La última película de Bruce LaBruce, 'Otto; or, Up with dead people', está protagonizada por un zombi gay que se zampa gatos muertos y sodomiza a sus víctimas con la misma alegría con que las destripa. En 'Hustler White' -su único largometraje exhibido en las salas españolas- un tullido utiliza su muñón para dar placer. 'The Rapsberry Reich' acabó en los tribunales por culpa de una masturbación sobre la foto del 'Che' Guevara.
No todo es afán provocador en la obra de este realizador, columnista y fotógrafo, que se mueve entre el underground y los circuitos de cine independiente. Entre sus imágenes porno y gore se cuelan la melancolía y la denuncia de la marginación al diferente. LaBruce (Toronto, 1964) resulta pornográfico para los cenáculos artísticos y pretencioso para el mundillo X. «Sólo soy un director de películas de pequeño presupuesto, al que los críticos juzgan con el mismo criterio que si estuvieran ante una de Spielberg».
Zinegoak, el festival de cine gay-lesbo-trans que patrocina EL CORREO, arrancó ayer con la entrega del premio honorífico a LaBruce. Casado con un santero cubano, el precursor del 'queer cinema' se considera un «fetichista del cine», que inunda sus cintas de referencias a clásicos «para corromperlos». «Mis películas no gustan a la comunidad gay porque muestro a skinheads, chaperos y terroristas homosexuales, mientras ellos quieren ser aceptados». Alejado de presunciones -«no sé si mi cine ha contribuido a liberar a los gays, yo al menos lo estoy»- reconoce que el sexo «son los efectos especiales de los filmes de bajo presupuesto».
-¿Le será más fácil provocar en la era Obama?
-Es una pregunta interesante. Todavía es pronto para saberlo. Vivimos un momento de transición en el que no se sabe muy bien qué va a pasar. Ahora mismo es muy difícil mostrarte crítico con Obama, porque representa la idea de la esperanza y el cambio para muchos americanos. Pero creo que no habrá grandes diferencias en la calidad de la vida de la gente y que todavía será necesario que exista agitación y anarquía para denunciar un sistema corrupto.
-Defíname homofobia.
-Temor a los homosexuales, normalmente en personas que tienen miedo de reconocer sus propios impulsos. Sienten pánico a la idea de poder ser homosexuales, de sentirse atraídos por alguien de su mismo sexo. Los homófobos se sienten a menudo celosos de quien vive abiertamente su homosexualidad, porque ellos tienen que vivir una mentira.
Engreía sexual
-¿Ha visto 'Mi nombre es Harvey Milk'?
-Sí. Me resulta difícil criticarla porque Gus van Sant es amigo mío. Me pareció una buena película, aunque me hubiera gustado ver más el ambiente de libertad salvaje que se vivió en San Francisco en los setenta y primeros ochenta. Aquella atmósfera de locura, que en la película apenas se enseña para dejar paso a la política. Yo estuve en San Francisco en los 80, y flotaba en el ambiente una extraordinaria energía sexual.
-¿Tiene algún tema tabú?
-Un crítico dijo que en 'Hustler White', con su carga sadomasoquista y su fetichismo sexual, el único tabú era la ternura. El protagonista es un chapero que realiza de manera cotidiana estas prácticas sexuales tan duras, y, como muchas prostitutas, lo único que no está dispuesto a recibir es un beso. Así que, ya ves, existen tabúes para gente diferente y por razones distintas.
-¿Qué piensan de usted en el plácido Canadá?
-Es el país donde menos me aprecian como artista, ja, ja. En Toronto padecen el 'síndrome de la amapola alta': en cuanto una flor crece más que las otras, sienten unas ganas irresistibles de podarla para igualarla con el resto. Canadá no tiene demasiada población, así que no hay mucha distribución para mis películas.
-¿Qué piensa del 'outing', de obligar a salir del armario.
-Nunca lo he apoyado. Si alguien quiere permanecer en el armario tiene todo el derecho a hacerlo, es una opción personal. Creo que es naïf y hasta presuntuoso pensar que todos los gays tienen que salir, porque desconocemos sus circunstancias personales. Hago una excepción para los políticos, muchos de ellos antigay. Deberían dejarse de hipocresías, porque con su decisión ayudarían a combatir la homofobia.