La operación que más se practica en los quirófanos de urología no tiene que ver ni con el cáncer ni con las famosas piedras en el riñón. Ni siquiera con la impotencia. La intervención que los urólogos podrían hacer con los ojos cerrados -y es un decir, claro está- es la circuncisión. No hay cifras oficiales, pero el corte del prepucio «es, con mucho, la cirugía más habitual en nuestra especialidad», corrobora el jefe de Urología del hospital de Basurto, Miguel Unda. Sin embargo, es curioso; tantas operaciones realizadas y los especialistas no se ponen de acuerdo sobre la necesidad de recomendar su práctica entre los niños, como se hacía en Estados Unidos hasta la década pasada y como lo siguen haciendo algunas culturas y civilizaciones. No hay consenso: Existen motivos tanto para cortar por lo sano como para dejar las cosas en su sitio.
«Lo mejor, salvo que haya problemas de infecciones, es esperar a que el crío tenga 10 ó 12 años y una constitución aceptable. Si de verdad merece la pena operar, -matiza el especialista vasco- la cirugía puede practicarse a partir de esa edad con anestesia local. No tiene sentido meter en el quirófano a un niño de cuatro años y dormirle por completo por una fimosis. Para algo así, merece la pena esperar».
La fimosis es una alteración, en ocasiones congénita, que impide que despunte con normalidad el glande, que es la cabeza del miembro viril. La piel que lo recubre, el prepucio, no se retrae con normalidad y la punta del pito no se asoma como debe. Provoca dificultades para hacer el amor y en ocasiones, «muy raras», causa dolor al orinar, aunque esto último es incluso mucho más extraño en niños.
Poca gente sabe que todos los bebés, en Oriente y Occidente, de Norte a Sur, nacen con fimosis. La piel que recubre el pene va desplegándose poco a poco con la edad hasta que a los tres o cinco años, depende de cada chiquillo, el glande por fin se deja ver al completo.
Como un juego, en el baño
Si no es así, algo que a menudo contribuye a la definitiva separación del pellejo es la aparición en la pubertad del esmegma, una secreción blancuzca y con un fuerte olor característico que sólo producen los varones no circundados y las mujeres. El 90% de los niños descapulla con normalidad a los cinco años y para la adolescencia sólo el 1% tiene dificultades para conseguirlo.
Algunos especialistas recomiendan que se enseñe a los críos a retraerse la piel cuando se bañan, como algo lúdico, ya que el agua y la humedad pueden facilitar la operación. Ha de hacerse con cuidado, sin dar tirones ni forzar nada, porque puede conseguirse el efecto contrario al que se busca. Si se despega la piel de manera traumática, la herida ocasionada volverá a pegarla al glande cuando cicatrice. «Es peor el remedio que la enfermedad», comenta Unda.
La cirugía de la circuncisión es sencilla. Dura apenas una hora y tiene riesgos muy limitados. De hecho, la reciente muerte de un niño en Zaragoza -que está en proceso de investigación- resulta anecdótica. La pregunta es si conviene operarle a un niño, si tiene sentido meterle en un quirófano para librarle de un posible problema que, probablemente, desaparecerá con la edad. Árabes y judíos lo tienen claro. Practican la circuncisión a todo recién nacido, como sello de identidad. Pero de lo que se trata, más allá de convicciones religiosas, es de evaluar una cuestión de salud.
Numerosas investigaciones concluyen que los hombres operados de fimosis sufren menos cáncer de pene, una enfermedad por otra parte bastante rara. Además, tienen menores posibilidades de contraer infecciones de transmisión sexual, desde sífilis y gonorrea hasta el mismo virus del sida. Probablemente incida en esta circunstancia la mejor higiene que facilita el hecho de que el glande esté siempre al aire.
Las infecciones urinarias infantiles también registran un 10% más de casos entre los no circuncidados. Otra ventaja añadida para los varones operados es que el riesgo de parafimosis se reduce a cero. La parafimosis es una urgencia urológica producida por la inflamación del anillo que forma el prepucio retraído. Puede ahogarlo hasta el punto de ocasionar la pérdida del glande.
Decisión de los padres
Al otro lado de la balanza, los expertos ponen los riesgos de la cirugía, que son mínimos. Se cifran en el 3% y aunque la relación incluye la posibilidad de que se corte y se sangre más de lo debido, lo normal es que «el 2,99% sea un sangrado limitado que lo ves y lo corriges». También se dice que el glande de los varones circuncidados es menos sensible debido al constante roce con la ropa interior, lo que en edades avanzadas podría generar problemas de disfunción eréctil.
Los especialistas ya no se ponen de acuerdo. Siguiendo la doctrina de la Asociación Americana de Pediatría, la decisión de operar a los niños queda ahora en manos de los padres. Han de evaluar los argumentos a favor y en contra y elegir. No es fácil, pero es lo que hay.
f.apezteguia@diario-elcorreo.com