Euskadi comenzó a sentir anoche los primeros síntomas de los vientos huracanados que, según las estimaciones oficiales, alcanzarían de madrugada los 150 kilómetros por hora y dejarían en la costa olas de entre 12 y 14 metros de altura muy peligrosas con la pleamar, prevista para las cuatro menos veinte. A última hora de la tarde, cuando el ciclón aún no había descargado con toda su fuerza, las rachas de aire comenzaron a dejar sus primeras consecuencias con árboles derribados, calles cortadas en multitud de localidades vascas y el fuerte embate de las olas contra rompeolas, diques y toda la franja del litoral. La alerta estaba decretada en su máximo nivel hasta las nueve de la mañana de hoy.
Las instituciones activaron las alarmas en una movilización sin precedentes y desplegaron todos los sistemas de emergencia para hacer frente a una amenaza de una envergadura «nunca vista en los 70 años de historia estadística de Euskadi en esta materia». Los servicios públicos pasaron la noche vigilantes para intervenir ante eventuales urgencias, mientras las administraciones tomaron medidas, jamás vistas ante un fenómeno atmosférico. El Gobierno vasco llegó a manejar un plan de evacuación del litoral «para estar preparados», según explicó la viceconsejera de Interior. María del Yermo Urkijo matizó, sin embargo, que no había ninguna previsión de que fuera necesario aplicarlo. En San Sebastián, el alcalde Odón Elorza ofertó refugio a los propietarios de plantas bajas de la Parte Vieja y el Ensanche, cuyas viviendas se anegaron hace un año con el último temporal de fuerte oleaje. El responsable municipal recordó que era la primera vez que decretaba la alerta roja en la ciudad.
La ciclogénesis explosiva, como se denomina técnicamente el fenómeno que ha puesto a Euskadi en alerta roja -y por primera vez en el grado más alto de riesgo para organismos internacionales como Estofex, European Storm Forecast Experiment-, es una profundísima borrasca. Fue detectada a las nueve de la mañana de ayer a unos 2.000 kilómetros del País Vasco, hacia el que avanzaba en dirección oeste-este a razón de 150 kilómetros por hora con un rumbo paralelo a la línea de costa de la cornisa Cantábrica. Era de tal fuerza que Protección Civil puso en alerta prácticamente a todas las comunidades autónomas españolas, salvo Canarias y Extremadura, por este inusual fenómeno.
Servicios básicos
Urkijo subrayó la fiereza de la borrasca que se dirigía hacia el Cantábrico: «Es el fenómeno meteorológico más fuerte al que hemos tenido que hacer frente en muchos años», declaró tras una reunión matinal de la mesa de crisis, el órgano de coordinación que reúne a las administraciones y los servicios de emergencia ante situaciones de riesgo para la población, que se mantuvo activa también toda la noche. «No hay antecedentes. Ni siquiera es comparable al temporal que tuvimos en diciembre de 1999, que dejó vientos de 170 kilómetros por hora en Oiz y Jaizkibel», agregó.
A mediodía, las probabilidades de que el ciclón llegara al País Vasco eran del 70%, según Euskalmet. La única posibilidad de librarse de la borrasca -señaló la viceconsejera- es que variara su rumbo y virara hacia alta mar. Con todo, se daba por segura una madrugada con fuertes vientos y muchos problemas en la costa, lo que la mesa de crisis confirmó con nuevos datos hacia las ocho de la tarde.
Mientras la Administración hacía sus deberes para «garantizar las comunicaciones y las prestación de servicios básicos», los ciudadanos se movilizaron para evitar los efectos del ciclón. Muchos cerraron puertas y ventanas y se atrincheraron en casa, como recomendaban las autoridades. Los comerciantes de zonas próximas al litoral se afanaron en defender sus locales de posibles inundaciones, como hicieron en el puerto deportivo de Getxo o en todo el Ensanche donostiarra. Los arrantzales y propietarios de embarcaciones de recreo dedicaron el día a poner a salvo sus naves, que hallaron cobijo en los puertos de Bilbao y Pasajes. Se permitió a los pesqueros amarrar en el canal de Deusto, mientras anoche se contabilizaban 26 buques en el puerto bilbaíno. «Hay que evitar acercarse a la costa», exhortaba la responsable de la Agencia Estatal de Meteorología en Euskadi, Margarita Martín.
Una vez conocida la fuerza del temporal, todas las administraciones comenzaron a reunir sus propias mesas de crisis y a tomar decisiones preventivas. Fue el mayor despliegue de medidas de protección ejecutado en el País Vasco, donde «no se recuerda ninguna movilización similar», afirmó la directora de Emergencias del Ejecutivo, Carmen Urbieta.
Ni deporte ni museos
La posibilidad de recurrir a la evacuación quizá fue la advertencia más llamativa. La viceconsejera de Interior afirmó que la Administración vasca tenía sobre la mesa el plan para desalojar las zonas costeras por si fuera necesario su empleo, aunque posteriormente lo descartó. Junto a ello, todos los servicios públicos vascos y los sectores privados de carácter estratégico recibieron avisos de alerta máxima. La Ertzaintza, los Bomberos, Osakidetza, las autoridades portuarias, las empresas de energía y comunicaciones y los aeropuertos fueron convidados a reforzar sus plantillas y estar alerta ante el desarrollo del temporal. La Diputación vizcaína anunció que sus bomberos «doblarán guardias» si es necesario y la DYA reforzó su parque de ambulancias. El centro de coordinación de emergencias y el teléfono 112 tuvieron activos a todos sus operadores durante la noche.
Se cerraron instalaciones deportivas, se anularon las competiciones escolares y se difundieron recomendaciones básicas para la población que se mantienen hoy, ya que el paso del ciclón dejará aún varias horas de tormentas intensas en la comunidad. La principal: evitar cualquier actividad al aire libre.
También hay que descartar ir al monte y realizar actividades acuáticas; procurar no circular con el coche y tratar de no permanecer en lugares donde haya riesgo de desprendimientos de tejas, andamios, fachadas o macetas. La actividad de ocio institucional ha quedado prácticamente suspendida. Se han cerrado parques, museos y otras dependencias. Incluso el servicio de recogida de basura de numerosos municipios se canceló para evitar que, por falta de peso, los contenedores fueran proyectiles a merced del viento.