Apremiado por las urgencias, el Alavés sufrió ayer al límite para salir a flote en la clasificación y empujar al abismo al Alicante, un adversario que porta la etiqueta de Segunda B tanto en la tabla como en su fútbol. En el tercer partido de la era Manix Mandiola, el conjunto albiazul regaló por fin un triunfo al nuevo técnico, que más allá del resultado y del voluntarismo colectivo constató que su equipo sigue en una línea plana de juego que sólo transmite incertidumbre. A un rival que pugna por convertirse en el peor de la temporada sólo pudo liquidarlo en dos minutos de efectividad a balón parado, donde Casar y de nuevo el joven De Marcos pescaron dos balones perdidos en el área ajena. Tres puntos en cualquier caso vitales para cortar una racha de cuatro derrotas negativas, alcanzar los 23 en la clasificación a falta de un encuentro para el final de la primera vuelta de Liga y evitar la condena de los puestos de descenso a Segunda B.
En un ránking imaginario, el Alicante-Alavés bien podría ocupar un hueco entre los diez peores encuentros del presente ejercicio en Segunda División. Durante más de una hora de partido se midieron dos equipos escasísimos de recursos y, para colmo, atenazados por las obligaciones clasificatorias. En esas condiciones, el local se presentó sobre el césped con tres centrales y la única intención de aprovechar las acciones a balón parado y sus contragolpes. Los lanzados por Ismael y Azkoitia, ex albiazules de otra década y pilares del Alicante. Uno de ellos acabó con una gran pifia de Pedro, que no acertó con el balón a portería vacía. El conjunto albiazul rozó la desventaja otra vez en el cuarto de hora inicial.
Control sin llegada
El Alavés tampoco desmentía sobre la hierba su delicada situación clasificatoria. Más bien, la confirmaba a través de un fútbol rígido y sin el más mínimo atisbo de velocidad, salvo en las aisladas intervenciones de Óscar de Marcos. Finalmente, la revolución de Mandiola tras la derrota en Mendizorroza frente al Celta se quedó en tres cambios debido a que Almirón se resintió de sus molestias musculares y Kalderon continuó en el lateral diestro.
Edu Albacar, César y Nacho Garro entraron en el once inicial y también varió el dibujo albiazul. El centrocampista vitoriano, que sustituyó a Astudillo, se colocó en el doble pivote junto a Gaizka Garitano para formar un 4-2-3-1 que al menos resultó más sólido en el aspecto defensivo que el 4-1-4-1. Para elaborar, los problemas fueron los de siempre. El control alavesista sobre el encuentro era claro desde la primera mitad, pero toda la posesión de balón se quedaba sin una mínima llegada.
Entretanto, el colegiado Hevia Obras -aquél que expulsó a catorce futbolistas y técnicos en sus primeros cuatro encuentros de la presente temporada- iba acumulando cartulinas y más cartulinas. Si hasta el minuto 18 se contuvo, después desató una hemorragia que ya preveía consecuencias graves para algunos de los protagonistas en el Rico Pérez. Alicante y Alavés, tozudos, insistían en correr, saltar y chocar. A la escuadra albiazul, cuyo único disparo a puerta hasta el descanso correspondió a Cuevas, se le acababan las ideas cerca del área rival. Al conjunto de Granero apenas le daba para inquietar.
Casar y De Marcos
Con el transcurso de los minutos el Alavés asistía impotente a la certeza de que podía dejarse en el camino dos puntos. Mandiola trató de dotar al equipo de cierto criterio en el centro del campo con la entrada de De Lucas por Garro, aunque el futbolista procedente del Sporting acabó con dos tarjetas amarillas en siete minutos.
El partido se resolvió, en realidad, por la viveza alavesista en dos acciones aisladas. Todo lo que no pudo conseguir el Alavés a través de acciones combinadas sí lo extrajo en esta ocasión a balón parado. Primero en un córner de Emilio con rechace de la zaga que cazó Pablo Casar. Dos minutos más tarde, en una falta, también con dos golpeos en el área, donde De Marcos fue el más rápido para adelantarse a la zaga. Dos partidos en la titularidad y dos goles para el joven de Laguardia. Una estadística asombrosa.
El Alicante cayó sobre la lona del Rico Pérez ante tal cúmulo de efectividad alavesista. En realidad, colmo de la paradoja, el partido entre los dos equipos más goleados de la categoría caminaba de forma nítida al 0-0. El Alavés supo, no obstante, golpear primero y dejar huella. El resto del trabajo consistió en controlar a un adversario sin el más mínimo filo. La ingenua expulsión de De Lucas abrió alguna vía de esperanza para el equipo local, y la escuadra albiazul se defendió acumulando hombres cerca de su área. Con algún problema final para sujetar a un adversario ya a la desesperada.
Un 0-2, en definitiva, que permite al Alavés respirar después de que un punto en los últimos cinco partidos hubiera colocado el nudo corredizo sobre el cuello vitoriano. Un resultado que debe servir de acicate anímico para un equipo que, de puro nerviosismo, amenazaba con un hundimiento clasificatorio prematuro. Un triunfo, en cualquier caso, que no debe nublar la vista de un equipo limitado y que necesitará de un sacrificio importante para salvar el año. El primer objetivo, un Albacete que llegará el sábado a Mendizorroza con sólo un punto más que el Alavés. Es decir, una batalla por la supervivencia en el cierre de la primera vuelta.