Cuando Luci Revilla salió de casa el sábado 17 de enero para realizar la compra de la semana jamás pensó que tardaría en regresar a su hogar más de dos días. «Venía del supermercado con dos bolsas de poco peso y, de repente, me caí», explica esta vecina vitoriana mientras mira las muletas a las que no acaba de acostumbrarse.
Luci se acababa de tropezar en un conocido socavón de la plaza San Martín de Abendaño y no podía levantarse. Las baldosas, colocadas junto a una alcantarilla, llevan hundidas «cuatro o cinco meses», pero la mujer pisó ese día sobre el desnivel por el que «tantas veces» había pasado sin sucederle nada. «Al caerme noté un 'crack' y grité que nadie me tocara. Me dolía muchísimo», recuerda. Los comerciantes de la zona salieron en su auxilio y uno de ellos «me cogió por los hombros y me sentó en una silla hasta que llegó la ambulancia». No tardó nada. Pocos minutos después se encontraba en una casi colapsada sala de Urgencias de Txagorritxu a la espera de que alguien le calmara un dolor «exagerado». Las radiografías dieron el fatal veredicto: la cadera rota. Había que intervenir.
«Fue una hora de operación aunque ahí no acabó todo. No podía expulsar la anestesia y cada vez me encontraba peor, me tuvieron que dar hasta morfina», comenta Luci. Los dolores fueron disminuyendo con el paso de las jornadas -el pasado lunes abandonó el hospital- y hoy apenas siente nada porque «llevo dentro cinco grapas, tres tornillos y me tomo tres o cuatro antibióticos al día». Pero lo que el quirófano y los medicamentos no han conseguido curar es el miedo de esta mujer a poner un pie en el suelo sin que haya nadie a su lado. «No me atrevo ni a ir por el pasillo de mi casa», confiesa. Sus hijos lo saben y la acompañan a todas partes porque «necesito ayuda para todo».
450 reclamaciones al año
Tampoco le han faltado apoyos para denunciar al Ayuntamiento de Vitoria por no haber solucionado el problema. «No hay derecho a que esto ocurra y a que nadie haga nada», reclama. Luci no entiende por qué han dejado pasar tanto tiempo sin sustituir las baldosas hundidas. «Otras cosas, como los jardines de la plaza, sí que las arreglan». Su caída ya no tiene vuelta atrás, pero teme que le ocurra a otros.
Que ella sepa, al menos otra vecina se ha caído en el mismo socavón pero sin sufrir daños graves. Esta dicharachera mujer sólo piensa en recuperar su vida normal y ponerse tras la barra de la cafetería Veracruz que ha dejado en manos de sus hijos.
Como ella, una media anual de 450 vitorianos reivindica que se les compense por sufrir daños en las calles de la ciudad. De hecho, las indemnizaciones se han disparado un 60% en apenas cuatro años.