Una nueva amenaza se cierne sobre España: la deflación. Es decir, el derrumbe de los precios por la falta de pulso de la economía y el frenazo en seco del consumo. Un fenómeno alarmante cuyo fantasma se asomó ayer al conocerse que la inflación cayó en enero hasta el 0,8% -cerró el pasado ejercicio en el 1,4%-, lo que constituye su nivel más bajo en 40 años. Su brusco desplome desde el pasado verano -en julio llegó al 5,3%- es fruto del espectacular abaratamiento del petróleo, pero también del frenazo en seco que ha experimentado el gasto de las familias por la crisis, lo que obliga a numerosas empresas a reducir sus márgenes si desean colocar sus productos en el mercado.
El Índice de Precios al Consumo (IPC) armonizado, que adelantó ayer el Instituto Nacional de Estadística -el dato definitivo se conocerá a mediados de febrero-, se sitúa así tres décimas por debajo de la media de la UE, que es del 1,1%. Hace tan sólo cuatro meses, en septiembre, España estaba un punto por encima de sus socios comunitarios.
El acelerado descenso de la inflación parece, en principio, buena noticia: los consumidores no pierden poder adquisitivo y mejora la competitividad de las compañías en el exterior. Sin embargo, puede desembocar, si se mantiene en el tiempo, en un desastre para la economía: si los precios se abaratan mes a mes -suele suceder por un consumo extremadamente débil-, el gasto de las familias se retrae a la espera de más recortes; las empresas, que venden menos, reducen su producción; como no les resulta rentable fabricar por debajo de cierto nivel de precios, aumentan los despidos... En definitiva, la economía se paraliza.
De momento, España se asoma a la barandilla de este precipicio tras registrar el menor IPC desde junio de 1969, cuando se situó en el 0,5%.
La vertiginosa caída es consecuencia del desplome del petróleo -hace siete meses, 147 dólares por barril; y ahora, en torno a 45- y a la brusca desaceleración del consumo de los hogares, que ha provocado contención y rebajas de precios.
Nuevas bajadas
El secretario de Estado de Economía, David Vegara, se congratuló ayer del dato, ya que «beneficia a las familias»; y, aunque reconoció que en lo próximos meses «veremos niveles de inflación muy, muy bajos», sostuvo que las cifras no apuntan «para nada» a una deflación. En parecidos términos se expresó la vicepresidenta De la Vega, quien aseguró que el Gobierno «no contempla esa situación» y «trabaja para que no se produzca».
Los servicios de estudios de algunas instituciones privadas piensan que sí se pueden llegar a rozar tasas negativas de precios a mediados de año, pero aseguran que en la recta final de 2009 volverán a subir, aunque sólo sea por la comparación estadística con los meses finales de 2008, que fueron muy bajistas.
Parecida tesis defiende el Banco Central Europeo al pronosticar un repunte de precios en la zona euro en el segundo semestre. Incluso si la economía sigue en un fuerte bache, el efecto retardado que el encarecimiento del crudo suele tener sobre precios y salarios se dejaría notar por esas fechas.