La misma posición que ocupan en la cancha ya les separa en la forma de mirar y atacar la canasta. Bien podrían encarnar dos prototipos distintos de jugador; uno pertenece a la escuela balcánica de anotadores compulsivos y el otro se ha forjado a base de interminables horas de trabajo oscuro, de constante pulir de unas dotes físicas extraordinarias para amoldarse al juego del baloncesto. Incluso difieren en su lenguaje gestual sobre la cancha a la hora de exteriorizar sus sentimientos ante los errores y los aciertos. Tiago Splitter e Igor Rakocevic son la noche y el día; pero, para el Baskonia, se trata de sus dos turbinas más productivas. Si bien es cierto que no ganan ellos solos los partidos, su presencia y su aportación se antojan imprescindibles.
En este caso, la estadística no engaña a las sensaciones. Ciñéndonos al universo ACB, la valoración del serbio y el hispano brasileño son casi dos gotas de agua; 21,8 para el primero y 21,5 para el segundo. Ambos han acaparado el premio de 'MVP' en las dos últimas jornadas de Liga. Mientras Splitter fue ovacionado en el Nou Congost el miércoles pasado, el Buesa Arena se rindió anteayer ante el delirio anotador de 'Rako'. Sus 37 puntos ante el Unicaja no sólo suponen el tope anotador de la actual campaña. También iguala la mejor actuación anotadora de las últimas tres temporadas, que, curiosamente, estaba en manos de su actual compañero de equipo Will McDonald, una marca que data de los tiempos del interior estadounidense en el Estudiantes.
Siempre cumplidor
Son números que acaban por redondearse a través de caminos contrapuestos. A día de hoy, Tiago Splitter es la constancia personificada. Más allá de la estadística, su gran virtud es estar siempre ahí, ya sea contra colosos como el Barça o el Unicaja o en choques de trámite, sin focos, contra rivales de pedigrí justito. Ha completado su evolución de fiel escudero de Luis Scola a principal referencia interior en el Baskonia con una naturalidad pasmosa, sin apenas hacer ruido. En su retorno a la casa azulgrana, Dusko Ivanovic se ha encontrado en aquel muchacho al que hizo debutar en la ACB un no tan lejano 8 de febrero de 2004 a un jugador ya maduro. Al fin y al cabo, el estilo de Tiago Splitter es una bendición para cualquier entrenador. No se guarda ni un gramo de esfuerzo, trabaja en defensa como un peón sacrificado y, de propina, es ya una figura ofensiva consolidada. No serán sus movimientos en el poste bajo un dechado de fino estilismo ni de plasticidad, pero que nadie le niegue la eficacia.
Si Splitter encarna la contención y la aportación sorda y constante, Igor Rakocevic abraza el exceso, fiel al carácter de los grandes anotadores. Puede llegar a desquiciar a la grada o colmar la paciencia de su entrenador en las tardes de ceguera; pero, cuando encuentra la veta acertada, se sacia sin contemplaciones. Él solo es capaz de incendiar un partido.
Además, se ha quitado de encima esa reputación de maquillador de estadísticas y de flojedad de carácter en los momentos cruciales acuñada durante su etapa en el Real Madrid. Ahora, sus irrupciones en los partidos son abrumadoras, como sucedió en el último cuarto frente al Unicaja. La consecución del primer título en España, la Liga ACB levantada con el TAU la pasada temporada, le ha dado un punto de estabilidad que ha coincidido con la irrupción de Dusko Ivanovic en su carrera. El montenegrino permite a 'Rako' tantas licencias en ataque como le exige en defensa, el equilibrio ideal.