Los alumnos no han pasado aún la mitad de las hojas de sus libros de texto y muchos padres piensan ya en la llegada del siguiente año escolar. El próximo curso, las familias que residen en Zabalgana podrán llevar a sus hijos al nuevo colegio del barrio, que se levanta en la Avenida de las Naciones Unidas. «Cuando vinimos había un vacío terrible y tuvimos que repartir a nuestros niños por otras escuelas de la ciudad», recuerda Roberto Vitoria, vocal de Amezti-Txiki, la asociación de madres y padres del centro.
Sin embargo, la docena de miembros que compone ya el grupo trabaja estos días «con ilusión». Sus hijos dejarán en pocos meses de pegarse grandes madrugones para llegar a tiempo a la escuela, que estará en su mismo distrito. Al nuevo colegio podrán acudir 195 alumnos repartidos entre los diferentes niveles de Educación Infantil -dirigida a niños de dos a cinco años- y un sólo curso de Educación Primaria para los que hayan cumplido los seis. Todos ellos recibirán una enseñanza en el llamado modelo de inmersión en euskera y, a partir de los cuatro años, comenzarán además a aprender inglés.
Pero antes de pisar las nuevas instalaciones deberán pasar por el obligado papeleo para su matriculación en el C.E.P. Zabalgana. El periodo para inscribirse quedará abierto del 2 al 13 de febrero y se realizará en el colegio Pío Baroja, ubicado en el número 1 de La Habana, donde muchos de esos pequeños cursan ahora sus estudios. «Los 85 matriculados en esta escuela, mientras la de Zabalgana estaba en obras, tienen la plaza asegurada, se les renueva de forma automática para el nuevo centro», explican desde Amezti-Txiki. Los componentes de esta asociación confían en una alta demanda de plazas e incluso esperan quedarse «cortos» para poder aumentar la oferta en cursos venideros.
Pero su mente no va todavía más allá del curso 2009-2010. Las obras del nuevo centro aún no han acabado, pero en el edificio en obras se distingue ya un bloque «moderno». Lo mejor, sin embargo, parece esconderse en su interior.
Jardín japonés
«Los tres pisos están adaptados a todas las necesidades de accesibilidad. Las aulas son amplias, con mucha luz y hay hasta un jardín japonés», avanza Vitoria a los padres de los futuros alumnos. Además, se pondrá en marcha un servicio de comedor y habrá también un parking, con espacio para autobuses, para evitar que «los niños tengan que bajar y subir en medio de la carretera».
Estos detalles tal vez no interesen a los pequeños, más preocupados a esas edades en divertirse con sus compañeros de clase. Para ello, se ha instalado una zona de juegos -a la que se sale directamente de las aulas sin pasar por los pasillos- con columpios y suelo acolchado.