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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Martes, 14 febrero 2012

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Psicosis de inundaciones

EL CORREO entra en la sala de crisis convocada por elAyuntamiento de Bilbao para afrontar una posible riada

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Desbordados por la ría
Una pescatera del mercado intenta poner a salvo el género. / IGNACIO PÉREZ
El límite de seguridad de la ría de Bilbao se sitúa en 4 metros de altura. Si el nivel alcanza 4,17 metros empieza a rebasar el borde. A las 12.50 horas de ayer, marcaba unos alarmantes 4,50. «Hay verdadero riesgo de desbordamiento», confirmaba Andoni Aldekoa, director del Gabinete de Alcaldía en la mesa de crisis reunida en el área de Circulación, en un edificio anexo al Ayuntamiento, a la que EL CORREO asistió de invitado. Para colmo, en ese momento había bajamar (la pleamar se alcanzaría a las 17.23 horas) y seguía lloviendo de forma torrencial en la ciudad. En doce horas se habían recogido la friolera de 57 litros por metro cuadrado de precipitación en la villa, el doble de lo que indicaban las previsiones: 60 litros en 24 horas.
La ría, picada como la mar gruesa, hizo temblar a los bilbaínos y les trajo a la memoria las imágenes de las inundaciones del 83, que enterraron la ciudad bajo el fango. Entonces, «el desastre fue superior, pero no había ni los equipos que tenemos hoy, ni los protocolos de actuaciones...», recordaba Ricardo Barkala, concejal de Acción Social. Lo más preocupante, sin embargo, no era la lluvia que empapaba Bilbao, sino las escorrentías que caían «a chorro» desde Arraiz y otros montes, como «auténticos torrentes de agua», explicaba de forma gráfica Barkala. El caudal llegó a discurrir en la zona de Abusu a 865 metros cúbicos por segundo, lo que provocó «pequeños desbordamientos» en Uribitarte, La Peña y Elorrieta. Los datos indicaban que la situación podía complicarse.
Los concejales de Circulación y Transportes, Ibone Bengoetxea; Obras Públicas, José Luis Sabas; Seguridad Ciudadana, Eduardo Maiz; y Deportes, Jon Sustatxa, se reunieron en la mesa de crisis a partir de las once de la mañana, con las incorporaciones de los técnicos, entre ellos, el director de Protección Civil, Andoni Oleagordia, y el director de la Policía Municipal, Manu Zarragoitia. El alcalde, Iñaki Azkuna, dejó un momento al Rey, que asistía a la inauguración de la Biblioteca de Deusto, para recibir allí información de primera mano sobre el aguacero.
La moderna sala, que fue inaugurada el pasado noviembre, cuenta con una pantalla de vídeo gigante (12 metros cuadrados) con pequeños monitores a los lados que recoge las imágenes captadas por 42 cámaras -seis estaban averiadas por el ciclón-, con un potente zoom. Se respiraba tensión en el ambiente y la plana mayor sólo aliviaba el sofocante calor con una jarra de agua. A mediodía, sin romper el aislamiento, comieron bocadillos.
Uniformes y corbatas
Las corbatas se mezclaban con los uniformes. El mando de la Policía, Manu Zarragoitia, vestía camisa a rayas, pantalón cargo y botas manchadas de barro, porque a primera hora había ido a visitar Rekalde, zona más afectada por las balsas de agua. Igual que Txetxu López Iturrate, director de Obras Públicas, que lucía un llamativo pantalón naranja de agua.
La mesa de crisis decidió evacuar los colegios más próximos a la zona inundable, 13 en total, y ordenar a los padres que recogieran a sus hijos antes de mediodía. Si no, serían trasladados en autobús al polideportivo de Txurdinaga. Se ordenó cerrar los comercios del CascoViejo,, una de las cotas más bajas del cauce, junto con la curva de Elorrieta. Dos agentes municipales acudieron puerta por puerta para comunicar la medida. También decidieron clausurar el mercado de La Ribera, la biblioteca de Bidebarrieta, y parar la actividad en el teatro Arriaga, el palacio Euskalduna, que celebraba un acto infantil, y el museo Guggenheim. El metro probó su compuerta antiinundaciones y el centro comercial Zubiarte cerró el garaje, igual que el parking de El Arenal.
Andoni Aldekoa puso especial énfasis en un mensaje: «Evitar el curioseo». A través de las cámaras se apreciaba cómo numerosos ciudadanos se apostaban en puentes y orillas de la ría para presenciar el espectáculo y tomar fotos con el móvil, una temeraria acción que podía traer consecuencias si la ría llegaba a desbordarse como temían. «Esa imagen me pone los pelos de punta», confesaba.
Sobre la mesa, cubierta de mapas y otros papeles, reposaban varios ordenadores portátiles. Andoni Oleagordia, móvil en mano, manejaba información privilegiada como responsable de Protección Civil, que iba compartiendo con sus colegas. «El dispositivo ha estado ágil, todos los recursos se han volcado», se felicitaba Barkala. Pasada la pleamar, de intensidad media-alta, a las 18.15 horas, tras comprobar que «la lámina de agua de la ría» descendía su caudal a 640 metros cúbicos por segundo, el plan de emergencia municipal quedó desactivado. «Las previsiones son buenas; puede llover, pero menos», zanjó Oleagordia.
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