Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Álava

ÁLAVA

No siempre una crecida de los ríos modifica la rutina. En Asteguieta, un anciano siguió en su casa rodeado de agua, y en Gamarra 45 trabajadores comieron con las botas puestas
29.01.09 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
El capitán es el último en abandonar el barco y Santiago Galdós, a punto de cumplir 80 años, no quiere romper la leyenda marinera. Cuando los bomberos y la Policía Local trataban de sacarlo de su piso que estaba rodeado de más de medio metro de agua durante la noche del martes en Asteguieta, este jubilado soltero se negó a salir. «Alguien debe cuidar la casa y tengo buena despensa», decía.
«Hace seis años fue peor. Había un metro de agua en el portal», cuenta a su vecino Rafael Ortiz de Guzman que aunque está jubilado no ha olvidado su profesión de bombero y ha estado pendiente de su amigo. Cuesta llegar porque la esquina de la casa es un rompeolas con corrientes. Santiago está tranquilo y con ganas de hablar. No pegó ojo porque se levantaba cada hora a ver la crecida. Miraba por la ventana y se volvía a acostar. «Lo que me preocupa es que tengo que ir al médico y no se si el agua seguirá ahí».
Eso sí, como el presidente de la junta de Asteguieta, Cándido Monge, y la mayoría de sus vecinos ya sabe quién es el culpable de lo que ha pasado: «los hortelanos ilegales que han invadido la orilla derecha del río y han roto los caballones. ¿Es que el Ayuntamiento no va a hacer nada?», se pregunta.
'Sopinha' y pollo
El Zadorra tampoco consiguió romper la rutina de 45 trabajadores de la construcción, portugueses en su mayoría, que ocupan mediante alquiler la marisquería 'Casa Garaio' en Gamarra, junto al puente. Las cocinas y el comedor tenían ayer por la mañana un nivel de unos diez centímetros de agua cuando Emilia y Rosa, las cocineras ultimaban el menú, 'sopinha', arroz y pollo con verduras. «Los trabajadores tienen que comer. Hemos drenado el agua con las bombas que nos han dejado los bomberos y hemos puesto en alto la despensa, y los electrodomésticos. Ayer lo limpiamos todo. Pero el río ha crecido esta mañana», explicaba Miro González, el capataz, que también tuvo problemas para llegar a su pueblo, Víllodas.
A la una, los trabajadores empiezan a comer. Todo está en su sitio, los cubiertos, el pan, el vino. Todo menos la incómoda lámina de agua que se supera con unas buenas botas. Armenio Simoes, Vitor Arris y Antonio Da Mota ni se inmutan. El río no puede con la 'fome' (hambre).
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS