Esto es lo que hay. Que nadie se llame a engaño. Este tipo, «el tal Nadal», ha llegado ahí arriba y está dispuesto a quedarse. No importa cómo lo hagas, ni lo que hagas, ni el armamento que uses. Está ahí y no se le derriba. Lo tienes que sacar de la pista con los pies por delante para ganarle.
Nadal le ganó a Verdasco en la semifinal del Abierto de Australia uno de esos partidos que hacen historia, por lo que jugó uno y por lo que jugó el otro, por la duración, por la calidad del choque, por su intensidad, por sus jugadas increíbles, por la heroicidad por parte de los dos.
A Verdasco, que tanto le gustan los héroes de cómic (la mano abierta hacia su amigo Claudio -psicólogo, acompañante en lo bueno y en lo malo, su mano derecha, en este caso izquierda- cuando gana los partidos es una referencia a Iron Man), le debió parecer que enfrente estaba Robert Downey Jr. Le tiraba bala tras bala y el otro, el de la cinta al pelo, nunca se caía, y si se caía se levantaba, una y otra vez, y otra. Agotador.
'Fer' lanzó ayer calibre de perforación, metralla pesada con ese brazo y esa precisión que tiene en su zurda. Pero Nadal aguantó en todo momento, sin pestañear, llegando a todas las bolas, como en esas películas en las que al final descubres que el héroe tiene chaleco antibalas, sólo que lo que tiene Rafa es un corazón de hierro y una cabeza de granito.
De otra galaxia
Verdasco, digámoslo ya, jugó el partido de su vida. Un encuentro casi perfecto. Tuvo algún que otro bajón, afectado por las altas temperaturas y porque llevaba un torneo cargado de sets y dura lucha ante guerreros de primer orden como Tsonga y Murray, pero siempre estuvo a un nivel altísimo, inalcanzable para cualquier ser humano que se le hubiera puesto delante.
Pero no nos engañemos. Nadal es de otra galaxia. Alcanzó bolas imposibles, totalmente imposibles de alcanzar, y las puso en los ángulos de forma inverosímil. De hecho, hubo una dejada por parte de Verdasco de las de Santana, de esas con efecto retroactivo, que pasan la red y caen muerta, sin posibilidad de devolución aunque llegues porque no la puedes levantar. Pues no sólo llegó, sino que metió un plátano envenenado, casi por fuera de la red y de la pista y la colocó en el ángulo. La vio 'Fer' y sonrió, una sonrisa amarga, por no llorar. «¿Pero qué hace este tío? Así no hay manera, ¿con que le tengo que meter para tirarle?».
El partido fue igualadísimo, lleno de vaivenes, con el saque tremendo de Verdasco y la constancia de Nadal, sin apenas baches, presionando siempre, aprovechando cualquier error, defendiéndose sin dar ni un solo paso atrás. Ganó el número uno del mundo porque es Rafael Nadal. Cualquier otro habría perdido, pero del encuentro también salió reforzado Verdasco, porque puso contra las cuerdas a su amigo, al héroe de héroes, le ganó dos sets y le exigió como casi nadie (sólo Roger Federer) le había exigido hasta ahora.
Al madrileño le queda ahora el mundo abierto. Si ha estado a punto de ganar a Nadal, es que puede vencer a cualquiera. Con confianza y ese potencial que tiene, inigualable, Fernando Verdasco va directo al 'top five', quizás esta misma temporada de seguir así. Al mallorquín no le queda nada porque ya lo tiene todo. Una heroicidad más ¿y? Ya ha hecho tantas que la de ayer en las pistas de Melbourne suena a costumbre a pesar de que fue una victoria épica. El caso es que ya ha logrado tantas...