Contradictorio, locuaz, bilbaíno, desmesurado y sensible, este saxofonista frustrado, ex panadero artesanal, inicia un año sabático tras agitar masas -ahora ya sólo de carne y hueso- con su voz cavernosa, su lirismo ácido y su guiño al cuplé. Y así desde hace veinte años. Life is a Cabaret, old chum.
-«Como una noche de invierno en Noruega, un manto de escarcha, un corazón desnudo, tortura de vida». ¿Le abrazo?
-Si quiere, claro. Abrazarse es lo más importante, junto al sexo, la ternura y el misterio, que es como se llama nuestro último disco. Ya lo decía Woody Allen, ¿se puede hablar de otra cosa que no sea del sexo o la muerte?
-«Acaba el día, siento el vértigo del tiempo que se derrama turbio entre los dedos». ¿La noche ya no le mola?
-Me mola la noche y el día. Me gusta lo dionisíaco, y de vez en cuando me entrego a los excesos, pero también la escalada. Ahora me largo a Laponia, a hacer una travesía, perderme en el hielo y ver auroras boreales.
-«Y como la donna de Verdi, yo también soy piuma al vento, por la calle de la incertidumbre yo también aprendo a bailar sin ti». ¿Sabe ya qué pinta en el mundo?
-Estoy en ello. Nunca voy a saberlo del todo, pero para mí es importante conocerme e investigar en mi mundo emocional.
-«No volveré a disfrazar con trajes de santos a mis viejos demonios. He ardido en tantas hogueras de las que apenas quedan cenizas...» ¿Está de vuelta de todito todo?
-No, no. Estoy de vuelta de algunas cosas, a otras no he llegado y a otras ni siquiera sé que tengo que ir.
-Ahora, ¿a dónde va?
-A ser mejor persona. Para un músico es básico evolucionar como persona. De ahí ese metodismo nuestro en los años sabáticos.
-También canta «morirse en Bilbao, no hay nada mejor, quemar la vida para volver a nacer de nuevo en tus brazos». ¿Qué hace Azkuna que no le ha nombrado hijo predilecto de la villa?
-Eso es sólo poner palabras a lo que cualquier bilbaíno siente.
-¿Sabe al menos si la tararea? Azkuna, digo.
-No, y no me interesa, la verdad.
-«De terciopelo y tristeza es el sabor de tus besos cuando rozan mi piel. Si me va bien contigo pedacitos de sol me endulzan las penas». Las tendrá a porrillo...
-Querida cierta y puta soledad. Estoy hablando de ella. Es una relación conflictiva y paradójica, pero importante. ¿Que si tengo penas? Como todos, pero no me recreo en ellas. El que canta, su mal espanta. El problema de esta sociedad es que se lo come todo, sin metabolizar.
-Yo hablaba de las mujeres...
-Uno de los problemas de ser músico es que te permite cumplir la fantasía de todo hombre, que es follar con quien te apetece. Cuando caes en ese error, caes en la soledad más absoluta y cometes una de las estupideces masculinas por excelencia.
-Los políticos, ¿le hacen sufrir más?
-No mucho. Su papel es necesario, pero, a treinta años de una dictadura, aún están en una fase adolescente, en la que se miran demasiado el ombligo.
-Tanta supuesta subvención gubernamental a su paisano Kepa Junkera, ¿le escama?
-Si mi manager hubiera pedido una subvención y se la hubieran dado, me importaría tres narices lo demás. Ahora, me gustaría saber el criterio que usa el Gobierno vasco para dar esa pasta. A Kepa, mi admiración.
-A sus cincuenta tacos, ¿qué desea, doctor?
-Mejorar como persona y encontrar una relación que me satisfaga para poder estar en este mundo mejor.
-Por lo demás, ¿se le da mejor la txapata o la baguette?
-Yo hacía un pan integral a mano... como ya no se hace. Dejé la panadería hace dos años después de veinticinco. Me venía bien ese trabajo físico, amasar, sudar, reflexionar, después del subidón de los conciertos. Por el pan piso el suelo.
-Exhibicionista, travesti a ratos, excesivo siempre. ¿Se cabrea si le pongo a 'la Otxoa' como su alter ego?
-Je, je. No. Le aprecio mogollón. Desde pequeñito me flipaban los espectáculos de travestis. Me encantaba esa forma tan brutal de estar sobre un escenario, a veces tan zafia, a veces tan tierna.
-1 de marzo, elecciones. ¿Se pondrá la liga roja para ir a votar?
-No soy tan folklórica, ja, ja. La liga roja es un fetiche que tiene que ver con la metamorfosis previa a subir al escenario.
-¿Irá?
-Aún no lo tengo decidido. La cosa está muy compleja.
-Cambio o, por si acaso, más de lo mismo, ¿qué prefiere?
-Nuestro obligación es cambiar y transformarnos siempre.
-«Aprendiz de sinvergüenza, vendió su alma al diablo en brazos de la soledad». ¿Será al menos un abuelo bueno?
-Ojalá. A lo Chavela Vargas.
i.o.olano@diario-elcorreo.com