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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Sociedad

Los efectos del temporal

El temporal pasa a 180 kilómetros por hora sin dejar daños personales
25.01.09 -

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Media Euskadi amaneció a oscuras y al asomarse a la ventana contempló un escenario de ramas y árboles caídos, contenedores volcados, tejas rotas y en el litoral, una mar aún enrabietada. Miles de vascos también sufrieron el parón generalizado del transporte terrestre y aéreo. Otros tuvieron que hacer recuento de daños en sus propiedades, casas o coches y algunos pocos pasaron el infortunio de tener que ser desalojados, menos de un centenar, por serios desperfectos en sus viviendas.
El ciclón pasó por Euskadi de madrugada con vientos de hasta 180 kilómetros por hora en la mar -una máxima de 167 kilómetros en el interior, en Balmaseda-, lo que levantó olas de hasta 21,5 metros en Matxitxako, un valor absolutamente inédito en las estadísticas que se acumulan en las administraciones vascas. No dejó ningún daño personal de relevancia. La mayor movilización preventiva por una emergencia desplegada nunca en el territorio «funcionó a la perfección», valoró el Gobierno vasco, en buena parte «gracias a que los ciudadanos hicieron caso» de las severas recomendaciones lanzadas el viernes por las administraciones, que preveían para la madrugada «el fenómeno meteorológico más adverso al que se ha enfrentado Euskadi en los últimos años».
Debido a que se desarrolló prácticamente de noche, a algunos quizá les quede la duda de si fue para tanto, pero el temporal -«realmente fue un ciclón», subrayó ayer el Departamento de Interior, para disuadir a los escépticos- trastocó la jornada del sábado a la práctica totalidad de la población. De entrada, tuvieron suerte quienes se levantaron y pudieron ducharse con agua caliente o encender la televisión. Los cortes de luz por incidencias en la línea de alta tensión afectaron a 200.000 abonados en el momento de mayor incidencia, sobre las seis de la mañana, lo que significa que más de medio millón de personas en 70 localidades de los tres territorios carecía en ese momento de fluido eléctrico. Los cortes se prolongaron hasta bien entrada la mañana -cuando persistían 120.000 hogares vascos sin luz-, mientras un ejército de 500 operarios, dijo Iberdrola, se afanaba en recuperar la normalidad. Sobre todo, había que retirar los árboles que habían arrastrado cables en su caída y devolver la red de alta a su estado operativo habitual. Por la tarde, 44.000 familias aún se alumbraban con velas.
Lo peor del temporal llegó primero a Álava, que lo sufrió entre las doce de la noche y las dos de la madrugada. En este territorio se vivió también un fenómeno de viento Suroeste a última hora de la tarde de ayer no relacionado con el ciclón y que anticipó su incidencia.
En Vizcaya y Guipúzcoa, el fenómeno de ciclogénesis explosiva se dejó notar un poco después y tuvo su punto álgido sobre las 5.30 horas. Es en ese momento cuando se registraron los valores máximos en la fuerza del viento: 183 kilómetros por hora en Matxitxako; 167 en el monte Garbea (Balmaseda); 160 en Jaizkibel y 158 en Oiz. En las capitales, San Sebastián marcó el tope con 126 kilómetros por hora. Vitoria sufrió 115 y Bilbao, 101. Tal fuerza del viento levantó gigantescas olas de hasta 21,5 metros como las detectadas por la boya marina de Matxitxako. En San Sebastián alcanzaron 15 metros y en Pasaia, 9,8. La forma escalonada en la que se presentaron las incidencias permitió abordarlas de una manera más eficiente, según los responsables de la mesa de crisis. «Cuando prácticamente se terminaron en Álava, arrancaron en Vizcaya y Guipúzcoa, lo que permitió centrar los esfuerzos de forma consecutiva en un territorio y en los otros».
La viceconsejera de Interior, María del Yermo Urquijo, calificó de «absolutamente inusual» el comportamiento registrado en las Encartaciones, donde los fortísimos vientos derribaron árboles. La caída de uno de ellos obligó a evacuar dos caseríos. También se hubo de proceder al realojo de 60 personas en Basauri por los destrozos que el viento provocó en sus bloques de los barrios de Azparren y San Miguel. Fueron trasladados a un colegio y pudieron regresar a sus casas por la mañana. En Getxo, las rachas arrancaron de cuajo un mirador en la plaza Satistegi y arrastraron un pequeño velero a la playa de la Bola. En los barrios de San Miguel y Arene de Bermeo el viento levantó tejados, lo mismo que ocurrió en Bakio. Prácticamente todos los pueblos de Euskadi sufrieron desperfectos de esta índole. La teniente de alcalde de Plentzia, Silvia López de Guereñu, fue una de las afectadas por la caída de un árbol en su urbanización: «Mi familia y yo hemos tenido mucha suerte. Ha caído al lado de nuestra casa. Si nos cae encima, no sé lo que hubiera pasado», narró a este diario. Un desprendimiento obligó a cerrar el polideportivo Ipurua de Eibar -donde debía jugar por la tarde el Arrate de balonmano-.
La flota, a refugio
La afección de las rachas de viento huracanado y del fuerte oleaje a la franja de costa fue un motivo de preocupación máxima para los responsables de la Administración a lo largo de la jornada anterior y de toda la noche. Finalmente, el comportamiento prudente de los arrantzales y de los aficionados a los deportes náuticos hizo que apenas se registraran incidencias serias. La flota permaneció amarrada a refugio en los puertos de Bilbao y Pasaia, mientras las pequeñas naves de recreo aguantaron con bravura la tempestad. En Santurtzi se rompieron dos de los 'fingers' de los pantalanes en el puerto, lo que causó «gran preocupación» entre los propietarios de las embarcaciones, según señalaron algunos. En Bermeo, «tocó hacer guardia», se resignaron los arrantzales, que trasnocharon para velar por sus naves. En San Sebastián, donde la alerta por fuerte oleaje se mantuvo todo el día, los daños fueron «limitados», se felicitaron los responsables municipales.
En total, entre las 19.00 horas del viernes y las 11.00 horas del sábado, la centralita de Sos Deiak recibió 4.328 llamadas de emergencia. Casi 1.200 de ellas se referían a «incidencias que hubo que resolver», afirmó Urquijo. La viceconsejera agradeció la actitud de los vascos por seguir «a la perfección» las recomendaciones emitidas la víspera, lo que evitó muchas situaciones de peligro y permitió que los daños personales fueran prácticamente nulos.
Transporte a medio gas
Los vascos que tuvieron que atender por la mañana de ayer actividades profesionales o de ocio se las vieron con los problemas en los medios de transporte, que fueron generalizados sobre todo por las rachas de viento o por la caída de árboles, ramas y otros objetos sobre las vías de circulación. Los aeropuertos de Loiu y Hondarribia fueron un rosario de vuelos cancelados: al menos 27 en Bilbao y 12 en San Sebastián. Foronda estuvo operativo. En las carreteras no se produjeron accidentes significativos, salvo una colisión con dos heridos leves provocada por la caída de un panel en la AP-1, a la altura de Soraluze.
Se mantuvieron cerrados los tramos de costa más peligrosos, como la N-634 entre Zarautz y Zumaia, y se adoptaron decisiones en otros puntos de la red cuando arreciaba el temporal, como la clausura momentánea del puente de Rontegi cuando las rachas eran mayores.
El transporte público se encontró con numerosos problemas para dar servicio en las primeras horas de la jornada. Metro Bilbao pudo arrancar a las seis de la mañana, pero pronto tuvo que desistir por los árboles y otros objetos caídos en parte de la línea en superficie. Durante buena parte de la mañana el servicio estuvo cortado y no pudo normalizar la totalidad de las conexiones hasta el mediodía. Con los trenes de Euskotren pasó tres cuartos de lo mismo. Feve también sufrió interrupciones en su servicio Bilbao-Balmaseda. También el tranvía bilbaíno estuvo sin circulación durante buena parte de la mañana, debido a que un árbol cayó sobre la catenaria. El recién estrenado tranvía de Vitoria sí circuló con normalidad.
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