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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Álava

ÁLAVA

Las del centro son las mejor conservadas, mientras que las peores siguen siendo las situadas en Zaramaga, El Anglo y el Ensanche
25.01.09 -

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Si la calidad de Vitoria se midiera por el estado de sus plazas suspendería sin remedio. A punto de cumplirse un año desde que la remodelada Virgen Blanca estrenara su nuevo aspecto, un detallado examen por numerosos de estos espacios arroja resultados desalentadores al mostrar recintos afeados por multitud de pintadas, suciedad, bancos rotos o agrietados y fuentes salpicadas por desperdicios. Así lo ha comprobado EL CORREO, que ocho meses después, ha vuelto a visitar 28 glorietas diseminadas por toda la ciudad. De ellas, tan sólo ocho pasan la criba. En el resto, la mayoría mantienen o incluso han agravado los fallos que ya mostraban el pasado mayo.
Desperfectos que se hacen más notorios en los barrios periféricos, como es el caso de Zaramaga. Allí, en la plaza de Llodio, los vecinos y paseantes, mal que les pese, se han acostumbrado a convivir con la triste estampa del viejo kiosco, en desuso desde hace tiempo y al que el paso de los años le ha deparado un techo roto, barandillas oxidadas y pintadas. «Está hecho una pena, deberían haberlo quitado hace tiempo y poner algo en su lugar que le dé más vida a este espacio», exige Ricardo López, quien llama la atención sobre «algunas baldosas rotas y hasta una papelera quemada».
Los grafitis tampoco se han olvidado de la plaza del Tres de Marzo, donde continúan decorando parte del mobiliario urbano, como las farolas y los bancos, mientras que la bolera ubicada en uno de los laterales conserva las numerosas grietas de su madera y el pavimento levantado.
Tampoco el firme lo es tanto en la zona de juegos de la plaza de San Antón, donde numerosos niños se divierten a diario. «Estos rectángulos de goma, aunque mejor que el hormigón, con el paso del tiempo se van levantando y hay muchos huecos entre las piezas; es muy fácil tropezarse», apunta Urko Bengoa mientras su hijo disfruta del tobogán. A poca distancia, Miriam Casado esgrime la misma queja al observar con disgusto la cantidad de baldosas rotas en el entorno de la plaza del Artium. «Por estas calles pasan un montón de coches y estamos ya hartos, es el cuento de nunca acabar, llevamos años pidiendo arreglos en condiciones, pero sólo son parcheos que al poco tiempo acaban igual o peor».
Para los residentes de la plaza Simón Bolívar, ubicada en la confluencia de las calles Santiago y Avenida Judimendi, el problema más acuciante es la suciedad que luce la fuente que preside el recinto. «Es verdad que hace unos meses arreglaron algunas de las baldosas, pero el estanque no se limpia. Si hasta hay un colchón dentro...», critica María Suárez.
Agua «verde»
Más contentos están en el extremo norte de Vitoria, en Lakuabizkarra, donde los habituales de la plaza Zumaia -una versión moderna de la céntrica plaza de España- han visto sus peticiones hechas realidad. Si en mayo reclamaron la necesidad de bancos en tan amplio espacio, ahora ya pueden disfrutarlos siempre que el tiempo lo permita. Algo más complicado resulta para los usuarios de la plaza Ignacio Aldecoa, donde proliferan los asientos sin respaldo. «La mitad o están rotos o faltan varias de las láminas. Es indignante, por no hablar de las numerosas pintadas», recrimina Rafael González.
A pocos metros se encuentra la plaza de Euskaltzaindia, que tampoco se salva de una llamada de atención debido a la suciedad de su estanque. Aunque para fuentes en mal estado, la de la plaza de la Constitución, en El Pilar. «No es algo de ahora, hace años que el agua está asquerosa, con ella sí que pueden presumir de ciudad verde», apunta con sorna Amaia.
Claro que en este campo también pueden rivalizar los estanques de Juan de Ayala, repletos de desperdicios y donde la fuente principal tiene filtraciones, por no hablar de la 'decoración' intensiva que muestra el columpio central. La misma que se aprecian en todos y cada uno de los bancos de la plaza Zaldiaran, cuyas baldosas de acceso al parking necesitan de una urgente puesta a punto.
Sin embargo, el progresivo acercamiento al centro contribuye a que los desperfectos sean menos evidentes, aunque haberlos, los hay. Como en la plaza del Hospital, más conocida como de Los Guardias, que conserva inmutable el suelo ennegrecido, o la de los Fueros, donde el foso permanece sucio y acumula vegetación. Tampoco se salvan la plaza de Santa Bárbara, a cuyo paso los viandantes soportan cada dos por tres salpicaduras de agua gracias a sus continuas baldosas levantadas, o la de Amárica, en la que a pesar de tener muchos bancos rotos, lo peor para los vecinos es «la cantidad de caca de perro» que hay en los jardines. «Es una porquería. Además, es un sitio muy céntrico y muchos niños juegan en ellos», se enoja Beatriz Martínez.
Pese a este largo listado de defectos, también hay alguna que otra virtud. Para encontrarla, hay que dirigirse, por ejemplo, a las plazas de La Provincia, el Machete, Desamparados, Sansomendi o Pascual Andagoya y a las que sus vecinos no dudan en poner como «ejemplo para el resto».
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