El PNV no renuncia a la «plena soberanía» de Euskadi pero plantea como paso intermedio y como objetivo para la próxima década alcanzar un nuevo Estatuto político vasco basado en los contenidos del plan Ibarretxe y articulado a través de un «sistema de garantías bilaterales» entre las instituciones vascas y el Estado inspirado en los principios del Concierto Económico. Ésa es la principal meta política que se fija la formación jeltzale en las conclusiones del proceso de reflexión interna 'Think Gaur Euskadi 2020', que son ya una realidad y han tomado forma en un prolijo documento aprobado definitivamente el lunes por el EBB que aborda no sólo las cuestiones relacionadas con la denominada normalización y la pacificación, sino un amplio catálogo de propuestas en el ámbito de las políticas sociales, culturales, medioambientales, de desarrollo sostenible e infraestructuras que presentarán en un acto por todo lo alto el próximo domingo en el Palacio Euskalduna.
Su presidente, Iñigo Urkullu hizo ayer de maestro de ceremonias en la puesta de largo ante la prensa del «nuevo contrato social» del PNV con los vascos y su «máximo bienestar» a diez años vista, fruto de casi un año de trabajo en diversos encuentros y seminarios con expertos internacionales, por los que han pasado dos millares de personas, y que han llevado al líder peneuvista y a otros burukides a treinta destinos diferentes repartidos por el mundo.
El resultado es un compendio de veinte «líneas estratégicas» de actuación, en las que el PNV fija un centenar de compromisos concretos con la sociedad vasca «no para mañana, sino a medio y largo plazo», según puntualizó Urkullu. De hecho, y aunque la presentación se haga en plena antesala de la campaña, el líder jeltzale recalcó que 'Think Gaur' trasciende el programa electoral, no sólo porque plantea objetivos estratégicos a más largo plazo sino porque también se extiende más allá del Parlamento vasco y cubre todos los ámbitos de acción política en diputaciones, ayuntamientos o en la Eurocámara.
De pie, sin atril y con micrófono inalámbrico, Urkullu quiso subrayar con la escenografía el aire de «modernidad» que rezuma el proyecto, que, de hecho, el EBB alumbró para dar respuesta a los cambios sociales «que ya vimos venir antes de que lo dijera Obama» y adaptarse así a las necesidades de las generaciones más jóvenes y a los retos del mundo globalizado. Todo ello a partir de una Euskadi actual que el PNV ve con «indicadores económicos francamente positivos» pero amenazada al tiempo por la crisis «de alcance global» y pendiente de mejora en el sistema de protección social -hasta alcanzar los estándares nórdicos-, la investigación y desarrollo o en el escaso nivel de dominio del inglés, al que pretenden dar la vuelta en diez años.
El «freno» de ETA
Con todo, Urkullu admitió que el principal «freno» para el desarrollo vasco es la persistencia de ETA e incluyó su definitiva «erradicación» entre las metas a lograr a medio plazo. «ETA no tiene futuro en la sociedad vasca. No podemos siquiera aceptar la posibilidad de que en la siguiente década ETA siga marcando nuestras vidas. Me niego. No puede ser», enfatizó el líder del PNV, que se propone en este ámbito consolidar la deslegitimación social de la violencia, los planes de memoria colectiva y reconocimiento de las víctimas y la educación para la paz y los derechos humanos.
A pesar de que la innovación es uno de los ejes estratégicos del documento, en el terreno político, no obstante, las conclusiones no ofrecen novedades significativas respecto a la última ponencia y pivotan sobre el eje de la «garantía» del ejercicio del derecho a decidir de la sociedad vasca «mediante la regulación» de mecanismos de «consulta» y ratificación de las propuestas y decisiones institucionales. Fuentes jeltzales no descartan, en todo caso, que las propuestas alcancen un mayor grado de concreción, en este caso sí, en el programa electoral que darán a conocer a pocos días del arranque oficial de la campaña.
Por el momento, la oferta peneuvista, que bebe de la jurisprudencia sobre el derecho a decidir del Supremo de Canadá respecto a Québec, rescata una de las principales aportaciones del mandato de Urkullu y propone que el nuevo Estatuto se asiente sobre un sistema de concierto político «que impida vulneraciones de los pactos alcanzados». Con especial cuidado de no echar en saco roto sus principios fundacionales -Urkullu reprochó a EA en el turno de preguntas que le acuse de un supuesto abandono del soberanismo y a la vez contemple posibles fórmulas de gobierno «sin el PNV»-, los jeltzales mantienen su aspiración de un «horizonte de unidad político-territorial» con Navarra e Iparralde y plantean una «arquitectura institucional global para los territorios vascos» aunque, «como primer paso» recuperan propuestas ya manejadas durante el proceso de paz: el órgano permanente de cooperación con Navarra y la eurorregión con Iparralde.