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INMACULADA LÓPEZ. VIVE EN UNA ZONA INUNDABLE DE GETXO DESDE HACE VEINTE AÑOS

Esta vecina de Larrañazubi se ha especializado, a la fuerza, en bregar con la burocracia asociada a los desastres naturales
29.01.09 -

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«¡Esto es un sinvivir!». La getxotarra Inmaculada López se ha especializado en capear inundaciones, y aún así no se acostumbra a los sobresaltos. Fue desalojada de su vivienda el martes por segunda vez en siete meses. Pasó la noche en un hotel, junto a otras cuatro familias del barrio de Larrañazubi. Había regresado hacía justo un mes y medio a la casa que destrozaron las inundaciones del 1 de junio.
Vive con su marido desde hace 20 años a orillas del pantano de Bolue. Su hogar ya ha sido en cuatro casiones pasto de los lodos y está más que habituada a bregar con los seguros, los funcionarios municipales y todo tipo de burocracia asociada a los desastres naturales.
Un buen ejemplo lo ofrece el calvario que ha vivido desde la pasada primavera. Aquella gran riada le sorprendió en la cama. Los ladridos de su perrita 'Dana' la despertaron a las 4 de la mañana, cuando el agua ya alcanzaba el medio metro de altura. Salió con lo puesto, en pijama, y evacuó en su todoterreno a una pareja de vecinos ancianos con ayuda de otros residentes. Pasó la noche en un hotel. «No pude salvar ni el cepillo de dientes. Tuve que usar ropa prestada hasta que fui de compras. No tenía cartillas, ni móvil, ni dinero». El río se lo llevó todo.
Anduvieron diez días «de oca a oca» y, por fin, el Ayuntamiento les ofreció un piso de alquiler concertado con los Servicios Sociales. No lo aceptó, porque «no estaba habitable. No tenía ni agua caliente, ni calefacción, ni platos, ni cubiertos». El caso acabó en una denuncia en la Oficina de Atención al Consumidor.
Vuelta a pelear con los responsables municipales. Les llevaron a otro piso de Berango. Allí han permanecido 5 meses; hasta el 10 de diciembre, cuando regresaron a su hogar. Ni siquiera han terminado las reparaciones, que comenzaron el 1 de septiembre, tras un sinfín de formularios de daños e informes periciales. Los dos seguros que tenía contratados le dieron 70.000 euros, con los que ha podido reformar sólo una parte de la vivienda. Se pregunta qué sucederá tras la riada del pasado martes. «¿Es que voy a estar así toda la vida?», gime, ya de vuelta en casa, entre un panorama desolador de muebles destrozados y una montaña de sábanas, mantas y nórdicos empapados.
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