partido esperaban sus palabras y, al detectar su congoja, se pusieron en pie y trataron de animarle con aplausos. Fue entonces cuando Federer se vino abajo. Giró la cabeza y miró a Nadal, luego intentó balbucear algo, pero no pudo. Estaba hundido y las lágrimas que empezaron a manar de sus ojos fueron el mejor exponente de su estado de ánimo.
Su llanto no era sólo por la derrota. Fue una forma de soltar toda la tensión acumulada durante el choque. Adrenalina por los poros. Pero lo más importante fue la demostración de que el tenista helvético, que lo ha ganado casi todo, es humano. Aparcó por unos minutos su habitual frialdad para dar rienda suelta a sus sentimientos. Hubo, además, algo más implícito en aquel llanto. Aunque le costaba reconocerlo, y tal vez eso era lo más duro, en su fuero interno estaba admitiendo que no puede con Nadal. Tampoco esta vez, en Melbourne.
Rompió el protocolo
Tras unos emocionantes segundos, Federer se hizo a un lado y la organización llamó al campeón. El mallorquín, afectado por lo sucedido, avanzó unos metros, subió a la tarima y, al pasar junto al suizo, le dio una palmadita de ánimo en la cadera. El número dos del mundo seguía a lágrima viva. No podía parar. Nadal recogió su trofeo y, cuando le llegó el turno de hablar, se saltó el protocolo. Se fue directo hacia el que había sido su rival, le echó el brazo por el hombro y le susurró unas palabras para consolarle.
Luego se acercó el micrófono e intentó que el público le animara. «Roger, siento lo que te he hecho. Eres el mejor jugador del mundo», reconoció. Los aficionados rompieron la tensión con una tronadora ovación y Federer se rehízo. Reaccionó y solicitó hablar antes que Nadal, porque el campeón tiene el privilegio de hacerlo el último. «Quizás lo intente otra vez, o quizás no. Esto me está matando... Nadal ha jugado fantástico y le felicito por ello. Este chaval se lo merece», dijo nervioso. Roto, triste y desconsolado se retiró a los vestuarios. La primera en la frente, seguía rumiando.
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS