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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Miranda

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Uno de los policías que testificó ayer asume que «pese a no haber datos objetivos» el procesado sabe más de lo que ha declarado
23.01.09 -

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El testimonio de diez agentes de la Policía Nacional centró la tercera jornada del juicio que pretende esclarecer las circunstancias en las que se produjo la desaparición de Marisa Villaquirán. En sus declaraciones -una de ellas recabada a través del sistema de videoconferencia- el Ministerio Fiscal, la acusación y la defensa buscaron el refrendo de las diligencias practicadas en los dos días clave en los que supuestamente se produjeron los hechos (6 y 7 de diciembre de 2004), así como en los meses siguientes. Intervención de teléfonos móviles, dispositivos de escucha en vehículos de algunos de los encausados y grabación de las conversaciones que mantuvo Rafael Gabarri, marido de la desaparecida, con su padre, ya en la cárcel, fueron los métodos más relevantes utilizados en las pesquisas, centralizadas en Burgos.
Del relato de la práctica totalidad de los 'números' de la Policía Nacional se extrajeron dos conclusiones fundamentales. La primera, que Julia Jiménez, madre de 'El Dani' envió mensajes a Laura Villaquirán haciéndose pasar por Marisa -se la acusa, de hecho, de un delito de usurpación del estado civil-. De forma clara lo refrendaron, al menos, dos de los testigos que comparecieron ayer en la Sala de lo Penal de la Audiencia Provincial.
La segunda conclusión significativa atañe directamente a otros tres procesados, 'El Sevillano' y sus dos amigas, acusados de encubrimiento. Los policías coincidieron en destacar que su nivel de colaboración tanto en la localización de las joyas -que el joven, por entonces con 18 años, arrojó por la carretera de Ayuelas- como en otros aspectos, fue incuestionable. «Su actitud fue de colaboración total y de un miedo insuperable».
La abogada de estos, Yolanda Candelas, obtuvo de la Policía no sólo esa ratificación; también otra directamente ligada con el pánico que los tres jóvenes sintieron en su momento -tanto hacia 'El Dani' como hacia su familia, tal y como reconocieron en las declaraciones que realizaron el lunes-. Llegaron a necesitar protección policial. «Las chicas salían tarde de sus trabajos y se las acompañaba», se insistió también ayer. O, en el caso de Héctor Raposo, «se temía que él (por Rafael Gabarri) pudiera presionarle de alguna manera».
Lo que no consiguió la letrada fue 'localizar' al policía que, según relató en uno de sus turnos de preguntas, llamó por teléfono a 'El Sevillano' y a su madre «personándose incluso en su domicilio, haciéndoles constar que tenían conocimiento de que pudiera ser que la familia de 'El Dani' le estuviera buscando y que tuviera cuidado».
Cartas manuscritas
«La persona que enviaba esos mensajes era la madre de Rafael», sentenció una de las policías que participó en el registro del domicilio de los padres, que se produjo en septiembre de 2005, a raíz de la recepción por parte de Laura de un último 'bloque' de SMS. «Se encontraron varias cosas; unas cartas manuscritas, la caja del teléfono, dos tarjetas telefónicas. Había cartas escritas que estaban firmadas con el nombre de Marisa», respondió la misma agente cuando el abogado de le defensa la cuestionó si en la entrada a la vivienda del Casco Viejo se encontraron «elementos relevantes para la investigación» .
Ante la insistencia del letrado sobre si hubo «colaboración» por parte de Julia Jiménez, la testigo no dudó en subrayar que «no cabe la oposición porque hay un auto judicial». «¿Pero se tuvo que emplear la fuerza?», le recalcó el magistrado. «La actitud fue correcta», recibió como respuesta.
Concluyente fue también el testimonio de uno de los compañeros que la precedió ante el presidente del tribunal, Francisco Martín Ibáñez. Siguiendo la línea argumental del 'valor' informativo de las escuchas, reconoció que «en ningún momento se decía dónde estaba Marisa» en las mismas. Sí planteó, en cualquier caso, que «todas las personas con el teléfono intervenido hablaban con bastante cautela, todas», dando a entender que los implicados sospechaban que pudieran estar siendo vigilados también a ese nivel.
Remitiéndose de forma reiterada a las transcripciones literales de estas conversaciones que se recogen en el sumario, el agente sí aseveró, a preguntas del abogado de Isaac Duval (conductor del vehículo que trasladó a Marisa y su marido a San Juan del Monte el 7 de diciembre), que no hubo elementos concluyentes en las grabaciones que pudiesen determinar que éste conoce el paradero de Marisa Villaquirán. Aunque previamente ya había precisado «que ni de las de él ni de las de nadie».
Miguel Ángel Montejo le lanzó, a continuación, la siguiente pregunta: «De esas escuchas e intervenciones del bis a bis ¿la Policía ha trabajado con la idea de que pueden tener conocimiento de la desaparición Rafael, los padres y Luis Gabarri?». Contestó lo siguiente: «Para mí Rafael y los padres de éste son perfectamente conocedores del paradero de Marisa, a mi juicio». Cuando concluyó la ronda de intervención de abogados y ya en el turno de la presidencia de la sala, el juez lanzó un «¡le veo con ganas!». Se dirigía al letrado de la defensa Francisco Gómez. Quería volver a interpelar.
Un testigo en Palencia
Y lo hizo requiriendo al policía que precisase aquella aseveración: «No tengo ningún dato objetivo de que ellos lo sepan. Pero de la investigación parece deducirse que tienen un conocimiento mayor del que se ha plasmado hasta ahora». Gómez le cuestionó también sobre la declaración de un hombre que dijo en Palencia haber visto a Marisa en la estación del ferrocarril. El policía recordó que en las conversaciones intervenidas ya se avanzaba que «iba a aparecer una persona. Se planteaba premonitoriamente, que alguien iba a declarar». La constancia de que Marisa hubiera estado allí «fue negativa».
Las investigaciones llegaron a comprobar los movimientos de cuenta que se habían realizado con la tarjeta de crédito de Marisa. «Era conocida en la ciudad y con el revuelo que se montó, si alguien la hubiera visto, lo hubiese dicho». La búsqueda se realizó inicialmente en los lugares que frecuentaba en la ciudad. Después los testigos policiales recordaron las «batidas» en San Juan del Monte, en el vertedero y en la carretera vieja de Haro. Sin rastro.
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