En estos tiempos de crisis merece la pena aflojar la billetera por encuentros como el de ayer. Más todavía si uno presume de baskonista. La alta joyería sobre el parqué del Buesa derivó en un apasionante espectáculo rubricado como siempre; con triunfo de los abnegados pupilos de Dusko Ivanovic. Pero es que esta oportunidad obligó a nuestro TAU Cerámica a desvivirse al máximo. Bailó sobre el alambre, tuvo que discurrir más rápido que nunca y, por todo ello, el regusto de este espléndido 100-90 resultó delicioso a más no poder.
En puertas de los grandes convites ('Top 16', Copa, ojalá que Berlín'09, 'play off'...) comparecencias como esta decimocuarta victoria en línea supo a gloria. Siempre ayudará más en el adelantadísimo proceso de ensamblaje azulgrana dos horas de tortura extrema que esas exhibiciones que transforman rivales con mandíbula de cristal en meros peleles. Sufriendo sabe mejor. Y se aprende una barbaridad.
La estupenda disposición del Unicaja, quien no obstante debería pensar en contratar ya algún curandero que aborte su nefasta racha contra el Baskonia; su peligrosísima profundidad de banquillo; la astuta pizarra de Aíto; o su capacidad para amoldarse tanto a la exigencia física como al acierto del vigente líder de la ACB depararon un duelo para enmarcar. De esos que atormentan al aficionado, le dejan sin uñas antes incluso de que expire el primer cuarto pero que, con el bocinazo final, le provocan un gozo pleno.
Fuerzas de flaqueza
La decimocuarta seguida -con lo que iguala su mejor racha de todos los tiempos en el torneo doméstico- forzó a que el inquilino de un Buesa encendido y fiel se estrujara la cabeza y buscara fuerzas de no se sabe dónde. Y es que la baja de Teletovic por anginas unida a la superioridad de la segunda línea cajista precisó de la mejor versión de las vigas maestras azulgranas.
Y ahí, los mejores mosqueteros demostraron que, aparte de talento, les mueve una ambición supina, sólo acorde al carácter que distingue a la entidad vitoriana. Por eso que, a los vahídos en el segundo cuarto -con Mickeal y Splitter reservados por las faltas y los reservas andaluces haciendo auténticas diabluras- y durante la primera mitad del último periodo -80-80, minuto 34-, siempre sobrevino una reacción en cadena. Bajo la 'marca Ivanovic'. Por puro empuje y cabezonería.
Luego, la exhibición de Rakocevic, quien crece treinta centímetros cuando olisquea al plantel de la Costa del Sol, completó la ecuación. De nada sirvió la explosividad de Haislip, quien se hinchó sin un defensor de similares características enfrente; los mates de Archibald; o las innumerables trampas defensivas preparadas por Aíto, un grande de este deporte.
De tú a tú
El TAU se conjuró para neutralizar cada embestida. Dio igual que Prigioni se enfadara al filo del descanso -¿cuántos meses hacía de su último partido sin dar una sola asistencia?-, que las faltas personales trastocaran algo sus planes o que los triples visitantes invalidaran su certera puntería.
Dada la magnitud del contrincante, el local interiorizó que tocaba un maratón. Y pruebas de semejante complejidad siempre deparan pequeñas pájaras a lo largo del itinerario. Las hubo, sobre todo por las excelencias verdes. Lo mejor es que el plantel azulgrana zurció sus descosidos a tiempo. Sin perder nunca la esperanza ni la fe en sí mismo. Se trata del rasgo que luego, cuando este tipo de partidos sí valgan su peso en oro, podría decantar la balanza hacia su lado. En eso anda el conjunto vitoriano, que tiene ya los 'ochomiles' a su vista. Ojalá le dure su estado de gracia.