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ALAVA - VIZCAYA | Personalizar edición | RSS | ed. impresa | Regístrate | Domingo, 27 mayo 2012

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FÚTBOL | HA SIDO SUSTITUIDO POR POCHETTINO

El técnico de Balmaseda sólo resistemes y medio al frente de un equipo que lleva un año hundiéndose

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La deriva del Espanyol arrastra a Mané
Mané sólo ha estado mes y medio en el Espanyol. / EFE
«Mané no peligra», aseguró Daniel Sánchez Llibre el domingo por la noche, una vez consumada la derrota por goleada del Espanyol en La Rosaleda. Para cualquiera que conozca un poco los turbios entresijos del club blanquiazul y las reacciones de su presidente en los momentos críticos, la frase sólo podía interpretarse como una sentencia de muerte. Aunque la noticia tardaría 24 horas en confirmarse, Mané estaba en la calle.
Una vez decidido el despido, en cuya gestación tuvo mucho que ver el sector de la directiva espanyolista que no estuvo de acuerdo con el fichaje del técnico vizcaíno como sustituto de 'Titín' Márquez -su hombre siempre fue Pochettino y ya lo han colocado-, no había marcha atrás posible ni lugar para las alegaciones. De nada servía la opinión general de que el 4-0 frente al Málaga había sido un resultado engañoso, de que en ese partido el Espanyol debió irse al descanso con dos o tres goles de ventaja y la historia hubiera sido entonces muy distinta. Nada que ver, muy probablemente, con el lamentable espectáculo que se vivió luego en la segunda parte, un desastre que el maestro José Martí Gómez, según reconocía ayer en 'La Vanguardia', sólo pudo soportar «con dosis masivas de toscanos, ginebra e improperios de Paquita la del Barrio».
Tampoco importaba el hecho de que, en todas las encuestas sobre la crisis del equipo, Mané no figurase en ninguna como culpable. En la última, realizada por una conocida web espanyolista, la afición repartía las culpas entre los jugadores (un 43%) y el presidente y su junta directiva (un 41%). Al secretario técnico, Paco Herrera, que también dejará su puesto en breve, le acusaba un 11% de los aficionados y al técnico vasco, un pequeño 5%.
Sin reacción
Sea como fuere, la aventura de Mané y de su inseparable Ondarru en Barcelona se ha consumido en apenas mes y medio; un plazo ridículo que revela por sí solo el estado de angustia en el que viven sumidos los periquitos. Los resultados del equipo en estas seis semanas han sido malos. Mané no ha servido como revulsivo: tres derrotas y tres empates en seis partidos de Liga y una eliminatoria de Copa ante el Poli Ejido superada de auténtico milagro tras firmar 180 minutos horribles. Con estos números, el Espanyol se ha hundido en los puestos de descenso. La salvación le queda ya a cinco puntos y la hinchada blanquiazul comienza a temerse lo peor; algo lógico teniendo en cuenta la caída libre que vive este equipo desde hace doce meses.
Hay algo muy extraño en el hundimiento del Espanyol, un equipo que en 2007 protagonizó una memorable final de la UEFA y que comenzó 2008 en la cresta de la ola, en puestos de 'Champions' tras golear al Villarreal. Ernesto Valverde parecía haber dado con la tecla para manejar un vestuario difícil y para lidiar con una directiva llena de aristas y cuartos oscuros. El espanyolismo se las prometía muy felices hace un año. Soñaba con un equipo grande para hacer la mudanza al nuevo estadio de Cornellá. Y, de repente, todo se vino abajo. El equipo empezó a perder y sufrió las lesiones de jugadores vitales como Tamudo y De la Peña. Y fue incapaz de levantar cabeza. Su caída en picado pasó a los anales como una de la más brutales y sorprendentes que se han visto en la Liga y Valverde acabó marchándose al final de temporada.
En esta nueva campaña, los problemas han continuado. El equipo perdió dos piezas importantes -Riera y Zabaleta- y no ganó ninguna reseñable a cambio. Sus victorias en los dos primeros partidos fueron un espejismo. El equipo seguía roto, con una defensa floja, un centro del campo lento cuando no estaba De la Peña para dar velocidad al balón y una delantera que se reducía a Tamudo. Márquez sólo resistió hasta la jornada 13. Mané llegó con el buzo de fontanero, pero ni siquiera su oficio ha servido para detener la deriva. Ahora, esta responsabilidad ha recaído en Pochettino, un ex jugador que no ha entrenado a nadie pero que es buen amigo de los capos del vestuario y de algunos consejeros. El argentino se estrena hoy contra el Barcelona. Ni más ni menos.
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