La simple mención de una hipotética victoria del PSE en las elecciones del 1 de marzo se ha convertido en tabú en Sabin Etxea. Mucho más aún la posibilidad de respaldar en ese supuesto a Patxi López, de la que los jeltzales no quieren ni oír hablar al menos hasta que se cierren las urnas, aunque se da prácticamente por una opción descartada dado el abismo que existe todavía entre ambas formaciones y la convicción del EBB de que López se valdrá, si puede, de los votos del PP para salir elegido.
Convencidos de que admitir siquiera como factible un triunfo socialista supondría transmitir al electorado una imagen de derrota anticipada, los estrategas peneuvistas han decidido desterrar de la campaña las especulaciones sobre pactos, escenarios postelectorales y el hipotético acuerdo transversal PNV-PSE que buena parte de sus rivales -EA, sobre todo, pero también el PP y la izquierda abertzale- denuncian cada vez que tienen ocasión.
Es significativo cómo, en una entrevista publicada en este periódico hace dos semanas, el líder del PNV en Vizcaya, Andoni Ortuzar, a la pregunta de si su partido contemplaba ganar los comicios en votos y en escaños, respondía: «Sí. En votos, por supuesto». Ortuzar también achacaba al PSE la responsabilidad en la ruptura de los puentes con la formación nacionalista tras su salida del Gobierno de Ardanza en 1998 para explicar las dificultades de un posible pacto con los socialistas.
El pasado domingo, en cambio, Iñigo Urkullu declaraba: «No contemplo otra hipótesis que ganar en votos y en escaños y que Ibarretxe sea lehendakari» y se negaba a pronunciarse sobre posibles alianzas de gobierno, no ya con los socialistas, sino tampoco con EA y EB, con quienes los jeltzales se mostrarían «más exigentes» en la próxima legislatura en caso de que la suma del tripartito resultase suficiente para hacer prosperar la investidura de Ibarretxe.
Insistía asimismo en que el «eje central» en Euskadi lo representa en exclusiva el PNV y aventuraba incluso la hipótesis de un Ejecutivo jeltzale en solitario y en minoría. El propio Ortuzar declaraba también esta semana que su partido no trabaja con «otra posibilidad» que no sea un triunfo de su candidato.
'Munición' para el rival
Según distintos medios consultados, los burukides del EBB han llegado a la conclusión de que dar pábulo a los debates sobre las diversas vías para garantizar la gobernabilidad del país no hace sino 'regalar' 'munición' a sus rivales para subrayar la supuesta debilidad del PNV. No en vano, ése es uno de los principales argumentos que han manejado el PSOE y el PSE.
Los socialistas han interpretado, por ejemplo, las acusaciones de Iñigo Urkullu sobre la utilización de la Ley de Partidos para propiciar la llegada de Patxi López a la Lehendakaritza como un comportamiento propio de un «perdedor», aunque los jeltzales no dudan en propagar la idea de que la presencia o ausencia de la izquierda radical se decidirá en el último minuto en función de la evolución de López en las encuestas.
Los jeltzales admiten desde hace tiempo en privado lo ajustado de la contienda e incluso la posibilidad de que el PSE les aventaje en número de representantes en la Cámara vasca, máxime teniendo en cuenta que el sistema proporcional reparte 25 escaños por territorio, aunque están seguros de ir recuperando terreno en las encuestas en las que, creen, el PSE habría tocado ya su techo. En sus cálculos sólo barajan, en principio, dos opciones: que a Ibarretxe le den los números para reeditar el tripartito con la posible incorporación de Aralar o que el PP sume sus escaños a los del PSE para apoyar la investidura de López.
De hecho, la práctica totalidad de los sondeos vaticina que socialistas y populares sumarán 38 escaños o más sin la concurrencia de los sucesores de Batasuna. En todo caso, el escenario está abierto a posibles cambios de estrategia de los actores -EA, EB, Aralar o incluso UPD podrían hacer variar el panorama si se resitúan- teniendo en cuenta que en segunda vuelta sólo se requiere mayoría simple para ser investido.
Con ese panorama, la posibilidad de un acuerdo PNV-PSE capaz de romper la dinámica de bloques y proporcionar estabilidad al país ha planeado desde hace meses sobre la precampaña vasca, alentada desde otras formaciones políticas y rehuida por sus protagonistas. Hace algo más de una semana, el portavoz parlamentario peneuvista en el Congreso, Josu Erkoreka, dejó abierta una pequeña rendija a la posibilidad de apoyar a un López vencedor para garantizar la buena marcha de Euskadi en tiempos de crisis. «Esa posibilidad no se contempla ni de lejos en el argumentario», han zanjado posteriormente fuentes del partido. Urkullu también ha descartado tajantemente cualquier acercamiento al PSE y ésa será la postura oficial del EBB al menos hasta el 1 de marzo.
La presión soberanista
Cumplida la cita electoral, no es ningún secreto que sectores jeltzales serían partidarios de al menos explorar esa vía, aunque López ya ha dejado claro que no será vicelehendakari en un Gobierno presidido por el PNV. Todos los medios consultados dan casi por descartada la hipótesis de que esta formación pudiera ejercer de segundo de a bordo en un Ejecutivo de López y subrayan la «presión» que los dirigentes jeltzales más identificados con el soberanismo -con el propio Ibarretxe y Joseba Egibar a la cabeza- ejercerían para abortar cualquier movimiento en ese sentido.
Por eso, por el momento, el PNV concentrará todas sus energías en presentarse como el único partido capaz de garantizar el desarrollo del autogobierno. Asimismo, seguirá denunciando el supuesto acuerdo tácito entre las formaciones no nacionalistas para desbancar a Ibarretxe y las presuntas carencias de un López a quien intentarán presentar como dependiente de Madrid.
La campaña, que girará en torno a la figura del lehendakari -incluso, será protagonista de uno de los eslóganes-, combinará el discurso centrado en el combate contra la crisis y el logro de la paz que ha querido priorizar la dirección peneuvista con la defensa del derecho a decidir y del pacto bilateral con el Estado para lograr un nuevo estatus vasco, que, en todo caso, también se contempla en la ponencia política del partido y en las conclusiones del 'Think Gaur'.
Informes jurídicos
El equilibrio entre pragmatismo y soberanismo quedará perfectamente retratado en el papel de la consulta en campaña, que se prevé escaso pero no nulo. De hecho, el PNV está a la espera de los informes jurídicos que ha encargado a un prestigioso bufete de abogados sobre la viabilidad de la denuncia contra el Estado ante el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo para presentarla definitivamente.
Medios oficiales del PNV creen que «lo lógico» es que la demanda, efectivamente se interponga, incluso antes de que dé comienzo la campaña, aunque no tomarán una decisión definitiva hasta tener en su poder la opinión de los expertos jurídicos, de la que esperan disponer a finales de este mes. El plazo, en todo caso, no expira hasta mediados de marzo, seis meses después de la sentencia del Constitucional que anuló la ley de consulta impulsada por Ibarretxe.
Aunque el PNV enfrió considerablemente el alcance de una iniciativa que el lehendakari anunció solemnemente a principios del pasado otoño, es consciente de que dejarla en el olvido no sólo supondría «defraudar» a los miles de simpatizantes que la han apoyado con su firma desde entonces, sino también hacerle el juego a EA, que aprovecharía la ocasión para insistir en el supuesto abandono de la vía soberanista por parte del PNV. Por el momento, y aunque Aintzane Ezenarro anunció que Aralar interpondría la demanda por su cuenta y riesgo, los jeltzales ya han acordado con la formación de Patxi Zabaleta coordinar sus actuaciones.