Los problemas domésticos han desviado la atención de la precampaña electoral en el seno de Eusko Alkartasuna. La controvertida confección de las candidaturas a los comicios autonómicos del 1 de marzo ha abierto un nuevo flanco en la formación socialdemócrata. Nada nuevo, por otra parte, para un partido acostumbrado a los sobresaltos que cíclicamente le surgen desde el sector crítico, dominante en el territorio guipuzcoano. Lo excepcional de esta ocasión es la oportunidad del momento, en vísperas electorales. Superado el mal trago, dirigentes y militantes cierran filas en busca de los votos que les permitan conformar una fuerza independentista consolidada en el Parlamento vasco.
La historia se repite. La designación dentro de la asamblea nacional, a instancias de la ejecutiva, de Jesús María Larrazabal como cabeza de lista por Guipúzcoa, en contra del criterio de la dirección de este territorio, ha reabierto viejas heridas en el partido, que se creían cicatrizadas tras el congreso de diciembre de 2007 que eligió a Unai Ziarreta como nuevo presidente.
En aquel cónclave se alcanzó el compromiso de integrar a las dos sensibilidades de la formación. Un acuerdo que la ejecutiva guipuzcoana considera quebrado al no haber sido atendidas sus propuestas en la conformación de las listas y quedar marginados en las planchas tras no aceptar ir en un tercer puesto. La elección de Unai Ziarreta y Rafa Larrina como cabezas de cartel en Vizcaya y Álava no ha generado contratiempos y, aun así, la votación final registró un rechazo del 25% de la asamblea, correspondiente a la corriente crítica liderada por el presidente del partido en Guipúzcoa y diputado foral de Deportes y Acción Exterior, Iñaki Galdos.
La lucha de poder tiene que ver con el control y el alineamiento del futuro grupo parlamentario, clave para marcar la relación interna de fuerzas en EA. En el fondo, no obstante, subyace el temor a un hipotético retroceso electoral que deje fuera de la Cámara a los candidatos que no ocupen los primeros puestos.
Esta situación, vivida con relativa naturalidad -por conocida- desde dentro, es vista desde fuera como síntoma de improvisación. Además, las discrepancias procedentes del sector crítico se han multiplicado en los últimos meses, desde que mostrara sus reticencias a la decisión de concurrir en solitario a los comicios y no en coalición con el PNV por primera vez desde 1998.
Más recientemente, concejales de EA afines a esta corriente afearon la actitud de sus compañeros de siglas que gobiernan con ANV. Estas actuaciones han llevado a algunos militantes a censurar los procedimientos de los críticos guipuzcoanos, que consideran «sobredimensionados» por «no lavar los 'trapos sucios' en casa» . El PNV, por ejemplo, ha aprovechado esta última disensión para denunciar las distintas formas de actuar de EA ante situaciones semejantes en los ayuntamientos de Azpeitia, donde apoyaron el desalojo de ANV de la Alcaldía, y de Busturia, donde cedieron el mando a los aeneuvistas.
El tiempo perdido
Conscientes del tiempo perdido en disputas internas mientras sus rivales encadenaban actos electorales, la dirección de EA apela a la lealtad y unidad de sus afiliados para recuperar el pulso de la campaña, con el camino «despejado». Ya han replicado al PNV que sus críticas reflejan la «prepotencia» de los jeltzales. «Somos un referente y por eso se meten con nosotros», subrayan fuentes cercanas a la dirección.
Los mismos medios se muestran optimistas ante la convocatoria electoral y vaticinan que obtendrán entre cinco y siete parlamentarios. Los sondeos son más pesimistas y en el mejor de los casos conceden a EA cinco escaños. Su estrategia electoral irá enfocada a movilizar a los abstencionistas «desencantados» en las últimas citas con las urnas.
Para ello, tratarán de atraer a los sectores más soberanistas del PNV, que se sientan «frustrados» por la «involución» marcada por el presidente jeltzale, Iñigo Urkullu, hacia posiciones más centradas. La defensa de un «polo soberanista» y del independentismo constituirán las banderas electorales de Eusko Alkartasuna y ahí esperan encontrar a antiguos votantes «hastiados» de la izquierda abertzale.