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16.01.09 -

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El Vaticano volvió a cargar ayer contra Israel, una semana después de las críticas de Benedicto XVI, y lo hizo en el Consejo de Seguridad de la ONU. El representante de la Santa Sede, el arzobispo Celestino Migliore, intervino para denunciar, entre otras cosas, que «negar la entrada de ayuda humanitaria en Gaza vulnera los derechos y la dignidad de las personas», informó ayer Radio Vaticana. Esta acusación acompañaba a alusiones a otros conflictos, como los de Congo y Darfur, y a una condena del uso de civiles como escudos humanos, pero tiene un peso especial porque supone otro reproche del Vaticano a Israel en un momento en que sus relaciones son tirantes.
De forma paralela, esta frialdad se impone también en los lazos puramente religiosos que unen, o separan, a la iglesia católica con el judaísmo. Tras una serie de desencuentros, la comunidad judía italiana ha suspendido por primera vez su participación en la tradicional jornada hebreo-cristiana del día 17. Elia Enrico Richetti, el rabino jefe de Venecia, ha explicado en un duro artículo que con Ratzinger el diálogo entre ambas confesiones «ha retrocedido cincuenta años». Es decir, a los tiempos anteriores al Concilio Vaticano II, el último de la cristiandad, convocado por Juan XXIII, que modernizó la iglesia.
Respecto a los judíos, significó un paso decisivo, pues se les dejó de tratar como el «pueblo deicida». Con Juan Pablo II siguió este diálogo, desde que fue el primer Papa en visitar una sinagoga, la de Roma en 1986, y rezó ante el Muro de las Lamentaciones en 2000.
Actitud de superioridad
Sin embargo, la comunidad judía ha visto, por ejemplo, cómo Benedicto XVI restauraba la misa en latín, que el Viernes Santo incluye una plegaria por la conversión de los judíos y, en general, le reprochan una actitud «de superioridad de la fe cristiana». Ya en su primer viaje a Alemania en 2005 causó estupor que en Auschwitz el Papa limitara la responsabilidad del holocausto a «un grupo de criminales». Luego ha seguido coleando la polémica por la beatificación de Pío XII.
Pero Israel confía en rehacer las relaciones con un viaje del pontífice a Tierra Santa fijado para mayo, aunque la rotura de la tregua lo ha dejado en el aire.
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