En media Liga, la que ayer se cumplió con el cierre de la primera vuelta, el Alavés ha logrado irritar a Mendizorroza a base de encadenar derrotas y actuaciones deprimentes. Desde hace meses, ni resultados, ni fútbol ofrece el conjunto alavesista, que amenaza ruina y ayer salió abucheado por su público después de otro suicidio futbolístico. La tercera derrota consecutiva en casa -tras Celta y Tenerife- dejó además el agravante de producirse ante el Albacete, un adversario directo en la pelea por la permanencia al que bastaron unos gramos de seriedad y acierto para aprovechar los errores locales.
El Alavés acumula en esta desesperante fase liguera, que comenzó en diciembre, todos los achaques entrevistos desde el arranque de la competición. El primero, quizás el más grave y que engloba a todos los demás, que es incapaz de sostenerse en pie ante cualquier partido de mínima exigencia. La manifiesta escasez de recursos técnicos dentro de la plantilla no encuentra camuflaje a través de una solidez general.
Ayer, una vez más, el trabajo colectivo hizo aguas. En veinte minutos iniciales de auténtico despropósito, la escuadra de Mandiola ni supo crear oportunidades, ni defender con solvencia su propia portería. A ello se une un estado de forma general de la plantilla que parece muy lejos del que hizo gala en el arranque del campeonato. De todas estas circunstancias, a las que se unen los nervios de un equipo atenazado por la clasificación, nace un Alavés atropellado cuyo escaso fútbol surge a borbotones, sin control y mucho menos remate.
Mientras el Albacete parecía ayer desempeñar su trabajo de forma natural -defender con muchos efectivos y contragolpear con velocidad-, la escuadra alavesista se perdía por completo en su incapacidad para apretar al adversario de una forma organizada. De nuevo el canterano Óscar de Marcos puso la escasa chispa en el ataque albiazul. Javi Guerra, despedido entre pitos por la grada, atraviesa uno de esos momentos planos de juego donde ni siquiera supone un peligro para el adversario. Su actitud, que nunca ha sido la de un 'nueve' batallador, acabó por consumir a los aficionados.
Pésimo arranque
Pero el partido se había evaporado mucho antes de que Mendizorroza expresase su irritación con el Alavés. Fue prácticamente en el arranque. Después de la victoria en Alicante -con un juego similar al de ayer- el conjunto vitoriano fue incapaz de trasladar al césped la sensación de que era una cita trascedental para su futuro. Resultó justo al revés. En seis minutos el Albacete acumuló dos ocasiones claras. Diego Costa indultó entonces a la escuadra vitoriana, pero el brasileño acertó a la tercera. Otro contragolpe que dejó en evidencia al sistema defensivo.
Mandiola, que recuperó finalmente a Cuevas y Javi Guerra, repitió en Mendizorroza el once inicial que sumó la pasada semana tres puntos en el Rico Pérez. Con Nacho Garro y Garitano como doble pivote de contención. En definitiva, un conjunto a priori armado en defensa y que dejaba en manos de cuatro futbolistas -Cuevas, Emilio Sánchez, De Marcos y Javi Guerra- la mayor parte de la tarea ofensiva. Pero el Alavés crujió de nuevo en las transiciones defensivas. El Albacete, con Toché y Diego Costa en punta y el joven Jaime como estilete en la izquierda, reventó las costuras albiazules. Para colmo, el 0-1 había llegado después de un balón que golpeó en la cabeza del árbitro y cortó una salida clara de la escuadra alavesista. A partir de ahí, falló el repliegue y una línea defensiva que tembló en exceso.
Dominio y nuevo regalo
El paso por el vestuario resultó clarificador para ambos equipos. El Alavés se vio obligado a dar varios pasos hacia adelante y arriesgar. El Albacete se ajustó a estas condiciones con una renuncia prácticamente completa al ataque. Claro que en su única llegada clara apareció otro regalo. Balón perdido en el centro del campo y combinación Diego Costa-Toché que la zaga alavesista volvió a permitir. 0-2 y bronca generalizada en Mendizorroza.
Mandiola recurrió entonces al dinamismo de Igor Martínez y del debutante Dani Castellano. Y durante una buena ración de minutos el Alavés movió la pelota con sentido y cierta velocidad ante un adversario pertrechado en su área. El cuadro vitoriano encontró las bandas, algunos recursos individuales y colocó innumerables balones sobre la portería rival. Con poca precisión, eso sí, y menos remate aún. Un cabezazo de De Marcos resultó la mejor ocasión. El debut de Reguero, otro de la factoría de Ibaia, coincidió ya con una bajada de tensión albiazul.
Un 0-2, en definitiva, que deja al Alavés con 23 pobres puntos en la primera vuelta. Aunque más allá de las estadísticas, el cuadro vitoriano causa ya desasosiego por su incapacidad para alcanzar de forma regular el mínimo exigible en Segunda División. En una semana donde concluye el mercado de contrataciones, el club deberá acertar si quiere ayudar a un equipo desorientado.