Michel Desjoyeaux, el marino bretón que timonea el velero Foncia, consiguió ayer establecer un nuevo récord al dar la vuelta al mundo en 84 días, 3 horas y 9 minutos, tres días y 7 horas menos que Vincent Riou, quien, en la anterior edición de la Vendée Globe empleó 87 días y 17 horas en circunnavegar el globo. Desjoyeaux ha recorrido las 28.300 millas teóricas de la vuelta al mundo a una media de 14,02 nudos y considera que es posible bajar de los 80 días, a condición de poder descender más cerca de la Antártida y si un iceberg no se cruza en su camino.
El patrón del Foncia se convierte así en el primero en sumar dos victorias en la más exigente de las regatas en solitario, la Vendée Globe. En la edición 2000/01, la de su primera victoria, Desjoyeaux tardó 93 días en dar la vuelta al mundo a vela en solitario, sin escalas y sin asistencia externa. Logró distanciar entonces en poco más de 23 horas a la navegante británica Ellen Mac Arthur en una apasionante persecución que se prolongó por los océanos de todo el mundo.
El mérito del navegante solitario francés adquiere toda su importancia si se tiene en cuenta que Desjoyeaux debió regresar a puerto tras la salida del 9 de noviembre para solventar una pequeña fuga en sus depósitos de lastre que le dejó sin electricidad y sin posibilidad de emplear sus pilotos automáticos. La avería le hizo ceder 40 horas y 383 millas respecto a la cabeza. Además, al volver a la regata, padeció vientos flojos en su paso por la Península Ibérica y llegó a estar 670 millas por detrás del entonces líder, Loïck Peyron, el 15 de noviembre.
No obstante, Desjoyeaux, un navegante experto en sacar el máximo rendimiento de los partes meteorológicos, logró enjugar el retraso y dobló a la flota, un barco tras otro, en un ejercicio de autoridad incontestable y sin precedentes. Antes de llegar a las islas de Cabo Verde pasó a Wilson, Basurko y Malbon. El 13 de noviembre ya era décimotercero y al través de Buena Esperanza sólo le separaban 89 millas del primero.
Averías y abandonos se encadenaron en el Índico y en el Pacífico (Peyron, Stamm, Wavre, Elies y Golding tuvieron que abandonar). En mitad de ese escenario dantesco presidido por marinos al borde de la tragedia, Desjoyeaux logró el récord de la prueba al navegar en 24 horas nada menos que 466 millas (840 kms.). Al Sur de Australia, en el Cabo Leeuwin, ya era primero, un puesto que ha mantenido hasta cruzar la línea de Les Sables.
El mérito de la marca establecida por Desjoyeaux es mayor porque, en esta edición, los organizadores han colocado siete puertas de paso obligatorias para evitar los hielos antárticos, lo que ha alargado el recorrido unas 1.200 millas respecto a ediciones anteriores. Desjoyeaux ha ganado con una superioridad aplastante en una edición marcada por las roturas y los rescates al borde de la tragedia: sólo doce de los treinta barcos que tomaron la salida siguen en regata.
Es cierto que los nuevos barcos Open 60 navegan entre un 8% y un 9% más rápido que los veleros de la edición anterior con sus nuevos mástiles ala, sus palos cinco metros más altos (el de Desjoyeaux mide 28) y sus cientos de metros de vela en rumbos portantes (el Foncia larga 620 metros de tela en empopadas y 300 en ceñida).
Una ruta más corta
Jean Le Cam (que volcó 200 millas al sur del cabo de Hornos y pasó una jornada encerrado en el habitáculo de su velero, semihundido y con la quilla al Sol hasta que fue rescatado por Riou), pronosticó en la salida que estos barcos de 18,28 metros estaban llamados a dar la vuelta al mundo en 80 días. Como en la novela de Julio Verne.
Ayer, nada más poner el pie en el muelle de Port Olona, Desjoyeaux consideró que puede bajarse de los 80 días a nada que los marinos puedan descender sin restricciones al Sur (por la ruta más corta, donde la Tierra se estrecha) y a nada que la presencia de icebergs en la zona no sea excesiva.
Lo cierto es que lo que ha hecho Desjoyeaux no tiene nombre. ¿Por qué? Porque, además de los problemas de la salida, el marino bretón ha regresado a Les Sables d'Olonne con el barco roto, hecho unos zorros. La revista 'Voiles et Voiliers' presentaba esta semana a sus suscriptores tres estremecedoras fotos del Foncia de Desjoyeaux. En la primera se podía ver cómo el botalón de proa, la pieza que sostiene los tremendos esfuerzos provocados por el espí asimétrico, aparecía deslaminado. El marino a quien han bautizado como 'El Profesor' logró reforzar con carbono la zona dañada mientras seguía en regata, sin la más mínima queja.
En la segunda imagen se ven los puntos de apoyo de dos candeleros (soportes que recorren las bandas del barco) arrancados de cuajo. Pero lo peor asoma en la tercera foto. El timón de babor está roto. Falta un trozo de material en la bañera de popa, que ha sido sustituido por una pieza negra, puro bricolage casero en el culo del mundo. Sucedió el 17 de diciembre, cuando Desjoyeaux navegaba en mitad del terrible Pacífico Sur. «Vi cómo el eje principal de la caja del timón estaba parcialmente roto y no se sostenía más que de un lado. Ocho días después, antes de amanecer, con 35 nudos de viento y mar formada, navegaba con prudencia cuando sentí un golpe. Llevaba ese timón levantado. La pieza que lo mantenía izado se rompió. Era imposible colocar el timón en su sitio y estaba a punto de perderlo... Paré el barco y me puse a navegar marcha atrás. El timón hizo 'floc, floc', sentí miedo... Por suerte, la caja del timón volvió a su sitio. Varios días después pude asegurar la pieza. Tuve la sensación de que había sobrevivido a una catástrofe. Un barco sin timón es como un coche sin dirección», reflexionaba Michel Desjoyeaux. El patrón de Portugalete Unai Basurko se vio forzado a abandonar la regata 28 días después de haber tomado la salida por una avería en la misma zona (según su relato), aunque en el timón de estribor.
Michel Desjoyeaux (43 años, casado, tres hijos) ha creado un barco a su medida con el que ha navegado más rápido y mejor que nadie. Cada noche, cuando la organización suspendía el contacto, el francés se doblaba sobre su mesa de cartas y escogía los mejores rumbos, rumiaba las tácticas ganadoras. Cada amanecer había distanciado en 20 ó 30 millas a sus perseguidores, en un exasperante juego del gato y el ratón.
Una guerra psicológica
Además, Desjoyeaux ha derrotado a sus rivales en la guerra psicológica que se establece entre estos patrones que viven al borde del delirio. Ahí van unas cuantas perlas.
-«Vaya, cuando he pillado los 19,2 nudos de media estaba fregando», comunicaba por radio, provocador, para que le oyeran los demás.
-«¿Y si hago una muesca por cada barco que doblo? Nooo. Me han aconsejado que, mejor, prepare una lista a lápiz y que tenga una goma de borrar cerca», radiaba mientras pasaba el tiempo rellenando sudokus.
Y otra: «Los mares del Sur... Bien, pueden ser mucho más duros. El Índico, por ejemplo, no ha desenterrado el hacha de guerra y sin embargo muchos han perdido allí las plumas... No he visto más de 42 nudos en el anemómetro en los quince días que pasé allí... Hombre, había cubitos de hielo... pero son excelentes para el aperitivo ¿no?»
Desjoyeaux es un nuevo dios en el universo paralelo de los marinos, un nuevo Eric Tabarly, un sir Peter Blake resucitado. Ayer sólo pensaba en abrazar a su familia, en dormir (la excitación de la victoria le había impedido pegar ojo la última noche) y en dar buena cuenta de los espaguetis, el chuletón y el Burdeos que había encargado. Desde hoy, el mundo de los marinos aclama a su nuevo dios Poseidón: Michel Desjoyeaux.