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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 14 febrero 2012

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DE CUANDO EN CUANDO

01.02.09 -

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L a moda de los céntimos que ya existía más o menos en la época de la peseta, ahora en la del euro se ha adueñado por completo de los precios y resulta difícil ver un número redondo. Los céntimos son dueños absolutos del mercado. La moda de los céntimos hace furor.
Lo comento de nuevo porque me he encontrado con dos cifras que me parecen comentables. Se ve que el sistema del nueve, estudiado, demostrado e implantado en Norteamérica hace más de medio siglo, sigue vigente a pesar de ser en muchos casos una especie de chascarrillo. Sobre todo en las cifras de los anuncios oficiales, donde las cantidades que se cuentan incluso en millones de euros, llevan casi siempre la ridícula coletilla de los céntimos.
Por ejemplo; tengo en mi mesa el recorte de un anuncio oficial de nuestra Diputación de Vizcaya en el que se anuncia la realización de las obras para el abastecimiento de aguas a núcleos rurales de Bermeo, el único pueblo del mundo que mide el agua en metros cuadrados.
Estas obras tienen un presupuesto de más de dos millones de euros, cantidad que en mi humilde opinión permite hacer los cálculos despreciando los céntimos. Pero los calculadores son tan minuciosos que han valorado el presupuesto en dos millones, ciento treinta y seis mil ciento ochenta y dos euros, y han considerado necesario, añadir a todos esos euros, una coletilla pizpireta y simpática. ¿Saben ustedes de cuanto? Pues de ¡quince céntimos! Aquí tienen ustedes la cifra tal como aparece en el periódico: 2.136.682,15.
Y si de los altos presupuestos descendemos a los precios comerciales les citaré el caso de un canapé que en vez de venderse en 500 euros, como atención a la clientela, lo han rebajado generosamente vendiéndolo a tan sólo 499,95 euros. ¿Se imaginan ustedes al cliente pagando el canapé con un billete de 500 euros y esperando que le devuelvan una moneda de cinco céntimos?
Estarán ustedes de acuerdo conmigo en que esto, más que tarifas o precios justos, es más bien un pitorreo.
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