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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Sociedad

GENERAL

Bomberos, Policía y Protección Civil trabajaron a destajo ante los cientos de incidentes que el paso del ciclón provocó en Euskadi

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Miles de clientes de Iberdrola siguen a esta hora sin suministro eléctrico como consecuencia del temporal de viento de ayer, según ha informado la empresa en un comunicado. Alrededor de 200.000 personas se vieron afectadas en el País Vasco por la falta de servicio eléctrico en el punto máximo del temporal que azotó esta comunidad en la madrugada de ayer, con vientos de hasta 167 kilómetros por hora.
Iberdrola ha ido restableciendo el suministro a medida que sus trabajadores -han sido movilizados más de 600 empleados- han reparado los daños. La compañía ha destacado que ha restablecido "más del 85% del suministro eléctrico afectado por el temporal en menos de 24 horas", y ha añadido que a "las 20:00 horas de hoy quedan alrededor de 8.000 clientes sin servicio eléctrico en el País Vasco".
Iberdrola ha previsto que serán unos 1.500 clientes, dispersos en varios municipios de Vizcaya, los que se quedarán sin suministro hasta mañana". Asimismo, el departamento vasco de Interior ha explicado que un helicóptero de la Ertzaintza, con personal de Iberdrola a bordo, ha realizado esta tarde un vuelo de reconocimiento en la comarca vizcaína de Lea Artibai con el objetivo de determinar los tramos de la red de alta tensión afectados por el temporal.
El ciclón
El ciclón que ayer cruzó Euskadi arrasando fachadas, árboles, cortando la luz y aterrorizando a los ciudadanos que tuvieron que ser desalojados de sus viviendas ha mantenido en tensión a los servicios de emergencia, particularmente a los bomberos. «En vilo y sin dormir», así resumía a media tarde de ayer un responsable de Protección Civil las horas vividas. Sólo el servicio de emergencias de SOS Deiak recibió más de 4.300 llamadas por incidencias. En Vizcaya, los Bomberos de la Diputación tuvieron que realizar unas cien salidas a partir de la medianoche del viernes. Las mismas que en Vitoria. Todos los efectivos se reforzaron y las guardias se doblaron ante la situación inédita de alerta.
A las ocho de la mañana, los bomberos Javier y Óscar entraban junto a los compañeros de turno en el Parque que la Diputación mantiene en Artaza (Leioa) para dar el relevo a sus compañeros que habían trabajado toda la noche. Los ocho municipios a los que ofrece cobertura, entre los que se encuentra Getxo, Sopelana y Plentzia, habían sido algunos de los más afectados por los fuertes vientos. Balconadas enteras arrancadas, árboles desgajados y semáforos tumbados fueron algunas de las incidencias en las que tuvieron que intervenir. Sólo el azar quiso que ninguno de estos incidentes provocara daños personales.
La tragedia, sin embargo, pudo haber ocurrido en un domicilio particular de la calle Landabarri de Leioa cuando a las seis de la mañana el viento huracanado que soplaba desde la costa hizo ceder completamente una pesada chimenea reforzada de ladrillo. Debajo dormía un niño de siete años que salió ileso. «¡Mi hijo!», gritó Amador al despertarse asustado por un estruendo «igual que una bomba». La cubierta de cemento de varias decenas de kilos de peso que protegía la boca se estrelló en la terraza de la vivienda mientras que el tejado quedó completamente destrozado. A mediodía, los dos bomberos de Artaza desguazaban los restos de la chimenea. Era entonces la duodécima salida desde el inicio de su turno.
Tampoco pararon los bomberos guipuzcoanos. Sus ocho parques realizaron en conjunto más de 150 salidas para atender las situaciones de peligro y desperfectos. Los vientos de casi 160 kilómetros por hora que se registraron provocaron caídas de antenas y árboles. En Álava, se dio la situación de que pequeños parques de bomberos, como los de Espejo y Laguardia, realizaron por primera vez en su historia intervenciones nocturnas por la caída de árboles en las carreteras. En Vitoria, los vientos afectaron a cornisas, balcones y contenedores y derribaron cinco árboles en céntricos parques como La Florida y el Paseo de la Senda, frente a Ajuria Enea. Esto provocó que sus unidades de bomberos realizaran unas cien salidas desde la noche y hasta última hora de la tarde.
EN EL PUERTO, EN VELA
La calma que precede a la tempestad es tiempo de oro en el mar. Y a contrarreloj trabajaron el viernes un centenar de operarios del Puerto de Bilbao para poner a resguardo casi una treintena de buques y evitar su exposición al temporal más violento que los veteranos recuerdan en años. «Ha sido muy serio», asegura Joserra Marín. Es práctico mayor del Puerto y lleva 18 de sus 51 años guiando mercantes para entrar y salir de los muelles.
Aunque trabaja con embarcaciones de gran tonelaje, su tarea es minuciosa, como la de un relojero que se afana con piezas milimétricas. Y el mecanismo funcionó. «Sólo se ha soltado un amarre de madrugada». Ése es el final de una historia que comenzó a escribirse el jueves por la mañana, cuando arrancaron los preparativos para hacer frente al ciclón. Aquella jornada entraron y salieron barcos del puerto y se ajustaron los tiempos de carga y descarga al temporal que iba a llegar. El viernes comenzó la evacuación de los buques. Se pusieron de tope las once de la noche para sacar los mercantes del Abra exterior, la zona más expuesta a la tempestad, y amarrarlos en la ría entre Santurtzi y Zorroza y en los muelles más abrigados de Santurtzi, las zonas seguras.
Prácticos, remolcadores, amarradores y demás personal involucrado en estas tareas sumaron un centenar de personas trabajando para garantizar la seguridad de los barcos. Catorce petroleros y portacontenedores se sacaron a 10 millas. «Son buques grandes de 250 metros de eslora que pueden capear fuera el temporal», explican desde el Puerto. No así los mercantes más pequeños, «que necesitan estar al abrigo». De ésos hubo que derivar 26 a las zonas seguras. Once amarraron en la ría y quince en los muelles de Santurtzi más cercanos al pueblo.
Pero amarrar un barco no es lo mismo que aparcar un coche. Y aquí intervienen los prácticos y otros profesionales, «los lazarillos de los puertos», dice Joserra. El suyo ya es un trabajo complicado en condiciones normales, más aún cuando son adversas. «Lo pasamos mal pero no hubo riesgo». Sí dificultades, como las que entraña maniobrar con un barco de 230 metros de eslora y 100.000 toneladas de peso, el más grande de los que atracaron en Santurtzi, todos con los amarres redoblados. El resto eran más pequeños, «de 25.000 toneladas, casi juguetes».
A salvo de aguas bravas, esperaron «el pico del ciclón», que se presentó avanzada ya la madrugada del sábado, traducido en «olas de hasta 13,4 metros». Sólo un barco tuvo problemas. Se le soltó el amarre sobre las 5 de la mañana y para allá se fue el equipo de guardia. No hubo más incidencias y ayer pudo salir un buque de Santurtzi. Esta medianoche esperan otro temporal en el mar.
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