Entre la indignación y el pánico se mueve el aficionado albiazul de a pie después de una primera vuelta que el Alavés cerró el pasado sábado con 23 pobres puntos y, lo que es mucho peor, una clara sensación de caída libre que cuestiona su futuro en la categoría. El correcto arranque de temporada, apoyado en la frescura física de la plantilla, ha dejado paso en los últimos meses a un equipo plano, que con un bochornoso expediente de 11 puntos sumados sobre 39 posibles, se ha condenado a una nueva agonía en el intento de conseguir la permanencia. Por el momento y a falta del aplazado Nástic-Eibar, la escuadra vitoriana sigue fuera de las plazas de descenso. Es, junto a la reciente irrupción de canteranos como De Marcos y Reguero, el único aspecto positivo de otro ejercicio desquiciante.
El grado de irritación en Mendizorroza llegó a su punto álgido ante el Albacete (0-2). Otro 'partido-regalo' frente a un adversario directo en la lucha por la supervivencia. Un número importante de espectadores abandonó el campo antes de tiempo ante la incapacidad albiazul frente a un rival en inferioridad numérica. Con el pitido final llegó una bronca generalizada. Si el Alavés nunca ha logrado frenar la sangría en su sistema defensivo -34 goles encajados en 21 partidos-, la chispa atacante del inicio del campeonato se ha diluido. Un cóctel que sólo invita al pavor.
Hasta el momento, el cambio de técnico que llegó con el final de 2008 y la entrada en el nuevo año tampoco ha surtido el efecto deseado. El desplome que se inició con José María Salmerón ha continuado en los cuatro encuentros con Manix Mandiola al frente de las operaciones. Tres puntos -con bastante fortuna en Alicante- de doce posibles son el bagage del nuevo cuerpo técnico.
Ni uno ni otro entrenador han logrado convertir al Alavés en un equipo mínimamente sólido. Es decir, que las evidentes limitaciones de la plantilla se maquillen con organización, contundencia y sacrificio colectivo. Más bien ha sucedido al contrario. El cuadro albiazul, sobre todo en Mendizorroza, ha protagonizado un suicidio tras otro. A cualquier rival le basta esperar a que aparezcan los errores albiazules de colocación o concentración.
Pese a que -vistos ya todos los adversarios- no parece descabellado pensar que el cuadro vitoriano ocupa una posición en la tabla cercana a la que le corresponde por potencial, la puesta en escena en un buen número de partidos ha provocado vergüenza ajena.
Final del mercado
La reflexión es obligada para la plantila y también para el club y la secretaría técnica que dirige Javier Pérez ante una semana en la que concluye el mercado de invierno y, con él, la posibilidad de lograr refuerzos para afrontar la segunda vuelta de la competición que arranca el domingo frente al Salamanca. Pese a las limitaciones económicas y la reciente llegada de Pablo De Lucas y Dani Castellano, el Alavés pide a gritos más refuerzos.
El club albiazul sigue en busca de un delantero para competir con el 'desaparecido' Javi Guerra, aunque también podría realizar alguna otra operación antes de que concluya el plazo de fichajes el próximo sábado 31. Al menos, así se barajaba tras la última derrota ante el Albacete.
Un nuevo tropiezo que ha dejado a la escuadra albiazul con 23 puntos, uno menos que la temporada pasada y siete menos que en la 2006-2007. Después de dos salvaciones agónicas consecutivas, el Alavés se ha metido en otro gran problema y le quedan 21 partidos para resolverlo.