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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

Política

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E l pasado sábado Arnaldo Otegi concedió una entrevista inusual a tres periodistas en una sala del Kursaal de Donostia. Desde su salida de la cárcel este dirigente parece empeñado en articular un discurso renovado para el conjunto del movimiento de la izquierda abertzale, pero cuidándose mucho de no generar fricciones o tensiones descontroladas que puedan restar credibilidad y viabilidad interna a las pretensiones que dan vida al intento. Se intuye lo que quiere decir, pero no se atreve a decirlo con la claridad necesaria, particularmente cuando se refiere a los temas tabú. Y tal ambigüedad en una persona con su capacidad de comunicación se nota fácilmente.
Se le formuló, entre otras, la pregunta clave para la necesaria regeneración de la izquierda abertzale: «¿sigue teniendo vigencia la lucha armada?». En su respuesta dio dos claves importantes. Por una parte quiso dejar patente la superioridad de los fines sobre los medios al afirmar lo siguiente: «En todos los procesos de liberación, los que están militando tienen que tener la capacidad de ser valientes y honestos para entender que los instrumentos se tienen que adecuar a las necesidades de esos procesos». Por otra parte, en cierta coherencia con el carácter instrumental de los medios de lucha, destacó una reflexión de calado estratégico que llevado a la práctica significaría el finiquito para la violencia de ETA. Frente al debate «lucha armada sí o no» -dijo- yo me planteo otro debate basado en la pregunta «cómo ganar».
Interpelado por cómo se gana, respondió aludiendo a una línea estratégica ya anunciada en su primera entrevista tras la salida de la cárcel: «Hay que mantener la confrontación con el Estado en el terreno en que nosotros somos más fuertes y el Estado es más débil: en el terreno de los argumentos políticos». Siguiendo este razonamiento, es una obviedad que los argumentos políticos se ponen más y mejor de manifiesto si a la par no hay motivos para que nadie contraponga otros argumentos que nada tienen que ver con la política. Es decir, si no hay violencia, más fuerte y sólido será el argumentario político.
Apelando a esa valentía y honestidad a la que alude Otegi, es imprescindible que los dirigentes de la izquierda abertzale que quieran hacer estrictamente política hablen claro a su gente sobre lo que realmente significa hoy en Europa, en pleno siglo XXI, la teoría de la adecuación de los medios de lucha a las necesidades, en lo que respecta a la continuidad de ETA. Tienen que responder con claridad si la continuidad de la violencia aporta algún elemento positivo a su proyecto independentista o si por el contrario se ha convertido en un auténtico lastre.
Porque mientras ellos sigan sin decidirse, será la organización ETA, incapaz de salir de su inercia militarista, quien expresará todo lo contrario por la vía de los hechos trágicos y de sus delirantes escritos, como lo ha hecho esta misma semana al dar cuenta en su diabólico comunicado del asesinato de Inaxio Uria y de la bomba contra el edificio de EITB. En él, además de dejar constancia de las aberrantes y extravagantes justificaciones, se permiten la chulería fascista y totalitaria de amenazar a periodistas y a empresarios y técnicos de las obras del TAV. Curiosamente tres días después de la entrevista del Kursaal, ETA viene a dar su respuesta a la pregunta formulada por Otegi sobre «cómo ganar». La respuesta es clara: «necesariamente con lucha armada». Quienes dentro de la izquierda abertzale se pronuncian a favor de un foro soberanista y la acumulación de fuerzas no pueden ignorar ni obviar la decisión adoptada por la organización armada, salvo que opten por callar y otorgar, o bien por retirarse sin armar ruido, que a fin de cuentas es lo mismo.
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