Elorriaga pasó el día en una tensa y larga espera. Tras la pesadilla que vivió el pasado mes de junio, cuando una gran riada anegó el pueblo, sus vecinos se apresuraron ayer a proteger viviendas y negocios para combatir una nueva embestida del río Errekaleor. «Los Bomberos y la Policía nos han avisado con tiempo y hemos podido prepararnos», explicaba Oscar, uno de los encargados del restaurante y hotel Palacio de Elorriaga.
«Ya hemos aprendido de la otra vez y hemos tomado medidas de precaución para evitar males mayores», señalaba tras el mostrador de recepción del establecimiento hostelero, que se llenó de agua hace siete meses. Entonces la avenida destruyó varias vidrieras, pasó a un comedor -donde las mesas flotaban en el agua sucia- y llegó hasta las cocinas, en plena temporada de bodas. Pese a los importantes daños, el local volvió a dar banquetes cuatro días después, como recordó ayer Ramón, otro empleado.
En este pequeño pueblo del municipio de Vitoria, pegado a Salburua, le tienen cogida la media al río. «En dos horas, ha crecido 40 centímetros», calculaba Ramón, preocupado, cuando pasaban unos minutos de la una del mediodía. Por si acaso, repasó de nuevo la puerta de proveedores, «muy protegida» con sacos y otros materiales. Muy cerca, una patrulla de la Policía Local no aparta la mirada del cauce.
Desde esas trincheras más o menos improvisadas, residentes en la localidad aguardaban el posible avance de las aguas. Uno de ellos, Ignacio, establecía la inevitable comparación. «No hay color con lo de junio, pero con los ríos a tope, cualquier cosa puede pasar», comentó muy cerca de la entrada a su vivienda, protegida con un tablero, rematado en su base y laterales con espuma de sellar. Colocó el mismo dispositivo en la puerta de la casa que da al almacén, donde las herramientas ya se habían colocado en altura a buen recaudo. La referencia, la marca que dejó la inundación de junio.
La noche en vela
Este vecino pasó la noche en vela, pendiente del rió, que chequeó varias veces. «A las siete de la mañana ya vi que había subido mucho y pensé 'se va a preparar'». Con la alerta de la Guardia Urbana y la mala experiencia de hace siete meses, Ignacio y su familia se pertrecharon en casa. Como su vecina, que transformó dos puertas en una sólida barricada.
Pero la suerte acompañó ayer a los vecinos y trabajadores de Elorriaga. Las lluvias cesaron por la tarde y el cauce bajó entre «40 y 50 centímetros» en apenas cuatro horas.