Sin la Biblia de Abraham Lincoln y sin su esposa Michelle, Barack Obama tuvo que jurar por segunda vez como presidente de Estados Unidos para corregir un pequeño error en el orden de las palabras utilizadas en el evento del martes en el Capitolio. No hay error pequeño para los abogados y menos cuando se trata de profesionales de alto vuelo como el presidente del Tribunal Supremo, John Roberts.
En el acto solemne del martes, Roberts alteró el orden de las palabras y en lugar de decir «ejecutaré fielmente el cargo de presidente de Estados Unidos», como está escrito en la Constitución, dijo «ejecutaré el cargo de presidente de Estados Unidos fielmente».
Obama empezó a repetir y al darse cuenta de que algo estaba mal se detuvo. Entonces, Roberts corrigió la frase, pero el líder afroamericano la terminó con el error inicial, lo que algunos comentaristas de los medios elogiaron como una muestra de cortesía con el magistrado.
«Exceso de precaución»
En el segundo intento, el asunto se manejó en privado en el Salón de los Mapas de la residencia presidencial a primera hora de la noche del miércoles. El presidente del Tribunal Supremo, atento a los detalles, vistió su toga negra para retomar el juramento, como marca la tradición. Luego le preguntó a Obama si estaba listo y éste le respondió que sí lo estaba pero que «vamos a hacerlo muy lentamente», e hizo un comentario sobre que la falta de la Biblia no afectaba el acto.
Tampoco estaba la esposa del presidente, Michelle Obama, ni hubo reporteros gráficos -salvo el oficial- para recoger el momento que sólo fue presenciado por unos cuantos escogidos. Más tarde, el portavoz del mandatario, Greg Craig, anunció en un comunicado que la repetición del juramento se hizo por «exceso de precaución» y aclaró que no había razones para preocuparse porque, según los asesores legales, técnicamente Obama es presidente desde el mediodía del martes.
Es posible que el traspié del jurista quede para la historia como una pequeña anécdota que no empañe el frenesí con que el líder afroamericano hizo su entrada triunfal en la Casa Blanca. En el día a día de la política, sin embargo, la relación entre el jefe del Supremo -un genuino representante del ala más conservadora de los jueces nombrado por Bush en 2005- y el nuevo presidente no se adivina muy fluida. En el Senado, Obama se opuso fervientemente al nombramiento de Roberts cuestionando la capacidad del magistrado de legislar en favor de la gente de a pie.
En palabras pronunciadas por el entonces senador tras estudiar el expediente del magistrado, «el problema es que el juez Roberts ha usado con más frecuencia sus grandes aptitudes profesionales para defender a los poderosos y se ha opuesto casi siempre a los débiles».