Aimar Olaizola y Mendizabal II lograron un importante botín en su viaje a la localidad vallisoletana de Íscar. Derrotaron (22-10) a Olazabal II, muy cargado de nervios y precipitación, y a Abel Barriola, que esta vez no tuvo como compañero a su habitual delantero, Sebastien González, lesionado. González y su zaguero caminaban por el Parejas con la vitola de invictos. Daban la impresión de un dúo sólido y difícil de batir. Pero la felicidad no es perdurable ni en la vida ni en el deporte. Al francés vino a visitarle una bursistis y se rompió el casamiento con el de Leitza. Los técnicos llamaron al joven Mikel Olazabal para suplir la baja de Sebastien, un delantero con muchos recursos y una gran potencialidad.
El experimento era muy arriesgado y no funcionó. Aimar es mucho Aimar. Con su conocida profesionalidad, destapó con generosidad las carencias del chaval. Ahí estuvo la clave del partido. El desequilibrio en los cuadros cortos del frontón resultó estruendoso. El dominio que exhibió el de Goizueta, aplastante. Casi siempre le ganó la partida en el uno contra uno. Y, además, Olazabal tuvo un comportamiento desordenado. Falló siete pelotas tontas. Todas ellas debidas a su inmensa aceleración.
Achicar espacios
Barriola intentó multiplicarse, corriendo por todos los ángulos de la cancha y achicando espacios, pero no pudo ser. También es verdad que no ofreció su mejor versión. No tuvo el toque de otros días para poder pasar a dominar, y el material tampoco contribuyó a activar esa pegada de zurda que tantos problemas suele crear a sus rivales. Los de Asegarce tomaron la iniciativa desde el primer minuto (5-0, 5-2, 7-2, 7-3 y 19-3) y se intuía un resultado de escándalo. Al final espabiló Olazabal, y se pudo maquillar la hecatombe (22-10).
El 'becadero' fue el mejor. Definió nueve tantos y tres saques. A subrayar un dos paredes de zurda, tanto seis, y un gancho a resto de saque en las postrimerías del debate. Aunque conviene aclarar que tuvo un oponente sin pulso y sin ideas. Mendizabal se desenvolvió sin agobios. Olazabal acabó cuatro tantos y un saque. Exigua estadística para poder salir indemne de un encuentro de alto riesgo. La verdad es que este pelotari, llamado a estar arriba en un futuro próximo, fue una mala fotocopia de sus últimas intervenciones. Esta amarga experiencia le podrá servir para extraer conclusiones.