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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

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Las Hermanitas de los Pobres encabezan una protesta contra la supresión del autobús que cubría Txagorritxu
24.01.09 -

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«Necesitamos la línea 13 del urbano»
Monjas, ancianos y vecinos, en la protesta que protagonizaron ayer en la parada de la calle San Viator. / EDUARDO ARGOTE
En la marquesina de San Viator no para un solo urbano desde el 23 de diciembre, cuando se estrenó el tranvía y murió la línea 13 de Tuvisa, la única que llegaba hasta el hospital Txagorritxu. Pero ayer estaba repleta. De vecinos, ancianos y monjas. Sí, en un gesto sin precedentes, las Hermanitas de los Pobres han dado un paso adelante para reivindicar una alternativa a la supresión de este servicio que cubría las calles Argentina, Chile, San Viator y Ecuador, entre otras.
Acompañadas de decenas de personas, las religiosas protagonizaron una marcha por los alrededores de la residencia de mayores que gestionan con donaciones de la ciudad, en Gazalbide. A través de una vuelta a la manzana simbolizaron las penurias que la ausencia del servicio les supone, bajo el lema «línea 13, la necesitamos». Y es que, precisamente, los protagonistas de la manifestación fueron los ancianos de ese centro quienes padecen en sus propios zapatos la carencia de esta prestación.
«El autobús lo utilizábamos para ir al hospital», cuenta Emilia, portavoz del Consejo de Ancianos de la residencia. Y es que superar los doscientos metros que separan el geriátrico de Txagorritxu, representa un paseo de aproximadamente cinco minutos para una persona joven, pero para una mujer de 92 años como Emilia no es una nimiedad. «En algunos casos tenemos que llamar a un taxi para llevar a los abuelos a Txagorritxu, y a veces es un problema conseguir alguno que esté adaptado para minusválidos», señala Isabel, responsable del área de farmacia y de tiempo libre de la residencia.
«Desamparados»
Los manifestantes quisieron dejar bien claro que «no están en contra del tranvía». Sólo pretenden que el Consistorio ofrezca una alternativa a su línea de autobús. «Ha desaparecido el enlace directo del centro de la ciudad y el hospital, y esto afecta a los ancianos y a los trabajadores», señaló Isabel acompañada de sor Monserrat, sustituta de la madre superiora de la residencia. El metro ligero no les soluciona el problema porque, aparte de que la parada más próxima se encuentra aún más lejos que el hospital, «dispone de pocos asientos y no cuenta con condiciones de acceso adecuadas». Un asunto nada trivial si se tiene en cuenta que gran parte de los residentes dependen de sillas de ruedas, muletas y bastones para poder moverse.
«Tenemos que unirnos para que nos escuchen. Únicamente (los políticos) aparecen cuando vienen a pedir el voto, espero que ahora atiendan nuestra petición», reclama Emilia, quien no comprende que el Ayuntamiento no les haya tenido en cuenta al eliminar la concurrida línea del urbano. «Nos han dejado desamparados», se lamenta.
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