Todos los testimonios que siguen coinciden en que las crisis no son buenas para nadie. Aunque también reconocen que son peores para unos que para otros. Mientras cientos de empresas cierran o malviven, miles de trabajadores se quedan en la calle o en un extraño limbo laboral y la mayoría de los ciudadanos temerosos hace equilibrios para llegar a fin de mes, un reducido grupo de elegidos se mantiene a flote. Incluso ve crecer su negocio. En unos casos, porque dan respuesta a los conflictos que plantea el bache económico. En otros, porque ofrecen servicios que se vuelven atractivos en tiempos difíciles. A continuación, las excepciones a la crisis.
EL MUNDO JUDICIAL
Abogados y administradores
Desbordados por el aumento de procesos
Por supuesto, crisis es sinónimo de problemas, y problemas es sinónimo de juzgado. Los procesos judiciales se han disparado en los últimos seis meses, y hay pruebas de ello. Por ejemplo, en Bilbao. Según las estadísticas del juez decano, Alfonso González Guija, los procesos laborales pasaron de 9.000 en 2007 a 12.000 el año pasado. Y los monitorios, aquellos que se impulsan para reclamar cantidades inferiores a 30.000 euros, pasaron de 3.700 a 4.800. El contraste es aún mayor si se tiene en cuenta que «hasta el mes de junio los números eran parecidos en ambos ejercicios». Fue a partir del ecuador del año, sobre todo después del verano, cuando el asunto se desmadró.
Así pues, el primer colectivo que ve crecer su negocio es el de los abogados. «Es cierto», reconocen portavoces de los colegios profesionales. Procesos laborales, monitorios, impagados y asuntos concursales son las estrellas en los despachos. Pero cuidado, «hay más morosidad, pero menos cobros». Dicen los letrados que con la crisis se ha disparado el trabajo pero no necesariamente los ingresos, ya que buena parte de sus clientes también les quedan debiendo dinero o piden hacer frente a la minuta en cómodos plazos. De hecho, muchos abogados han habilitado herramientas informáticas para llevar la cuenta de sus propios morosos, algo que «antes no pasaba».
Desde los colegios ponen más peros a una situación, en principio, ventajosa para los letrados. Por ejemplo, que hay más litigios pero, incluso en caso de salir victoriosos, «no hay de dónde cobrar». Un fenómeno que, en ocasiones, lleva a que aún con garantías de ganar, no inicien el proceso ante la certidumbre de que no habrá manera de que el condenado haga frente a sus deudas.
Pero en los procesos judiciales hay más profesionales implicados. Sobre todo, en las suspensiones de pagos. Durante el año pasado 205 empresas entraron en un proceso concursal en el País Vasco, el doble que en 2007. Así que administradores concursales, como el economista Ángel Toña, se han visto «desbordados». Este cotizado profesional también es mediador en conflictos colectivos, otro 'sector' al alza en estos tiempos. Los últimos datos del Consejo de Relaciones Laborales (CRL) son de noviembre y ya a esas alturas del año pasado los casos habían subido hasta los 363 en la comunidad autónoma, un 16,3% más que en 2007. Aunque aquí no estamos hablando sólo de números. «Hay que vivir estas situaciones intentando ver la cara y los ojos de quienes resultan afectados», recomienda Toña, que no pierde la perspectiva.
Persecución de morosos
También hay veces que, en vez de acudir al juzgado, o de manera complementaria, los acreedores se valen de mecanismos menos ortodoxos para cobrar sus deudas. Y, por ejemplo, acuden al Cobrador del Frac. «Desde septiembre se disparó la demanda de nuestros servicios», reconoce Esteban Gil, gerente de la empresa para la zona norte. «Y ahora, en enero, estamos doblando las cifras con respecto a las del año pasado». Esta delegación, con sede en Bilbao, 'persigue' ahora a unos mil morosos y «entran unos 300 al mes». Se trata, en un 50% de los casos, de asuntos vinculados con la construcción, aunque el abanico se abre cada vez más y afecta a empresarios de «hostelería, grandes distribuidores, suministros del sector industrial y hasta particulares».
Lo curioso del asunto es que en esta empresa creen que la mayor carga de trabajo está por llegar. «Aquí no trabajamos impagados, sino morosos. Y ahora se está generando deuda que en un año será morosa», pronostica Gil.
LA VIDA DE LAS COSAS
Talleres y reparaciones
Más arreglos para comprar menos
Cuando hay que apretarse el cinturón cambian los hábitos de consumo. Tras una década de artificial opulencia ha llegado el momento de controlar el gasto al milímetro, y eso se nota. Sobre todo, en el sector del automóvil. Durante 2008 las ventas de coches se desplomaron un 28% y la previsión es que este año la tendencia continúe. Los ciudadanos exprimen al máximo sus vehículos y hacen las reparaciones que sean necesarias antes de cambiarlos con la alegría que demostraban hasta hace poco. Y eso lo notan en los talleres.
Fernando Díaz, presidente de la asociación de talleres y carrocerías de Álava (Adeada), mantiene que las reparaciones han subido un 3% en 2008. Mientras, Jesús Hermosilla, presidente de la Federación Vizcaína de Empresas de Automoción (Feva), prefiere no echar las campanas al vuelo y se queda en que el volumen de negocio «se ha mantenido pese a la crisis», algo que ya de por sí es un logro. Eso sí, coincide en que «lo lógico sería que el trabajo subiese en el futuro». De momento, en los negocios ya han empezado a notar que los clientes «piden más presupuestos» en vez de la renuncia cándida, que antes era tan habitual, a conocer el coste de la reparación con antelación.
Naturalmente, también hay puntos oscuros. Dicen los profesionales del sector que, mientras aumentan los arreglos importantes -aquellos que antes animaban al propietario a cambiar de coche- se reducen las visitas rutinarias. Es decir, los conductores cada vez aguantan más con las ruedas medio gastadas, retrasan todo lo posible las revisiones rutinarias y dan menos importancia a ese toque de chapa antiestético pero inocuo.
No comprar un coche es una manera de ahorrar, pero hay muchas otras que son más cotidianas. Igual que ocurre con los vehículos, hay otros bienes de uso diario cuya vida se estira todo lo posible para evitar gastos prematuros y caprichosos que hasta hace poco eran vistos con condescendencia. Ya no. Lo sabe José Antonio Landeras. Es el propietario de El Remiendo Alavés, negocio con tres tiendas en Vitoria dedicado a reparaciones, «desde calzado a tiendas de campaña, maletas... Desde un bozal a un abrigo de visón», detalla el jefe. Su actividad ha crecido en los últimos meses «entre un 3% y un 5%, todo un logro con la que está cayendo...».
Landeras, además, tiene un taller para arreglos de ropa que también es un interesante lugar para medir el cambio de hábitos en el consumo. «Ahora, con las rebajas, estamos desbordados». En esta época de gangas, y con la crisis encima, «la gente se lleva cualquier cosa aunque le quede grande o estrecha. Muchos dicen, 'me llevo la marca, y ya arreglo luego la prenda'». Claro que esto ocurre todos los años. Sin embargo, este mes el negocio ha subido un 8% con respecto a la misma época de 2008.
LA CESTA DE LA COMPRA
Supermercados de descuento
La pujanza de lo barato y las marcas blancas
Y ahora entramos en el ámbito del consumo más habitual. ¿Cómo combatir a diario el zarpazo de la crisis? Comprando más barato. Así que los conocidos como supermercados de descuento están viviendo una buena temporada. «Estamos siendo más competitivos en un momento en el que para el cliente es más conveniente nuestra política de precios», reconoce Nieves Álvarez, directora de relaciones institucionales de Día. Así que, aunque aún no han cerrado los números de 2008 «estamos facturando bien y sí notamos que se ha incrementado el número de clientes». Hay otro aspecto que han notado en esta empresa: «Ha cambiado la composición de la cesta de la compra porque ha subido la venta de marcas blancas».
Son esos productos más baratos que no vienen lastrados por los gastos publicitarios. Y también despuntan en el Lidl, otra de las cadenas de descuento más presente en el País Vasco, con 20 establecimientos donde las marcas blancas suponen «el 90% de la oferta». Lo dice Miguel Herranz, gerente de ventas de la zona norte, cuya sede está en Vitoria. Aquí también ha aumentado el número de clientes, sobre todo «en el último trimestre de 2008, después de las vacaciones del verano». Eso sí, el repunte de ventas se circunscribe a los productos de alimentación. Porque «los productos de bazar (sartenes, vajillas, textil...) han bajado». La explicación es sencilla. Dice Herranz que estos últimos son artículos de «compra impulsiva. Hace un año sacabas a la venta una batería de cocina y se vendía rápido, porque la gente la compraba no porque la necesitase, sino para cambiar la vieja. Ahora, eso no ocurre».
Hay más cambios de hábitos. Varios estudios a nivel nacional apuntan a que durante 2008 ha aumentado la frecuencia en las visitas a los supermercados. En los últimos años los consumidores cada vez iban menos y optaban por realizar una gran compra mensual o semanal. La tendencia se rompió en los últimos doce meses, cuando crecieron las conocidas como 'cestas de necesidad inmediata'. Es decir, los compradores acuden al 'super' cuando lo necesitan y así evitan caer en vicios poco productivos que engordan el gasto a los que son más propensos cuando la factura es muy abultada.
DINERO POR ESTÉTICA
Electrodomésticos con tara
Inmigrantes y 'mercedes' en la puerta
Tal y como están las cosas, ahorrar en comida no es suficiente. Hay que buscar más alternativas. ¿Qué hacer si se rompe la nevera? ¿Y si la cocina expira tras años de servicio? Es un gasto imprevisto que las víctimas de la crisis han de dulcificar lo máximo posible. Por eso, en los últimos meses han florecido esas tiendas que comercializan electrodomésticos con taras: una rozadura, un golpe o cualquier ligera merma estética inhabilitan a un producto de marca prestigiosa para salir a la venta por los cauces habituales. Y acaba en uno de estos negocios con una rebaja del 30%. Como El almacén de Etxebarri, local vizcaíno situado en el polígono de Leguizamón y propiedad de Alberto Rodrigo. Desde el pasado verano sus ventas han aumentado «un 18%». Lo habitual era que sus clientes fuesen «gente joven con un trabajo que les da lo justito para vivir, jubilados e inmigrantes. En fin, quienes más tienen que mirar por el dinero».
Pero las cosas han cambiado y el negocio ha aumentado tanto su clientela como el perfil del comprador. «Hay veces que llegas aquí y ves cinco 'mercedes' aparcados en la puerta», revela Rodrigo. También han detectado que el personal es cada vez más meticuloso. «La gente viene aquí, luego se va a comparar y, a las dos horas, regresa para hacer la compra».
Por supuesto, no se acaba aquí la lista de actividades y sectores que florecen con la crisis: las casas de empeños, los negocios de productos de segunda mano, los restaurantes de comida rápida, las empresas para reunificación de deudas... Ellos ven la luz en momentos críticos, igual que muchas de las grandes fortunas del planeta han germinado en tiempos convulsos. Pero son excepciones. Además, lo repiten todos los protagonistas de estas líneas, el descalabro económico acaba por envenenarlo todo.