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Entre los que lo llevan como apoyo a la causa y los que se han apuntado a la última propuesta de algunos diseñadores, la estética del pañuelo palestino inunda la calle

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Difícil caminar hoy por la calle y no tropezar con alguien que lleve el auténtico pañuelo palestino o una prenda similar que, vista a una prudencial distancia, lo recuerda inequívocamente. Entre los que se envuelven en la kufiya (también denominada kufiye, kafiya o hatta) para demostrar su apoyo a la causa en estos días complicados para Gaza y los que se apuntan a un complemento desprovisto por las pasarelas de todo significado ideológico, se ve por todas partes.
El culpable de que el pañuelo palestino esté últimamente 'de moda' es Nicolas Ghesquière, diseñador de la marca Balenciaga que en su apuesta para el otoño invierno 2007-2008 sorprendió a todos con su propia visión de esta prenda. A partir de ahí, hemos reconocido -en su versión auténtica o en la 'para todos los públicos'- las kufiyas rodeando cuellos tan famosos como los de Cameron Díaz, Colin Farrell, David Beckham, David Bisbal... Y al margen de los artistas que se han dejado caer por las últimas manifestaciones contra el ataque de Israel a Gaza, hay que presumir que es más una cuestión de ir a la última que de activismo político.
No todos lo ven así. En mayo del año pasado, la empresa Dunkin' Donuts tuvo que retirar un anuncio de café y té helados porque la estrella de televisión Rachel Ray, nada sospechosa de apoyar la causa palestina, aparecía en el 'spot' luciendo una kufiya. Jamal Rayyis es un periodista palestino-americano afincado en Manhatan (EE UU) que tiene a toda su familia en Gaza. Él recuerda aquella polémica: «Está claro que las connotaciones de la kufiya son variadas: para algunos es el símbolo de la revolución, de la solidaridad con mi pueblo, etc, etc. Para otros, es un símbolo terrorista, una idea absurda que alcanzó el máximo de estupidez con este anuncio. La chica llevaba sólo una bufanda con un diseño que recordaba a la kufiya. Pero los sectores conservadores se volvieron locos y empezaron a decir que estaba enviando señales secretas a terroristas».
Arafat visita España
La historia del pañuelo palestino en España comienza en 1979, cuando Yaser Arafat, tocado con esta prenda, visitó nuestro país y fue recibido por el entonces presidente, Adolfo Suárez. Los que simpatizaban con Palestina descubrieron y adoptaron entonces aquella prenda y empezaron a lucirla en manifestaciones. Y no sólo propalestinas, sino a favor de otras causas como símbolo de liberación, de revolución, de lucha. Desde entonces, ha mantenido su presencia de una forma latente en nuestras calles, con picos de popularidad que hasta hace poco solían coincidir con las intifadas y otros episodios más o menos graves del enfrentamiento judeopalestino.
Tristemente, estos días han coincidido las dos circunstancias, la de la moda con un endurecimiento del conflicto. Mezclada ideología y estética, en nuestras calles conviven auténticos kufiyas con sus símiles customizados. Los primeros, los tradicionales, los de verdad, han pervivido en las tiendas hippies de toda la vida. Los segundos se venden ahora en comercios como Pimkie, Pull and Bear, Springfield, Adolfo Domínguez... Zara incluso decora sus escaparates con maniquíes de niños con pañuelos que recuerdan sospechosamente a la kufiya.
Carlos Martínez es el encargado de la tienda que Adolfo Domínguez tiene en el Casco Viejo de Bilbao. Allí venden algunas de estas versiones 'tuneadas': «Sí, la verdad es que pueden recordar al pañuelo palestino. Me parece muy bien que el mundo de la moda conjugue cualquier tipo de líneas y estilos. No es el clásico palestino, sino una modernización, está adaptado a una forma de vestir y queda muy bien. Se venden mucho, o al menos igual de bien que otros pañuelos o bufandas. Especialmente aquí, en la tienda del Casco Viejo, porque estoy seguro de que en nuestra tienda de Indautxu, en el centro, no tienen tanto éxito. Eso tiene que ver con la clientela. En esta zona tenemos más clientes de la izquierda, a los que les puede gustar llevar algo así». Parece que incluso para estas versiones descafeinadas hay que estar en mayor o menor medida de acuerdo con la lucha de los palestinos. O no enterarse de nada.
Frivolización
Muchos critican la frivolización de esta prenda. No es la primera vez que ocurre algo así: paradójicamente, en 2003, en plena invasión de Irak, nuestras calles se llenaron de pantalones militares caqui y de camuflaje sólo porque se veían en las pasarelas. Además, todo hay que decirlo, no ha sido únicamente Balenciaga quien ha explotado esta prenda. Un modisto palestino-americano, Nemi Jamal, aprovechó su diseño para decorar tops y camisetas. «Quiero expandir -dijo él- las posibilidades del hatta, que se convierta en el pañuelo de hoy día». Otros lo ven adecuado porque encuentran la kufiya favorecedora, sin importar el simbolismo.
El periodista Jamal Rayiis tampoco quiere darle más importancia al asunto y trata de verle el lado positivo. Supone que los modistos «tendrán sus motivos» para 'tunear' el hatta, como él prefiere llamarlo. «Su diseño es único y se ha convertido en un símbolo revolucionario, lo han usado hasta los guerrilleros de FMLN de El Salvador, donde uno de sus líderes, Shafik Handal, es de origen palestino. Irónicamente, también lo ha llevado Tony Saca, presidente de aquel país, que es del partido conservador Arena. Probablemente hay diseñadores que están enterados del significado de la referencia, pero estoy seguro de que otros sólo vagamente lo conocen, lo ven como algo 'radical-chic' que uno se pone y queda bien. Yo creo que aquí el potencial de todo este fenómeno reside en que es posible que gracias a esto algunos lleguen a saber más sobre Palestina».
Rayiis recuerda que hubo un diseñador de Israel que creó un hatta israelí azul con las estrellas de David como motivo. «Claramente, ésta es una apropiación deliberada del símbolo palestino para servir a los propósitos nacionalistas sionistas de una forma irónica. No es la primera vez que se apropian de lo nuestro: ¡si han llegado a llamar al falafel el 'plato nacional israelí'!».
Jamal Rayiis confiesa que antes solía llevar kufiya todo el tiempo, sobre todo por razones práticas: «es ligero y cálido». «Cuando estaba en Secundaria, lo usaba de una forma desafiante, incluso llevé uno en mi graduación, en solidaridad con la intifada que estaba ocurriendo y también en honor a mi padre, que falleció entonces. Pero pasados unos años, dejé de usarlo hasta en las manifestaciones. ¿Por qué? Creí que no usarlo valía para decir que los palestinos somos gente normal, no una subespecie revolucionaria. Una bufanda cualquiera nos convierte en desarmados pero potencialmente más fuertes que con la encendida kufiya».
La semana pasada, Jamal recuperó su hatta para una manifestación en EE UU contra los bombardeos en Gaza: «Es curioso ver cómo la gente te mira cuando llevas un traje elegante y caro con la bufanda que solía usar Arafat».
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