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El primer presidente afroamericano inicia el martes cien días de vértigo en los que pretende cerrar Guantánamo y plantar cara a la crisis
18.01.09 -

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Obama abre en la Casa Blanca la nueva era de la esperanza
Imagen de un panel con veinte chapas a la venta en Washington con motivo de la toma de posesión de Obama./ RETERS
Es 21 de enero. George W. Bush ya es historia. El nuevo inquilino de la Casa Blanca se llama Barack Obama. ¿Por dónde empezar? La primera medida del presidente Obama puede ser ordenar el cierre de Guantánamo. Con ello mandaría una poderosa señal al mundo de que el oscurantismo de la era Bush se ha acabado. Por supuesto, de momento el gesto sería simbólico, porque hasta que no se encuentre un destino para cada uno de los 248 presos que quedan en la base cubana no se pueden clausurar las instalaciones. Los expertos estiman que el proceso puede tardar un año. De todas formas será un buen comienzo para la llamada 'luna de miel' con la que comienzan sus mandatos todos los presidentes. Bill Clinton suele decir que la suya duró 35 segundos. La de Gerald Ford se desvaneció de la noche a la mañana cuando un mes después de asumir el cargo anunció el perdón de su ex jefe Richard Nixon. El cierre de Guantánamo le daría a Obama crédito para enfrentar con mayor apoyo la labor más acuciante que le espera en el Despacho Oval, reactivar la economía. Su partido ya ha introducido en el Congreso el proyecto de ley para autorizar 825.000 millones de dólares (620.000 millones de euros), la mayor partida en la historia de Estados Unidos.
Con ella pretende crear tres millones de puestos de trabajo mediante grandes inversiones de infraestructura pública, así como reactivar la actividad de la empresa privada con estímulos fiscales. Las compañías que tengan pérdidas podrán recuperar lo que han pagado de impuestos en los últimos cinco años y las saneadas recibirán estímulos fiscales para invertir en los planes de modernización de Obama como las energías renovables, su gran proyecto.

Coches híbridos
El líder demócrata habla de su gran apuesta como un nuevo Apolo, en referencia al ambicioso programa para conquistar la Luna que lanzase John F. Kennedy a los cuatro meses de asumir la presidencia. Con 150.000 millones de dólares (113.000 millones de euros) en diez años pretende crear cinco millones de puestos de trabajo y ahorrar más petróleo del que actualmente importa de Oriente Próximo y Venezuela. Para el final de su primer mandato ha prometido que el 10% de la electricidad que genera EE UU saldrá de fuentes renovables y poco después tendrá rodando por las carreteras del país un millón de híbridos de bajo consumo.
La carrera energética contentará tanto a la izquierda ecológica como a la derecha que pide deshacerse de socios comerciales como Venezuela, y que va a poner el grito en el cielo en cuanto Obama materialice otra de sus grandes promesas electorales: retirar las tropas de Irak. No será algo brusco como fuese la salida de las tropas españolas, sino que se hará de forma escalonada a lo largo de 16 meses. Para junio, la nueva secretaria de Estado, Hillary Clinton, ha prometido al Senado que todas las brigadas de combate habrán evacuado las poblaciones iraquíes. Algunas se quedarán temporalmente en las bases situadas a las afueras de las ciudades y otras serán redistribuidas en Afganistán.

Terrorismo global
Los países de la OTAN pueden esperan en los próximos meses una llamada a filas de Obama, que quiere redoblar la presencia de tropas internacionales en Afganistán. El nuevo presidente convertirá este país en su primer frente de guerra, convencido de que el Gobierno de Bush se distrajo del objetivo principal -acabar con Al-Qaida- al derivar tropas y recursos a Irak. Lo que no quiere es hacer de policía del mundo, y como el terrorismo es un problema global piensa pedir que todos contribuyan con más presencia de la que han tenido hasta ahora. Su segundo frente internacional será Irán, pero esta vez desde el campo de la diplomacia. Hace dos meses que Obama tiene guardada una extensa carta que el presidente Mahmud Ahmadineyad le envío cuando ganó las elecciones. Nada se sabe de su contenido ni de si al menos ha habido una respuesta de cortesía, pero el grueso de la reacción no vendrá al menos hasta esta semana. Y previsiblemente no será Obama quien firme la próxima misiva, sino alguien mucho más intransigente con sus amenazas a Israel: la nueva secretaria de Estado Hillary Clinton.
Durante su comparencia ante el Senado, la ex primera dama anticipó una ofensiva diplomática en la ONU para endurecer las sanciones contra Irán y subir al barco a los miembros del Consejo de Seguridad más reticentes, como Rusia y China. Clinton no quiso adelantar detalles de «un plan novedoso» que pretende aplicar en esta zona del mundo en alianza con otros actores de la región porque «no queremos que se enteren por esta audiencia sino directamente por nosotros». Así que previsiblemente serán países como Israel, Egipto y Jordania los primeros en saber de ella.
El resto del mundo árabe también tendrá noticias del presidente a través de un gran discurso que dará desde un país musulmán en sus primeros cien días de gobierno. Antes de Navidad se especulaba con Indonesia, el estado que más musulmanes tiene en el mundo y escenario clave en la infancia de Obama. Sin embargo, desde que se queman retratos suyos en las calles como consecuencia de su silencio ante la masacre palestina, el nuevo presidente podría replantearse este plan que nunca hizo público.
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